Crítica de ‘El chico’: Una película con una sonrisa… y quizá una lágrima

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El chico
 

Como resulta que el 6 de febrero de 1921 se estrenó El Chico, probablemente el mayor éxito comercial de toda la carrera cinematográfica de Charles Chaplin, una versión convenientemente restaurada en 4K se estrena hoy en 89 salas de cine de nuestro país aprovechando la efeméride de su centenario que se cumple mañana mismo. En estos tiempos oscuros, en los que algunos agoreros cacarean continuamente sobre el fin de la exhibición cinematográfica tal y como la conocemos, me parece una excelente noticia que sigan existiendo distribuidoras y exhibidores con el coraje suficiente para poner películas como esta al acceso de las generaciones que no han tenido ocasión de verla en pantalla grande (o sea, todas). 

Ojalá este reestreno fuera un glorioso éxito de taquilla, por Chaplin, por el cine y por los cines. Como no soy idiota (o al menos no rematadamente) sé que no va a ser así, las circunstancias sanitarias que vivimos no lo van a permitir, pero me conformaría con que varios centenares (o miles ¿por qué no soñar?) de niños/jóvenes descubrieran el cine de este genio cuyas películas deberían ser materia de estudio en los colegios como lo son los cuadros de Rembrandt, las obras de Shakespeare o las esculturas de Miguel Ángel. Eso suponiendo que en los colegios sigan estudiando a Rembrandt, a Shakespeare y a Miguel Ángel y no los hayan postergado por dos horas semanales más de robótica, tecnologías de la información y la comunicación o cualquier cosa de esas, supuestamente pragmáticas, que estudian los niños hoy en día.

En El chico se reúnen, quizá como en ningún otro de sus largometrajes, todas las claves del ideario temático y estilístico del cine de Chaplin. Un film, como apunta David Robinson en la introducción de la magnífica edición en DVD de mk2 de hace ya algunos años, en el que Chaplin llevó al extremo su perfeccionismo llegando a filmar en una proporción de tomas de 53 a 1 y prolongando el rodaje durante más de un año para los 60 minutos de duración del primer montaje. Posteriormente, en 1971, el propio Chaplin realizaría una nueva versión de la película eliminando tres secuencias y reduciendo su metraje a 53 minutos. Pero lo más importante de esta nueva versión del cincuentenario fue, sin duda alguna, la incorporación de una nueva banda sonora compuesta y dirigida por él mismo.

El chico comienza con una auténtica declaración de intenciones: “Una película con una sonrisa… y quizá una lágrima”. A lo largo de su metraje conviven continuamente la comicidad propia del personaje Charlot con la emoción de un argumento digno de un melodrama: una madre soltera abandona a su bebé recién nacido junto a la casa de una familia rica con la esperanza de procurarle un futuro mejor pero, por una serie de avatares, el niño termina en brazos de un vagabundo que se ve forzado a adoptarlo y criarlo como si fuera su hijo. Cinco años después, padre e hijo, viviendo casi en la indigencia, forman una curiosa sociedad en la que el niño se dedica a romper cristales a pedradas mientras su padre ejerce de cristalero ocasional reparando los destrozos que previamente ha perpetrado el niño.

En esta convivencia entre comedia y drama a través de la magistral dosificación de gags visuales y planos desgarradores radica quizá la grandeza de esta película inmortal que, en esencia, esconde un film de crudo realismo social poniendo el dedo en la llaga sobre los derechos de la infancia (no olvidemos que estamos en 1921) y los vínculos paterno-filiales. La aparente sencillez de su trama esconde una profundidad con pocos precedentes en el cine de la época y con una enorme relevancia en muchas películas posteriores. Sería digno de una tesis (suponiendo que no esté ya realizada), realizar el ejercicio de buscar la impronta de El chico en todas las películas que se han acercado a la infancia con una mirada social, desde Ladrón de Bicicletas de Vittorio de Sica hasta La vida es bella de Roberto Benigni pasando por Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979), Pelle el conquistador (Bille August, 1987) o El verano de Kikujiro (Takeshi Kitano, 1999).

Puede que en ninguna otra película de su filmografía, Chaplin compartiera protagonismo con ningún otro intérprete en la medida en la que lo hizo en El chico con el adorable Jackie Coogan, el joven niño que se convertiría en una auténtica estrella infantil del cine y, pocos años después, en el primer juguete roto por la fama y la riqueza prematura mal gestionada por su familia. De hecho, su caso dio lugar a la primera ley de protección a la infancia dentro del mundo del cine, la Ley Coogan. Desconozco por qué dicha ley no funcionó, años más tarde, con casos como los de Drew Barrymore o Macaulay Culkin.

Lo cierto es que la interpretación de Jackie Coogan, a imagen y semejanza de su padre adoptivo en la ficción y director en la película, es absolutamente cautivadora. Su capacidad de mimetizar de un modo natural la compostura, gestualidad y movimientos de Chaplin y, al mismo tiempo, desprender la inocencia, el candor y la fragilidad propias de la infancia es sencillamente irresistible.

El papel de la madre recae sobre Edna Purviance, una actriz casi constante en el elenco de casi todos los cortometrajes de Chaplin y que, un par de años más tarde, protagonizaría su siguiente largometraje Una mujer de París (1923). Carl Miller, Tom Wilson, Harry Bergman (otros habituales de Chaplin) completarían el reparto junto a Lita Grey que, poco después, se convertiría en la segunda esposa del cineasta.

Con El chico, como se ha dicho, su primer gran éxito (y, a nivel comercial, probablemente el mayor de su filmografía), Chaplin salió del bache creativo en el que, fruto de sus problemas personales, se hallaba estancado y dio un impulso a su carrera que resultaría definitivo convirtiéndole en uno de los artistas más famosos del mundo. A partir de aquí, aunque seguiría filmando cortometrajes, Chaplin se centró fundamentalmente en la escritura, producción, dirección e interpretación de largometrajes al cambiar  el concepto de la distribución de películas supuestamente cómicas que, hasta entonces, no sobrepasaban las dos bobinas.

Para terminar como empecé, el reestreno de El chico de Charles Chaplin en las salas de cine es una excelente noticia que, lamentablemente, llega en una mala época. Ojalá muchos padres venzan el temor a acudir a las salas de cine donde, es de justicia recalcarlo, no se ha producido ningún brote de contagios, y lleven a sus hijos de todas las edades a verlas. Puede que cuando todo esto pase, que pasará, el ruido y la furia de todas las películas de súper-héroes, franquicias y blockbusters en general que están haciendo cola para ser estrenadas no dejen ningún huequecito en la cartelera para que joyas del cine como esta sean exhibidas como merecen.


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El chico

9.5

Puntuación

9.5/10

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