Crítica de ‘Nieva en Benidorm’: De amores tardíos y misterios sin resolver

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Nieva en Benidorm
 

Nieva en Benidorm es el decimocuarto largometraje de ficción de Isabel Coixet, pero reducir su filmografía a estas catorce películas sería una insensatez, su prolífica carrera incluye videoclips, anuncios publicitarios, cortometrajes, participación en films colectivos, documentales y, desde el año pasado, una serie de televisión. En todos sus trabajos, unos más personales y otros más “de encargo” se puede advertir un sello muy personal, más marcado, claro está en los primeros que en los segundos.

Entre aquellos primeros de corte más personal se encuentra este, su más reciente film, filmado en enero y febrero de este siniestro 2020 y que debe su improbable título a cierto hechizo que sufrió su guionista y directora cuando se encontraba en la célebre ciudad turística preparándose para rodar un documental que finalmente no se realizó. Decidida a filmar allí escribió un guion lleno de gente solitaria en busca de una felicidad tan incierta como la meteorología, una ciencia que supone, además, la gran afición del personaje protagonista.

El arranque del film es sublime, los primeros quince minutos del film son un perfecto ejercicio de presentación y descripción de un personaje, el Peter Riordan de Timothy Spall se manifiesta, a través de sus acciones y con un oportuno uso de la voz en off, como un tipo solitario y metódico, una buena persona al que su trabajo como empleado de banca pone en la difícil tesitura de elegir entre cumplir con su obligación o demostrar su humanidad con una familia que no puede pagar su hipoteca. Víctima de un jefe estúpido, una jubilación anticipada forzosa le pone en disposición de ir a visitar a su hermano que vive en Benidorm. Hasta aquí todo perfecto.

El problema es que, desde la llegada a Benidorm, el film comienza a caer en lo anecdótico y el relato a discurrir por meandros narrativos que, en ocasiones, hacen a uno dudar de si le van a conducir a algún sitio. Desde la misma llegada del protagonista, Coixet se recrea en la estética kitsch de Benidorm con su turismo de evasión desenfrenada para guiris, despedidas de soltera, gente disfrazada, karaokes callejeros, bailarinas de pole dance y ríos de alcohol en los que, el introspectivo personaje de Timothy Spall no encaja demasiado bien.

El guion a partir de aquí transcurre entre una situación de suspense que desencadena el cruce con los demás personajes y una historia de amor tardío entre nuestro protagonista y una mujer de mediana edad, Alex (Sarita Choudhury), socia de su hermano con quien regenta un club nocturno de espectáculos burlesque en el que, en noches señaladas, participa con un número de acrobacias vaginales (no se asusten, yo tampoco sabía lo que eran).

Por el medio circulan una variopinta galería de personajes mucho más desdibujados en el guion, como una policía (Carmen Machi) obsesionada con la figura de la poetisa Sylvia Plath, una señora de la limpieza pluriempleada (Ana Torrent) que habla con sus silencios, un conserje misterioso (Édgar Vittorino) que no acaba de quedar claro que papel juega en toda la trama y un carnicero con oscuros negocios (Pedro Casablanc) cuya única secuencia aporta aún más confusión.

Es cierto que la historia de amor tiene un hermoso fondo de melancolía alentado por el calor de las segundas oportunidades, por el vértigo que produce el amor a determinadas edades que, en las secuencias entre la pareja protagonista, se puede respirar con autenticidad. Pero, en conjunto, Nieva en Benidorm es una película irregular con mejores intenciones que resultados a la que no ayuda un exceso de subtramas cuyo problema no es tanto que queden abiertas como que alarguen el metraje sin servir de apoyo al relato (más bien al contrario). Es posible que el personaje de Ana Torrent podría ser un perfecto protagonista cuya historia merezca ser contada en otra película pero, en el conjunto de Nieva en Benidorm, queda absolutamente desvaído e inconcluso. Y algo parecido podría decirse de los personajes de Machi o Casablanc.

Timothy Spall está magnífico y derrocha humanidad en toda la película, especialmente en el referido inicio del film. Sarita Choudhury, una fantástica actriz a los que algunos espectadores pueden reconocer por su participación en la serie Homeland, alterna momentos fascinantes como su hipnótica actuación en el cabaret con otros donde ofrece una interpretación dubitativa y falta de intensidad.


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