Crítica de ‘Para Sama’: Documental en la más pura acepción de la palabra

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Para Sama
 

Bajo la etiqueta “documental” caben cada vez más tipos diferentes de cine, desde los falsos documentales con ficciones disfrazadas de realidad hasta los que parten de la realidad para construir una historia de ficción que ejerza de testimonio. En ese amplio abanico caben las biografías (hagiografías en su mayor parte) de personajes célebres (no piensen en un científico o un literato, un futbolista nos sirve perfectamente), los ejercicios contemplativos de la naturaleza en todas sus manifestaciones posibles, las denuncias políticas (a menudo con demasiado sesgo ideológico de uno u otro colorín) o la reconstrucción de un acontecimiento histórico al que se quiera dar difusión. A mí los documentales me gustan tanto más cuanto menos guion tienen, es decir, cuanto más pegados están a la realidad que me quieren contar y menos reconstrucción o artificio veo en su propuesta.

Por eso resulta gratificante encontrarse con un documental tan puro como Para Sama. Y no digo que no tenga intencionalidad, claro que la tiene, pero la intención está declarada en el propio título, se trata de un documental que una madre (la siria Waad al-Kateab, periodista de profesión) realiza para su hija Sama desde el momento en que sabe que está embarazada para que tenga un testimonio de lo que estaba ocurriendo en su país, Siria, cuando nació, cómo fueron sus primeros meses de vida y en qué consistía la existencia diaria de sus padres.

“Nunca pensamos que el mundo permitiría que pasara algo así, por eso grabo”. Esa es la declaración de intenciones que Waad al-Kateab nos lanza para nuestra propia vergüenza por haber mirado para otro lado mientras el régimen asesino de Bashar al-Ásad ayudado por sus aliados rusos bombardeaban indiscriminadamente a la población civil.

Y puede que haya cierta reconstrucción de algunos momentos del ámbito familiar para dar unidad narrativa al film, y algunos planos secuencia ilustrativos (magníficos, por cierto) para mostrarnos la realidad de la ciudad de Alepo, pero el núcleo del documental consiste en una cámara y la realidad. Sin artificios. Tal es así que la cámara zozobra a menudo por la brutalidad de lo que está filmando. Bombardeos de hospitales, cientos de cadáveres amontonados y enterrados en una fosa común, la muerte en directo filmada por la cámara de esta mujer que se resiste a abandonar Alepo, la ciudad que ama, a pesar del peligro constante al que está sometiendo a su pequeña Sama. “¿Podrás perdonarme algún día?”

Con el epicentro narrativo en el hospital en el que trabaja su marido Hanza como médico de guerra, la vida discurre entre explosiones y ataques continuos. La directora, la periodista, la madre, la esposa sostiene la cámara con toda la firmeza de qué es capaz para hacernos respirar el miedo, sin liberarnos del estremecimiento que producen algunos momentos de particular dureza, principalmente porque su mirada se posa con especial detalle en los niños, en esa inocencia arrebatada a golpe de misil.

Sin embargo, también vemos en Para Sama como los seres humanos se sobreponen al drama, una mujer de imperturbable sonrisa acompaña los juegos de los niños ajenos a las bombas que caen, la turbación de Hanza cada vez que pierde a un paciente y sus genuinas lágrimas se tornan en determinación cuando, inmediatamente después, tiene que atender a otro herido. En los brevísimos momentos de distensión, encuentran momentos para reír y pintarse la palabra libertad en la cara. En esa fuerza para sobrevivir, en esa determinación para seguir adelante radica la otra gran lección que Para Sama nos enseña a los que vivimos en el mal llamado “primer mundo” y nos quejamos porque alguien nos ralla el coche o tenemos, vaya por Dios, un lunar en la espalda.

Para Sama está codirigido por Waad al-Kateab junto al cineasta inglés Edward Watts y fue galardonado en el Festival de Cannes de 2019 con el L’Œil d’or al mejor documental, posteriormente vendrían el BAFTA, el Premio del Cine Europeo, el National Board of Review, cuatro premios BIFA (British Independent Film Awards) y la nominación al Óscar al mejor documental que le fue arrebatado por el mucho más convencional American Factory (Steven Bognar, Julia Reichert, 2019). 


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