Crítica de ‘Un amigo extraordinario’: Un canto a la buena gente (que haberla hayla)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Un amigo extraordinario
 

Es una lástima que sea así, pero vivimos en una sociedad en la que las personas exuberantemente buenas, a menos que las conozcamos, suelen generar desconfianza. Las exhibiciones de amabilidad, de generosidad o de altruismo no suelen estar bien vistas, como si nos recordasen nuestra propia hosquedad o egoísmo al tiempo que nos ponen en guardia porque alguien que nos dedica desinteresadamente su tiempo sin que se lo hayamos pedido no nos parece de fiar. ¿Qué querrá este tío para preocuparse por mis problemas? ¿por qué me ha regalado esto sin que yo se lo pida?

Algo así debió pensar y sentir Lloyd Vogel (Matthew Rhys) un escritor y periodista de pluma ácida y afilada cuando le encargaron entrevistar a Fred Rogers (Tom Hanks), un icono de la televisión estadounidense que durante más de treinta años presentó el programa educativo infantil Mister Rogers’s Neighborhood para la cadena pública estadounidense PBS, al descubrir que el Rogers real no difería demasiado del que aparecía en las pantallas y que, en realidad, no interpretaba a un personaje sino que se limitaba a poner en escena los principios humanistas que conducían su propia vida.

Tras su segundo largometraje ¿Podrás perdonarme algún día? sobre la escritora Lee Israel, Marielle Heller prosigue con su dedicación a personajes reales americanos sin caer en el biopic al uso, de hecho, en Un amigo extraordinario (desafortunada traducción en España del título original A Beautiful Day in the Neighborhood) desplaza el protagonismo del presunto personaje central, Fred Rogers, al presunto secundario, convirtiendo al periodista en el auténtico eje dramático a través del cual conocemos a los demás personajes incluido Rogers. Lo que ocurre es que la interpretación de Tom Hanks es tan portentosa (como siempre, por otra parte) que dejar en sus manos a un personaje teóricamente secundario es apostar de antemano a que se acabará comiendo la película. Y ahí, precisamente, es donde radica el gran mérito de Matthew Rhys que sale más que airoso del envite con un personaje cuyas heridas interiores servirán para que Rogers despliegue toda su bonhomía a lo largo de una película entrañable que sortea con habilidad todos los riesgos de caer en la blandenguería o lo lacrimógeno.

La vida personal de Lloyd Vogel (personaje basado en el periodista Tom Junod que entrevistó realmente a Rogers en 1998) tiene todos los ingredientes para convertirle en un tipo desquiciado, la prematura pérdida de su madre, una violenta relación con su padre (fantástico Chris Cooper), una paternidad reciente y una ambición profesional que le sitúa en la clásica encrucijada entre apostar por la familia o el trabajo. Su esposa Andrea (también estupenda Susan Kelechi Watson) será el único elemento de estabilidad en su vida hasta que nada más comenzar a entrevistar a Fred Rogers se convierte de entrevistador en entrevistado y es, acaso involuntariamente, sometido a una poderosa catarsis existencial.

Y es en esta hábil conjunción entre la ficción y el documental donde radica el mayor mérito de una película que consigue mantener el tono amable, cómico en ocasiones, al tiempo que trata con rigor temas trascendentes como el perdón, la generosidad o la expresión de los afectos que son tan dados a la palabrería de power point o vídeos llenos de mantras de baratillo con los que nos bombardean a diario  los teléfonos móviles o el correo electrónico (incluso procedentes de amigos bienintencionados).

Tom Hanks está soberbio, resulta innecesario insistir en las cualidades de este actor genial e impagable, genuino heredero de los iconos del Hollywood clásico (siempre me viene a la cabeza James Stewart cuando trato de pensar en un referente pero soy consciente de que no es una ocurrencia mía), precisamente por eso es de justicia resaltar la excelente interpretación de Matthew Rhys, un actor cuya filmografía hasta la fecha es más fecunda en la televisión (Cinco hermanos, The Americans) que en el cine y que es capaz de expresar todas las emociones con la potencia de su mirada y un rostro capaz de manejar el gesto con sutileza y levedad. Ambos, Hanks y Rhys, establecen un maravilloso duelo interpretativo que se decanta del lado de Hanks en cuanto al carisma y del lado de Rhys en lo que concierne a la evolución del personaje.

Hermosa banda sonora de Nate Heller, acertada elección de canciones (Tracy Chapman incluida) y una dirección de fotografía de Jody Lee Lipes que filtra el recuerdo que tenemos de cómo fueron los noventa. Completa la producción una dirección artística muy esmerada en recrear con maquetas y juguetes el espíritu del programa de Fred Rogers. Perdónenme que termine con una frase hecha, pero que me permite expresar con fidelidad mi opinión y mis sentimientos, Un amigo extraordinario es una película que nos permite reencontrarnos con el niño que fuimos. Escarbemos ahí, a lo mejor encontramos algo que merezca la pena rescatar.


¿Qué te ha parecido la película?

8

Puntuación

8.0/10

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