Atlàntida Film Fest 2020: Crítica de ‘Last and First Men’: Apocalipsis de arte y ensayo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el Atlàntida Film Fest 2020: 
Last and First Men
 

El músico islandés Jóhann Jóhannsson, autor de las bandas sonoras de varias de las películas de Denis Villeneuve (Prisioneros, Sicario y La llegada) y de La Teoría del todo (James Marsh, 2014) por la que recibió el Globo de Oro en la categoría y estuvo nominado al Óscar, falleció prematuramente hace un par de años, presuntamente por una combinación letal de cocaína y medicamentos. Previamente había terminado su debut en la dirección cinematográfica con este Last and First Men que terminaría siendo su “Last and First Film”.

Mucho más emparentado con la videocreación artística que con el cine narrativo, creo que Last and First Men es una obra idónea para ser proyectada en algún museo de arte contemporáneo, en el Hemisfèric de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia o en la sala de proyección de algún planetario, de esas que proyectan en la bóveda y en la que uno se sumerge en un estado predispuesto a que le embriaguen los sentidos con lo visual y lo auditivo o, en el peor de los casos, a echarse una buena siesta.

Basándose en la obra “La última y la primera humanidad” (Last and First Men: A Story of the Near and Far Future, 1930) del escritor inglés Olaf Stapledon, Jóhannsson propone un viaje sensorial en el que durante sus setenta minutos únicamente veremos imágenes en blanco y negro de paisajes apocalípticos y formas arquitectónicas acompañados de su propia música y de la de Yair Elazar Glotman con una narración en off puesta en la voz de la actriz británica Tilda Swinton.

Las imágenes son mostradas mediante parsimoniosos movimientos de cámara, la mayoría de ellos zooms sobre imágenes estáticas, el ritmo es tan cadencioso y la voz de Tilda Swinton tan plana y carente de emoción que resulta francamente difícil conectar con el conjunto, especialmente si en lugar de en alguno de los sitios propuestos unas líneas más arriba, uno trata de acercarse a esta obra en el salón de su casa frente al televisor.

El argumento (vamos a llamarlo así) narrado por Swinton es una suerte de relato futurista de ciencia ficción que nos habla de una humanidad futura que ha aprendido de los errores del pasado para alcanzar una inmortalidad potencial. La gestación dura veinte años, la infancia cien y durante la adolescencia los seres humanos viven unos mil años alejados del resto de la humanidad. Todo va virando hacia cierto pesimismo apocalíptico por el excesivo calentamiento del sol que aboca a la humanidad a un abismo incierto.

A pesar de que tiene todos los ingredientes para convertirse en obra de culto por la difícil accesibilidad de su conjunto que hará las delicias de algún sector de la crítica, será difícil ver esta obra fuera de ciertos círculos de exhibición marginales. No culparé a quien caiga rendido ante esta rareza pero yo no voy más allá de la plasticidad de sus imágenes. Ni conecto con la historia, ni pillo el recado ni me gusta la voz de Tilda Swinton.

 


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