Crítica de ‘Burden’: Romper con el KKK por amor

Las críticas de Daniel Farriol:
Burden
 
Burden es un drama estadounidense basado en hechos reales escrito y dirigido por Andrew Heckler. Cuenta la historia de Mike Burden, un integrante del Klu Klux Klan propietario de una tienda-museo dedicada clan en Laurens, Carolina del Sur. Cuando Mike se enamora de una madre soltera, deberá decidir entre formar una familia junto a ella o continuar con sus viejos compañeros de fechorías en el KKK. La intervención de un reverendo de raza negra será clave para su transición ideológica. Está protagonizada por Garrett Hedlund (Los Estados Unidos contra Billie Holiday, TRON: Legacy), Forest Whitaker (La Llegada, El Mayordomo), Andrea Riseborough (Mandy, Nancy), Tom Wilkinson (Negación, Selma), Usher, Tess Harper, Anna Colwell y Crystal R. Fox. La película se ha estrenado en España directamente en la plataforma de Movistar+ el día 1 de Mayo de 2021.
 

El plena América profunda

Burden es un drama inspirado en hechos reales tan bienintencionado en el fondo como endeble en las formas. La acción transcurre en Laurens, población de Carolina del Sur, un estado históricamente conservador, con pasado confederado y presente trumpista.  Mike Burden es el estereotipo de la white trash de la América profunda. Es un joven de origen humilde y sin estudios que ha crecido como integrante del Ku Klux Klan, convirtiéndose en la única familia que conoce. El déspota Tom Griffin es el líder local del clan y lo considera como un hijo, juntos abren una tienda-museo para ensalzar los valores ideológicos del KKK. Como es lógico, la comunidad negra de la zona no recibirá la noticia con agrado y encabezados por el Reverendo Kennedy se manifestarán de forma pacífica para conseguir el cierre de la misma. Todo cambia para Mike cuándo conoce a Judy y se enamore. Creencias que consideraba hasta entonces como ideas inamovibles empiezan de desmoronarse en el interior de su cabeza. Se le presentará el dilema de poder formar una familia junto a la chica y su hijo o tener que renunciar al clan.
 
Aunque sepamos de antemano que la historia es verídica (los testimonios de los propios protagonistas aparecen en los créditos finales), en ningún momento consigue el director Andrew Heckler hacerla lo suficientemente creíble. El argumento transita por demasiados lugares comunes y con una previsibilidad alarmante que se enfoca desde el sentimentalismo de marcado tono televisivo. No hay espacio para la profundidad psicológica de los personajes ni para desarrollar el apasionante debate ético que encierra la historia. Tan solo lo encontraremos durante un discurso del Reverendo en el que se sugieren algunas de las claves para entender qué puede llevar a alguien a disfrazarse con una sábana blanca y prender fuego a cruces delante del domicilio de personas negras. La película hubiera sido mucho más interesante si hubiera tomado ese camino.  
 

Una temática compleja abordada de manera simplista

No me sorprende que Burden ganase el Premio del Público en Sundance 2018. Ahonda en el discurso buenista y edulcorado que tiene la mayoría del cine independiente norteamericano actual. Echo en falta más propuestas arriesgadas y con una narrativa que al menos se distinga de cualquier telefilme de sobremesa. No es el caso que nos ocupa. Burden es una película demasiado simplista para tratar un tema tan complejo. Encuentro que Andrew Heckler es incapaz de salirse su zona de confort en ese retrato redentor de un racista violento. Muy lejos queda American History X (Tony Kaye, 1998) que, si bien era una película bastante manipuladora en su mensaje, tenía una fuerza expresiva tan poderosa que te calaba por dentro.

Burden se deja ver con indiferencia y solo se sustenta gracias al trabajo de un reparto excepcional. El redneck protagonista está interpretado con solvencia por Garrett Hedlund, mientras que Forest Whitaker, Andrea Riseborough y Tom Wilkinson, tal y como nos tienen acostumbrados, están estupendos en sus respectivos roles. La vergonzosa tienda-museo del Ku Klux Klan pretende convertirse en la realidad actual en un teatro y en un centro para la diversidad. A través del Proyecto Echo se busca la colaboración de ciudadanos de todo el mundo para financiarlo. Si te interesa, puedes colaborar e informarte a través del hashtag #RehabHate. Probablemente sea eso lo más significativo que sacaremos de esta película tan desabrida e insustancial.


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Burden

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