Crítica de ‘Cowboy de asfalto (Concrete Cowboy)’: Aprender a cabalgar

Las críticas de Daniel Farriol:
Cowboy de asfalto (Concrete Cowboy)
 
Cowboy de asfalto (Concrete Cowboy) es un drama estadounidense dirigido por Ricky Staub, que también co-escribe el guion junto al productor Dan Walser. Se inspira en la novela “Ghetto Cowboy” de Greg Neri que, a su vez, recoge vivencias de personas reales que viven en el norte de Filadelfia. Cole es un adolescente problemático, cuya madre, tras un último altercado, decide llevarlo a vivir con su padre. Él vive en una comunidad de cowboys que cuidan de caballos en plena ciudad como si estuvieran en mitad del campo. Una vez allí, deberá escoger entre la vida delictiva con un viejo amigo del barrio o integrarse dentro de esa subcultura vaquera urbana. Está protagonizada por Idris Elba (Luther, Molly’s Game), Caleb McLaughlin (Stranger Things), Jharrel Jerome (Así nos ven), Lorraine Toussaint, Byron Bowers, Method Man, Swen Temmel y Jennifer Butler. La película no se ha estrenado en cines en España y se distribuye a través de Netflix desde el día 2 de Abril de 2021. 


Una comunidad real de vaqueros urbanos

Cowboy de asfalto es un sencillo y agradable melodrama familiar que toma como punto de partida la comunidad real de vaqueros afroamericanos que viven en el norte de Filadelfia. Conocida como Fletcher Street Stables, han improvisado cuadras para sus caballos en terrenos abandonados o locales que tienen alquilados en zonas poco transitadas de la ciudad. Para darle la veracidad necesaria al filme, algunos de los intérpretes que aparecen en pantalla no son verdaderos actores, si no gente real que pertenece a esa comunidad. El director Ricky Staub elude caer en el tono documentalista, por lo que desarrolla una historia ficcionada que se inspira en la novela “Ghetto Cowboy” de Greg Neri, haciendo uso de algunos tópicos que la hacen menos interesante de lo planteado en su premisa argumental.
 
En realidad estamos ante un coming of age donde un adolescente conflictivo deberá aprender a cabalgar, es decir, a vivir y madurar. Cole es un chaval de 15 años que vive en Detroit con su madre separada y que no deja de meterse en líos. La mujer, harta de no poder controlarlo, decide llevárselo a Filadelfia para que pase el verano con el padre del chico, con el que apenas tiene contacto. Allí deberá escoger entre la tentación por adentrarse en la delincuencia del barrio con un viejo amigo ahora traficante o acercarse más a su padre para intentar entender el extraño modo de vida que lleva junto a otros vaqueros urbanos.
 

Caballos salvajes, chicos rebeldes

La doma de los caballos sirve como metáfora para definir al propio protagonista. La rebeldía inherente a la juventud del chaval es equiparable a uno de los caballos salvajes que nunca deja que se le acerque nadie. Sin embargo, cuando ambos se encuentran se establecerá una conexión que los hará inseparables. Se reconocerán el uno en el otro. La comunidad de vaqueros es una salida que sirve para encauzar el camino de algunos jóvenes de barrios marginales cuya cotidianidad se dirime entre violencia, drogas y muertes. Cuidar de un animal tan noble como un caballo puede ser terapéutico. En la película The Mustang (Laure de Clermont-Tonnerre, 2019), se mostraba un programa de rehabilitación para presos violentos que consistía en cuidar animales, especialmente caballos. El joven Cole de Cowboy de asfalto bien podría ser la versión imberbe de aquel convicto que aprendía a controlar su ira a través de la empatía hacia su caballo. Otro aspecto trascendental para el aprendizaje del chico es el sentimiento de comunidad, el formar parte de algo junto a otras personas.
 
Cowboy de asfalto tiene un toque telefilmero cuando retrata la relación paterno-filial y funciona de forma rutinaria cuando muestra el lado oscuro del barrio. Son escenas que sirven para dotar de acción e intriga a la trama, pero ofrecen pocas sorpresas. Esa película nos la sabemos de memoria. Sin embargo, se vuelve mucho más interesante cuando se ocupa en descubrirnos el modo de vida de esos vaqueros urbanos. Ahí radica el verdadero encanto y donde había espacio para crecer. Como una versión simplificada de The Rider (Chloé Zhao, 2017) con el añadido temático de la búsqueda de la figura paterna que hacía Bull (Annie Silverstein, 2019), aunque en ésta última el adulto era un jinete de toros de rodeo en lugar de caballos.
 
Las mejores secuencias de Cowboy de asfalto son las que muestran a los cowboys alrededor de una hoguera en mitad de la calle, limpiando cuadras improvisadas o en plena doma de un caballo. Es el retrato de una tradición centenaria que lucha por no desaparecer bajo la amenaza de la especulación inmobiliaria y la falta de encaje en nuestra vida tecnológica. Estamos ante un filme amable e inofensivo. Sencillo y sin demasiadas pretensiones, pero con un tono bucólico que puede interesarte. Por último, habría que destacar el estupendo trabajo que hace el joven protagonista Caleb McLaughlin, así como el carisma habitual de Idris Elba, que también hace labores de productor junto a Lee Daniels (Los Estados Unidos contra Billie Holiday).    
 

¿Qué te ha parecido la película?

Cowboy de asfalto

6.2

Puntuación

6.2/10

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