Crítica de ‘Black Beach’: Farragoso guion para una producción de altos vuelos

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Black Beach
 

Hay muchos ambiciosos propósitos en Black Beach, segundo largometraje de Esteban Crespo tras su debut con Amar (2017) y su exitosa carrera como cortometrajista (nominación al Óscar incluida). Y muchos de esos propósitos tienen que ver con la denuncia: en primer lugar la de las sanguinarias dictaduras africanas que viven en la más lujosa ostentación y, en los ratos  libres, se dedican a exterminar a una etnia opuesta al régimen provocando auténticos genocidios mientras la mayoría de la población subsiste en la miseria absoluta.

Segunda denuncia: la de la cínica actitud de determinados organismos internacionales que miran para otro lado o incluso ocultan información para realizar un conveniente lavado de cara a dictaduras como la descrita en el párrafo anterior y que así no esté mal visto hacer negocios (¡oh, bendito petróleo!) con ellas.

Y si en la primera denuncia, Esteban Crespo y su coguionista David Moreno evitan durante todo el film dar un nombre concreto al país (aunque las similitudes con Guinea son demasiado explícitas) para extender su retrato a una situación común a muchos países africanos, en la segunda de sus acusaciones no se cortan un pelo en señalar directamente a la mismísima ONU como un organismo indecente capaz de pasar por alto información sensible sobre el dictador en cuestión y permitirle aparecerse en la mismísima sede de las Naciones Unidas para proclamar un discurso falsario sobre la impostada democracia de su país.

Y como en toda película de denuncia que se precie, la trama necesita un héroe que aquí se nos aparece en la piel de Raúl Arévalo, un ex voluntario mochilero de ONG reconvertido en ambicioso alto ejecutivo de una oscura empresa dedicada a hacer no menos oscuros negocios.

Black Beach se inicia con un primer tramo de guion demasiado farragoso y deliberadamente confuso a pesar de seguir el esquema típico de las películas de James Bond: nuestro héroe, que se dedica a hacer fregados de dudosa ralea durante el día, asiste a lujosas cenas por la noche en las que se codea con ricos empresarios e importantes dignatarios de las Naciones Unidas (entre ellos su mismísima madre). En una de estas fiestas se le asigna una misión en el país en cuestión: hacer de intermediario en el secuestro de un ingeniero americano que trabaja para una empresa petrolera interesada en explotar el petróleo de aquel país.

Pero como estamos en la sociedad de las apariencias, a la petrolera le conviene que el país sea visto por la comunidad internacional como una democracia y no como la dictadura que es. Y como no puede haber misión sin recompensa, si nuestro héroe consigue llevarla a cabo con éxito, conseguirá el tan añorado ascenso con traslado incluido a Nueva York donde, precisamente, también le han ofrecido un trabajo a su embarazada esposa (Melina Matthews).

Una vez en África le asaltarán los fantasmas del pasado en forma de una amiga buscavidas (Candela Peña), una ex novia con la que no se portó muy bien y un amigo que, al parecer, anda de alguna forma metido en el turbio asunto que le ha llevado a África: el secuestro del ingeniero.

La película, una coproducción entre España, Bélgica y Estados Unidos está filmada al más puro estilo hollywoodiense con persecuciones, explosiones y algunos giros de guion poco verosímiles. El caso es que Black Beach resulta suficientemente entretenida, convenientemente comprometida y con un acabado impecable en todos los aspectos técnicos y artísticos, sin embargo, no acaba de explotar como la película potente que podría haber sido. Creo que la causa radica en la complejidad de un guion que da demasiadas cosas por sabidas; en algunos momentos se hace difícil de seguir y en otros se mete en meandros narrativos dramáticos que no acaban de encajar bien en el conjunto. Raúl Arévalo resulta convincente como este héroe sumido en sus contradicciones personales y vitales y Candela Peña (de quien hace unos días escribí encendidos elogios por su trabajo en La vida de Rosa) hace de Candela Peña pero su personaje funciona. El reparto, muy aséptico, se completa con Paulina García, Babou Cham, Emilio Buale, Jimmy Castro y la citada Melina Matthews

Black Beach ha obtenido seis nominaciones, todas ellas en apartados técnicos, a los Premios Goya que se entregarán el próximo mes de marzo. 


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