Crítica de ‘Adam’: Film intimista y sutil sobre dos mujeres en Casablanca

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Adam
 
Para su primer largometraje, Adam, la realizadora marroquí Maryam Touzani se apoya en una vivencia personal de su niñez para dirigir un film de marcado tono intimista apelando a sentimientos humanos básicos como la compasión y la empatía sin deslizarse por la pendiente de lo lacrimógeno ni caer en trampas emocionales. 
 
En Adam se narra el encuentro de dos mujeres que atraviesan situaciones difíciles en un contexto poco favorable, Samia, más joven, se ha quedado embarazada soltera y tras huir del hogar familiar vaga por las calles de Casablanca buscando quien le ofrezca trabajo y alojamiento; la otra, Abla, ligeramente mayor, regenta una pastelería y vive con una niña de ocho años, Warda, a la que trata de educar con cierta disciplina insistiendo en que estudie y haga los deberes.
 
Ambas se encuentran en encrucijadas vitales, mientras a Samia su embarazo fuera del matrimonio la convierte en una proscrita para una sociedad conservadora, a Abla su viudedad también la condena a la soledad, física y emocional, que ha determinado un carácter introvertido y hosco que coloca como barrera para relacionarse con cualquier ser humano que no sea su hija, a la que por otra parte, prodiga más en normas y obligaciones que en auténticas muestras de cariño.
 
Touzani coescribe el guion junto a su esposo y productor del film Nabil Ayouch (director de Los caballos de Dios). Y es precisamente a través de un guion perfecto en la ordenación de las secuencias que la directora consigue una narración fluida que va creando el clima emocional preciso al tiempo que administra la información que llega al espectador sobre el pasado de los personajes. Con una dirección de una madurez poco habitual en una debutante, Touzani conjuga en su película un elegante tono intimista con un ritmo adecuado basado en un estilo de rodaje marcadamente occidental. 
 
Es también muy agradecible que Touzani huya de los lugares comunes y sea capaz de ejercer una denuncia de la situación de la mujer sin necesidad de poner el acento en la creación de personajes masculinos arquetípicamente negativos. La sutileza que Touzani demuestra tanto en esto como en otras cuestiones nucleares del film tales como la exploración de la maternidad o el soporte mutuo sobre el que ambas protagonistas evolucionan durante la película son también virtudes notables que, como se ha apuntado, hacen de Adam una ópera prima atípica en su madurez.
 
Otro de los pilares que sostienen el film es el brillantísimo trabajo de sus dos actrices protagonistas, Abla es interpretada por la actriz belga de origen marroquí Lubna Azabal (Incendios, Paradise Now) y Samia por la marroquí Nisrine Erradi. Ambas componen interpretaciones simples en lo físico y complejas en lo emocional y son capaces de crear un clima conmovedor desde la austeridad formal que Touzani imprime a un film en el que el único mensaje que se empeña en dejar claro es que la, acaso única, solución a la situación que atraviesa la mujer en determinados contextos socio-culturales-político-religiosos es la educación. Warda es el futuro, cuidémosla.


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7

Puntuación

7.0/10

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