Crítica de ‘Adú’: El desvanecimiento del sueño europeo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Adú
 

La segunda película de Salvador Calvo tras 1898. Los últimos de Filipinas es en realidad un largometraje compuesto por tres mediometrajes que, en lugar de ser contados uno detrás de otro, van alternando su narración para tratar de encontrarse, con menos acierto narrativo del deseable, en su tramo final. Una de las historias, la única que realmente me llega a interesar (y a conmover) es la que da título a la obra en conjunto, la historia de Adú, un pequeño niño camerunés que vive una auténtica epopeya desde su país natal tratando de llegar a Europa (a España) a través de la frontera con Marruecos en Melilla.

La segunda de las historias (el orden es arbitrario, ya he dicho que son mostradas mediante montaje en paralelo) es una arquetípica historia de encuentro/desencuentro del clásico hombre de carácter difícil enfrentado al mundo (Luis Tosar) que en plena crisis vital y profesional (ejerce como activista para una ONG naturalista protegiendo elefantes en Camerún) recibe a su difícil hija (Anna Castillo), con la que nunca ha estado muy unido, para que pase un tiempo con él en África y tratar de operar en ella ciertos cambios que la aparten de las drogas y la vida disoluta.

El tercer relato podría ser un primer (y vago) borrador del primer episodio de la serie Antidisturbios. Tres guardias civiles destacados en la verja de Melilla son involuntarios causantes de un accidente en el cual muere un inmigrante congoleño. Uno de ellos, interpretado por Álvaro Cervantes, es el único que tomará auténtica conciencia de la desgracia que han ocasionado y se debate entre la lealtad a sus compañeros y la necesidad de contar las cosas tal y como ocurrieron.

Se ven a distancia las buenas intenciones del guionista Alejandro Hernández y del propio Salvador Calvo  en la dirección, Adú se presenta como una radiografía de la terrible situación que vive gran parte del continente africano, tratando de explicar el drama migratorio desde su origen y no solo desde la (tantas veces trágica) llegada con la que a menudo abren los informativos. Es por esto que la historia central de la película es la de Adú, ese niño de enormes y expresivos ojos interpretado por el pequeño Moustapha Oumarou capaz de cautivar al espectador más indómito. No falta de nada en el guion de Hernández, desde las violaciones a mujeres o los menores obligados a prostituirse pasando por las mafias que trafican con personas engañando a la gente por grandes cantidades de dinero, las dificultades para viajar como polizones de un avión, en un convoy por la selva o cruzando el estrecho a nado. Todo es terrible pero, al mismo tiempo, suavizado por una realización un tanto aséptica.

En este intento de no convertir la película en un documental es el único contexto donde soy capaz de comprender la pertinencia de las otras dos historias que, como dije al inicio de este escrito, no acaban de funcionar. La historia del padre y la hija, de hecho, termina por resultar entretenida (a pesar de su previsibilidad) gracias al buen hacer de Luis Tosar y Anna Castillo. Respecto al otro relato, la historia de los guardias civiles, lo más destacable me parece, sin duda alguna, la estremecedora secuencia inicial con una multitud de subsaharianos tratando de saltar la verja. Son estos minutos los más emparentados con el documental y donde Calvo logra sus mejores y menos obvios planos.

A pesar de ciertos subrayados para encandilar al gran público, lo más agradecible de Adú es que, admitida su naturaleza de película bienintencionada, consigue sacudir conciencias sin sermonear ni aleccionar. Su mensaje llega a través de la odisea del pequeño Adú y de todos los demás personajes que se va cruzando por el camino hasta un meritorio final en el que Calvo vence la tentación de ponerse lacrimógeno.

En conjunto es una película correcta con un brillante eje narrativo central un poco deslucido por las otras dos historias más rutinarias. Adú es una de las pocas películas españolas que logró estrenarse en enero del 2020 antes de que la declaración del Estado de Alarma obligase a cerrar las salas de cine durante varios meses. En un año en el que se han estrenado menos películas en general y españolas en particular, se ha convertido en una de las películas del año en virtud de sus trece nominaciones a los Premios Goya. Esta circunstancia ha hecho que haya sido reestrenada y actualmente pueda verse en un buen puñado de salas en toda España. 


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6

Puntuación

6.0/10

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