Crítica de ‘No soy tu enemigo’: Hablando se entiende la gente

Las críticas de Daniel Farriol:
No soy tu enemigo
 
No soy tu enemigo es un drama social estadounidense escrito y dirigido por el debutante Robin Bissell. El guion está basado en el libro «The Best of Enemies: Race and Redemption in the New South» de Osha Gray Davidson que, a su vez, se inspira en hechos reales. Ambientada en los años 60, cuenta la confrontación y posterior amistad entre un líder local del Ku Klux Klan y una activista que defiende los derechos de la comunidad negra a la que pertenece. Está protagonizada por Taraji P. Henson (En qué piensan los hombres, Figuras ocultas), Sam Rockwell (Richard Jewell, Tres anuncios en las afueras), Anne Heche, Wes Bentley, John Gallagher Jr., Bruce McGill, Jessica Miesel y Rhoda Griffis. La película no llegó a estrenarse en España en salas comerciales. Ahora forma parte del catálogo de Netflix desde el día 5 de Febrero de 2021.
 

La amistad entre dos seres antagónicos

No soy tu enemigo es una película bonita y bienintencionada, aunque también algo ingenua y telefilmera. La historia que relata es tan increíble que nadie la creería si no fuera porque pasó de verdad. La acción nos sitúa en 1971 en la ciudad de Durham, en Carolina del Norte, en una época que aún arrastraba en su cotidianidad todo el vergonzoso pasado como estado confederado y esclavista, segregando escolarmente a los alumnos negros de los blancos. Misma época y tema, pero situado en Reino Unido, es el que trata el cineasta Steve McQueen en la última entrega de su recomendable antología sobre la comunidad negra de Londres Small Axe: Educación.
 
No soy tu enemigo se centra en la relación de confrontación y posterior amistad que surge entre Ann Atwater y Clairborne Paul Ellis. Ella era una activista comunitaria pro derechos civiles de los negros. Él un líder local del Ku Klux Klan con el alto rango de Cíclope Exaltado. Una amistad entre seres antagónicos que a priori resultaría imposible. El milagro fue obrado a través de la palabra, el conocimiento y la discusión ideológica escenificada a través de una charrette, una especie de reunión colaborativa entre dos partes enfrentadas (en este caso, blancos y negros) para debatir y decidir sobre un tema que afecta a todos. Todo empezó con el incendio en una escuela de alumnos negros que impedía su correcta escolarización al quedar el edificio seriamente dañado. Se propuso garantizar la desegregación escolar existente para que los estudiantes pudieran ir a un mismo colegio sin distinción de raza. Los negros estaban a favor y los blancos mayoritariamente en contra.

Cambiar de pensamiento

Sin duda, la historia que narra No soy tu enemigo es fascinante. Es una pena que el guionista y director debutante Robin Bissell, no encuentre el tono adecuado para explicarla. La exposición de los hechos es demasiado ligera y edulcorada. Utiliza la comedia como elemento desdramatizador y se queda en la epidermis de sus personajes. Y eso que emplea nada menos que 133 minutos para contárnosla. La sensación telefilmera y buenrollista no ayuda en nada para hacer creíbles unos hechos que sucedieron de verdad. Es emocionante poder ver el rostro, aunque sea durante los créditos finales, a los artífices de semejante hazaña (crear un vínculo desde la diferencia de pensamiento). Algo que incluso hoy en día parece inalcanzable, solo hay que pasarse por twitter un ratito.

Si la película funciona como entretenimiento concienciador y conciliador, en parte, es por el carisma que desprenden los dos protagonistas, Taraji P. Henson y Sam Rockwell. Existe una buena química en esa extraña pareja. No soy tu enemigo es una de esas películas etiquetadas como necesarias, por poner sobre la mesa la obligación de entender al otro. Por muy grandes que sean nuestras diferencias ideológicas, políticas o de pensamiento, si se quiere llegar a algún tipo de entendimiento en nuestra convivencia es importante ponerse en la piel de ese otro.

Es lo que le sucedió al líder del Ku Klux Klan que, tras tener una infancia difícil y mísera, se añadió la dificultad de cuidar de un niño sordomudo (en la película con Síndrome de Down), por lo que enfocó hacia los negros su necesidad de culpabilizar a alguien de sus desgracias. A través de la lucha en favor de los derechos civiles comprendió que blancos y negros tenían problemas comunes y que su ira debía dirigirse hacia otras instancias que le privaban de esos derechos. No soy tu enemigo es una película sencilla y agradable que merece ser vista más por lo que relata que por la manera que tiene de hacerlo, pero hay que agradecerle que saque a la luz una historia tan reveladora.


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No soy tu enemigo

6.2

Puntuación

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