Crítica de ‘El verano de Cody’: Cruce de caminos

Las críticas de Daniel Farriol:
El verano de Cody (Driveways)

El verano de Cody (Driveways) es una drama estadounidense de corte independiente dirigido por Andrew Ahn (Spa Night, This Close), con guion escrito por los actores Hannah Bos y Paul Thureen. El pequeño Cody, a punto de cumplir los 9 años, viaja con su madre a la casa de su tía recientemente fallecida para vaciarla y ponerla en venta. Allí entablará amistad con un viejo veterano de guerra que vive en la casa de al lado. Está protagonizada por Lucas Jaye, Hong Chau (American Woman, Una vida a lo grande), Brian Dennehy (Knight of Cups, Los próximos tres días), Laurent Rejto, Stan Carp, Jerry Adler, Bill Buell, Jennifer Delora y James DiGiacomo. La película ha podido verse online en España a través de Filmin dentro de la programación del Americana Film Fest (Festival de Cine Independiente Norteamericano de Barcelona) el día 2 de Marzo de 2021.

Conociendo el vecindario

Hay películas que no necesitan de alardes técnicos ni de la demostración en cada uno de sus fotogramas de su enorme trascendencia cinematográfica, para conseguir la complicidad y empatía del espectador. El verano de Cody es una de esas películas modestas que se limitan a contar una sencilla historia sobre la vida de unos personajes ordinarios sin querer plantear grandes conflictos dramáticos que los hagan funcionar. Esa es su principal virtud y, también, el mayor elogio que se le puede hacer.

El verano de Cody nos presenta a una madre separada (estupenda Hong Chau) que con su hijo de 8 años  (sorprendente Lucas Jaye), llegan a una casa apartada de la ciudad. Allí vivía la hermana de la mujer y tía del niño con la que habían perdido el contacto hace muchos años tras una discusión familiar. Para su sorpresa, la casa está repleta de trastos inútiles de los que deberán desprenderse antes de poder ponerla a la venta. Mientras la madre limpia y redescubre a una hermana que la siente como a una extraña, el niño irá conociendo a los distintos ocupantes del vecindario. Aunque hay otros niños que viven en casas contiguas, se sentirá más cómodo con un viejo veterano de guerra (fantástico Brian Dennehy) que recientemente ha enviudado y vive solo.

El estilo humanista de Andrew Ahn

A partir de esa premisa no demasiado original que ya hemos visto en muchas ocasiones, el director estadounidense de ascendencia coreana Andrew Ahn, traza un sensible retrato de personajes que avanza a través de los detalles cotidianos, de las miradas y de los silencios. El cine de Ahn desprende una clara influencia de ese nuevo cine indie norteamericano que llena las pantallas de Sundance, pero también se adivina un estilo narrativo visual cercano a sus orígenes asiáticos. Así pues, entre sus directores de referencia hallaremos el imaginario de Kelly Reihardt o Terrence Malick, sin olvidar un acercamiento al tono humanista de Edward Yang o Yasujirō Ozu.

El verano de Cody es el cruce de caminos de unos personajes en una etapa crucial de sus vidas. El joven protagonista está a punto de cumplir los 9 años. Tiene toda la vida por delante, pero no parece feliz ni tampoco haber superado la separación de sus padres. Prefiere la soledad y jugar con una tableta que relacionarse con los otros chicos de su edad. Por contra, su vecino es un veterano de guerra que está en el ocaso de su vida. Tras la muerte de su esposa, pasa el tiempo sentado en el porche o jugando al bingo en el local social para veteranos. Uno de sus amigos empieza a mostrar los primeros síntomas de Alzheimer, mientras que a él solo le quedan sus recuerdos. El niño y el viejo entablarán una amistad sincera que servirá para tapar sus agujeros anímicos. 

Una amistad que simboliza el paso del tiempo

Poco más sucederá en El verano de Cody. La película es un suspiro, el esbozo de un retazo de vida. Son apenas 73 minutos, pero suficientes para emocionarnos. Las evocadoras y preciosistas imágenes del fotógrafo Ki Jin Kim (Wild Prairie Rose, Aurora notte), junto a la melancólica música de Jay Wadley (Estoy pensando en dejarlo, Indignación), conforman un perfecto envoltorio para esta sensible historia de amistad y aprendizaje. 

El verano de Cody es una pequeña y sutil obra sobre el paso del tiempo. Sobre lo efímero de la vida. Sobre la necesidad de disfrutar de los pequeños momentos de felicidad que nos tiene reservados y que, a veces, desperdiciamos. La película es tierna, bonita y emotiva. Está salpicada con algunas gotas de humor, pero funciona mejor cuando se enfoca en el drama intimista. Habrá gente que pueda encontrarla insuficiente por tratarse de una propuesta minimalista en la que apenas suceden hechos relevantes. Pasa la vida, ¿no es suficiente? La capacidad de Andrew Ahn para extraer belleza de la cotidianidad es ejemplar. Y la presencia a modo póstumo del gran Brian Dennehy en uno de sus mejores papeles debería ser suficiente para darle una oportunidad.


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El verano de Cody

7

Puntuación

7.0/10

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