Crítica de ‘Un acuerdo original’: El arte de reírse de uno mismo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Un acuerdo original
 

Conozco a varias parejas que han terminado su matrimonio de forma cordial y civilizada por las que siento auténtica admiración. Creo que además de ser saludable para la propia salud mental es muy importante cuando hay hijos pequeños a los que seguir educando en común al tiempo que se les altera la vida lo menos posible. También admiro mucho a la gente que es capaz de reírse de si mismos y crear historias, más o menos divertidas, a partir de sus propias vidas. Con estas dos premisas no es de extrañar que haya pasado un buen rato con esta película francesa que llega a las pantallas españolas con dos años de retraso y una alteración de la traducción literal del título francés que hace que pierda toda la gracia. L’amour flou (El amor borroso) que hace un juego de palabras con L’amour fou (El amor loco) es sustituido por el insustancial y explícito título Un acuerdo original.

El ex matrimonio formado por Romane Bohringer y Philippe Rebbot han partido de su propia experiencia personal para debutar en la dirección cinematográfica y contarnos de una manera ligera y desenfadada como el fin de su relación en la vida real les llevó, tras muchas dudas, a tomar la determinación de seguir viviendo bajo el mismo techo en dos apartamentos independientes pero comunicados entre sí por el dormitorio de sus dos pequeños hijos. Para ello no tienen el más mínimo escrúpulo en poner delante de las cámaras, aparte de a sus propios hijos, a sus amigos personales y a los auténticos miembros de la familia Rebbot y la familia Bohringer, de la cual resulta especialmente agradecible la aparición del veteranísimo actor Richard Bohringer, historia viva del cine francés.

La idea, que en principio puede parecer disparatada, sirve a Bohringer y Rebbot para construir este largometraje a caballo entre la tragicomedia y el documental en el que mezclan con acertado tino el tono agridulce con momentos desopilantes para, por encima de todo, reírse de ellos mismos. No sé si la realización del film les sirvió como terapia pero es evidente que escribir el guion juntos, codirigir la película e interpretarse a ellos mismos tuvo que ser una prueba no apta para parejas mal avenidas.

Las psicoanalistas de ambos protagonistas, el director del colegio de sus hijos, un amigo animalista (Reda Kateb), una lolita seductora (Noémie Schmidt), una mujer pansexual al que el reloj biológico aprieta, una política militante de izquierdas (Clémentine Autain), una pareja de gays con ganas de paternidad, un guapo arquitecto, un mecánico de persianas, una chica alérgica a todo lo que se puede respirar y un actor con gastritis crónica son parte de la galería de secundarios que habitan el metraje haciendo que, aunque a veces la película consista en una sucesión de anécdotas, nunca decaiga el ritmo ni el tono divertido.

La frescura y la naturalidad de la mayoría de las secuencias y la incuestionable química entre la pareja protagonista son el sostén de una película que lejos de pretender ser aleccionadora o pontificar sobre nada pretende reírse de todo empezando por si misma.


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7

Puntuación

7.0/10

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