Crítica de ‘La boda de Rosa’: Quererse, amarse y respetarse (a uno mismo) todos los días de una vida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La boda de Rosa
 

Tuve la ocasión de presenciar muy de cerca el debut como directora de Icíar Bollain con Hola, ¿estás sola? cuando la presentó en la Seminci de Valladolid hace la friolera de 25 años. Se trataba de una comedia dramática, juvenil y desenfadada, sobre dos veinteañeras que daban el salto a la vida adulta con esa vertiginosa sensación del folio en blanco y todo el futuro por delante. La película, que fue muy bien acogida, recibió el Premio del Público e Icíar Bollaín fue galardonada con el de mejor dirección novel. Estaba protagonizada por unas jovencísimas Silke (a quien tengo perdida la pista desde hace mucho) y Candela Peña, una actriz que tras varias colaboraciones con la directora, regresa un cuarto de siglo después en La boda de Rosa para dar vida a una mujer en su cuarentena que ya no tiene el folio en blanco pero que, a pesar de todos los condicionantes de su vida, descubre que quiere seguir teniendo todo el futuro por delante.

Tras sus dos últimos largometrajes (El olivo y Yuli) basados en guiones de Paul Laverty, Icíar Bollaín regresa también a la escritura, esta vez en colaboración con Alicia Luna, para crear esta historia tan sustancial como entrañablemente divertida sobre una de esas mujeres a las que su entorno (trabajo, familia, amigos) les tiene absolutamente absorbida la vida.

Rosa, a la que Candela Peña dota de una humanidad desbordante, ve como a sus 45 años, su existencia transcurre día a día entre cumplir con las exigencias de su trabajo como modista para una productora cinematográfica y satisfacer las demandas familiares que básicamente consisten en atender a los hijos de su hermano recién separado (Sergi López), las necesidades afectivas de su padre recién enviudado (Ramón Barea) o estar pendiente de su inestable hermana (Nathalie Poza) y especialmente de su hija (Paula Usero) que ha emigrado a Manchester donde vive (es un decir) con su pareja y dos bebes gemelos que la tienen claramente sobrepasada.

Y si he hecho referencia al guion es porque en él radica buena parte de los motivos por los que la película funciona tan bien como lo hace. En sus primeros veinte minutos despliega una concisa e inteligente  presentación de los personajes y una afinada exposición de cómo es la vida de Rosa. Y cuando un guion, especialmente si se trata de una comedia, empieza bien, tiene gran parte del camino andado. A partir de aquí las vidas de todos los demás personajes giran, acaso por primera vez, alrededor de la de una Rosa que ha decidido pulsar la tecla de “pausa” a su existencia y tomar una insólita decisión.

Icíar Bollaín maneja a la perfección los resortes de la comedia (comedia dramática si se quiere) y dispone los acontecimientos con una precisión milimétrica de forma que todo transcurra con una naturalidad pasmosa si tenemos en cuenta que la idea, contada fuera de contexto, puede sonar disparatada a casi todo el mundo. Su realización, firme y sutil al mismo tiempo, huye en todo momento de lo grotesco y coquetea inteligentemente con lo absurdo para conseguir extraer comicidad sin subrayados ni énfasis. Y es que el discurso (humanista, existencialista) de la película fluye a través de los personajes, de lo que les ocurre, de cómo sienten y reaccionan y no, como ocurre en tantos films, mediante carriles discursivos que obligan al espectador a circular por ellos sin vías posibles de pensar por uno mismo.

A pesar del incuestionable protagonismo de Candela Peña que, como he apuntado, está estupenda, la película se engrandece gracias a un excelente reparto en el que Ramón Barea pone la humanidad y Sergi López y Nathalie Poza manejan a la perfección el tono, el ritmo y la gestualidad consiguiendo resultar divertidos sin caer nunca (y esto es muy inusual en las comedias españolas recientes) en la exageración.  

La boda de Rosa se constituye como una comedia existencialista de tono amable y apariencia liviana pero llena de segundas lecturas e invitaciones a la reflexión. En estos 25 años transcurridos desde aquella iniciática Hola, ¿estás sola?, Icíar Bollaín se ha convertido en una de las directoras más importantes de nuestro país y Candela Peña en una actriz sólida y todoterreno a quien su madurez interpretativa puede abrir más puertas a papeles diversos de lo que suele ocurrir con otras actrices. 


¿Qué te ha parecido la película?

7.5

Puntuación

7.5/10

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