Crítica de ‘El monstruo de St. Pauli’: La sordidez de Fatih Akin

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
El monstruo de St. Pauli

El monstruo de St. Pauli es el último trabajo del director turco-alemán Fatih Akin (Contra la pared, En la sombra) y adaptación al cine de la novela «Der Goldene Handschuh», de Heinz Strunk, sobre el caso real del asesino en serie Fritz Honka, conocido como «El destripador de San Pauli». La última película escándalo del Festival de Berlín está protagonizada por Jonas Dassler (La revolución silenciosa), irreconocible tras la caracterización de su personaje, junto a Margarete Tiesel, Katja Studt, Martina Eitner-Acheampong y Hark Bohm. La película no ha pasado por cines en España y se ha estrenado directamente en Filmin el día 5 de marzo de 2021 de la mano de Vértigo Films.

La película nos cuenta como Honka, superviviente del Holocausto cuando era niño, fue arrestado en 1975 por el asesinato de al menos cuatro mujeres, cuyos cadáveres descuartizó y escondió en su apartamento de Hamburgo durante meses. Un suceso atroz que Akin retrata en su absoluta crudeza, con enormes dosis de violencia explícita y fealdad. Una arriesgada apuesta conceptual, aderezada con un singular humor negro, que ha generado encendidos debates alrededor del film.

Una apuesta arriesgada

No se puede negar que la decisión de hacer una película sobre el asesino en serie Fritz Honka era una apuesta arriesgada para Akin, comenzando la película inmediatamente después de su primer asesinato en 1970, y desarrollando sus siguientes asesinatos hasta 1975. El director ha optado por no ser excesivamente explícito, pues no nos deja ver los detalles más espeluznantes en pantalla, pero eso no implica que pueda ser visto por cualquier espectador, y es que Akin se deleita con la mera sugerencia, sobre todo en las agresiones sexuales, pero no falta la sangre ni los sonidos desagradables para completar en nuestra mente lo que el cineasta no muestra.

Akin ha buscado ser provocador y conseguir un reclamo visual desagradable para cierto tipo de público que consume cine gore, aunque en esta ocasión con sello de autor. Lástima que fuerce y se recree tanto en la suciedad que rodea esta historia, pues El monstruo de St. Pauli podría haber sido uno de los mejores trabajos del director. A nivel visual, estéticamente es un prodigio de lo sordido, consiguiendo su objetivo gracias al gran trabajo de su director de fotografía Rainer Klausmann, y así nos mete mete de lleno en este mundo de personajes sordidos que viven en la mayor inmundicia.

La suciedad que rodea una existencia sordida

La película muestra con realismo a un amplio grupo de desafortunadas personas que viven en condiciones extremas y están poco respaldadas por la sociedad, y para recrearlas se ha contado con un acertado reparto con interpretaciones enérgicas y auténticas. La credibilidad de todos los «parroquianos» del bar que da nombre a la película en versión original es sorprendente, hombres y mujeres de rasgos marcados por las difíciles vidas que llevan, con lenguaje soez, y poco efectivo en sus carteras.

Pero claro, el personaje principal es Honka, y resulta llamativo que Honka (que tenía 35 años de edad en 1970) es interpretado por Jan Dassler, un actor de 22 años a quien vemos bajo una gran cantidad de maquillaje y prótesis, consiguiendo dar como resultado a un asesino muy convincente y realista. La difícil misión de dar vida a un personaje tan desagradable es cuanto menos un reto para cualquier actor, y Dassler crea un asesino que es a la vez amenazante y bizarro, pero con un toque irrisorio, alguien que no tiene una gran forma física y suda a borbotones mientras arrastra las partes del cuerpo de sus víctimas a su habitación del ático tapando el olor con ambientadores de coche, unas escenas que sorprenden pues son tan «irreales» como desagradables dentro del realismo que muestran. No llegamos a conocer al hombre ni se nos habla de cómo ha llegado a ser como es. Tampoco se nos cuenta nada de su salud mental, pero gracias a la retorcida interpretación de Dassler sabemos que esta persona no está muy bien, y lo ha tenido que pasar excesivamente mal.

Honka es una persona que se siente avergonzada y es muy tímida cuando está sobrio, pero cambia de la noche a la mañana cuando bebe, consiguiendo el coraje que le falta para dar rienda suelta a sus más oscuros deseos marcados por la ira. Y esos deseos provienen de las mujeres que no hacen lo que él quiere, quienes acaban siendo torturadas y/o abusadas sexualmente, en escenas que nos ponen la piel de gallina mientras gritamos a la pantalla para que salgan de esa casa. Duros golpes son los que reciben, como duras son las escenas que Akin nos muestra en la suciedad del apartamento del protagonista.

El monstruo de St. Pauli es dramática a la vez que explícita, es una propuesta arriesgada salpicada en sangre que logra que no cerremos los ojos aunque lo deseemos en muchas ocasiones. Es una película distinta, no apta para todos los estómagos, que será rechazada por quienes no sepan lo que se van a encontrar, pero la vida en ocasiones es tan sucia y sordida como nos la refleja Akin, y solo puede ser mostrada de esta forma.


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El monstruo de St. Pauli

7

Puntuación

7.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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