Crítica de ‘Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra’: Divertida y buenrollera

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra
 

No me pregunten quien es el mejor director de cine español del momento porque no lo sé. Cada uno tendrá su favorito y no seré yo quien le discuta a cada uno sus preferencias, yo tengo el mío y además tengo una docena más a quienes respeto, admiro y que con cada una de sus obras me llevan al cine aunque algunas de sus películas me gusten más que otras. Pero si me preguntan cuál de los directores de cine españoles me parece el más listo y el más inteligente (y si pongo los dos adjetivos es por algo), le discutiré a quien diga lo contrario que, sin duda alguna, ese es Santiago Segura.

Segura es el cineasta español que mejor entiende el cine como espectáculo, como entretenimiento, como fenómeno de masas y como industria. Y soy consciente de que a estas alturas del segundo párrafo ya tendré a muchos lectores arrugando la nariz pero, antes de que nadie me anatemice, y aunque no siento ninguna necesidad de defenderme, diré que considero que el cine además de un espectáculo, un entretenimiento, un fenómeno de masas y una industria es también una manifestación artística detrás de la cual existe un impulso creativo y que deben existir y protegerse las películas minoritarias que además de divertir y entretener pretendan mover conciencias, estimular sensibilidades artísticas o contar historias de la realidad cotidiana por sombría que esta sea. Los que me conocen y aquellos que me lean regularmente sabrán que, en realidad, soy más espectador del mal llamado “cine de autor” que del mal llamado “cine comercial”.

Pero, y para decir esto podría apoyarme en datos que no tengo ganas de buscar, es absolutamente incuestionable que las películas de Santiago Segura han salvado, cada año que se han estrenado, los números del cine español y, no seamos ingenuos, sin números, sin espectadores que pasemos por taquilla y compremos una entrada, esto del cine (en el cine) no se sostiene. Santiago Segura hace lo que le da la gana, las películas que le apetece hacer, con las que se lo pasa bien, se las puede permitir y además le permiten trabajar con sus hijas y tienen éxito. Si a estas alturas de su filmografía hubiera querido hacer un drama, un documental o cine experimental, lo habría hecho ya. Con su última película ha tomado además la valiente decisión de estrenarla en plena crisis Covid 19 cuando las restricciones sanitarias (lógicas y necesarias por otra parte) están ahogando a los exhibidores que para más INRI ven como las productoras y distribuidoras siguen retrasando sus estrenos más jugosos para la taquilla a la espera de que el panorama epidemiológico se aclare y las condiciones de exhibición sean más favorables. Ojalá le vaya muy bien a este Padre no hay más que uno 2, ojalá sus cifras sean tan espectaculares como de costumbre, ojalá que los exhibidores encuentren alivio a su asfixia gracias a títulos como este y ojalá que los distribuidores se envalentonen y saquen del cajón películas que ya tenían que estar estrenadas y que se están apolillando en sus oficinas antes de ser proyectadas.

Con Padre no hay más que uno, Santiago Segura ha encontrado otro filón comercial de magnitud comparable al que encontró con Torrente, si esta película tiene el éxito que le he deseado al final del anterior párrafo, no tengan la menor duda de que estaremos ante otra saga que alcanzará varios títulos porque además, a diferencia del anterior, este filón va dirigido a un sector de público (target lo llaman los finolis) más mayoritario al incluir a niños, adolescentes y, por supuesto, los adultos que los suelen llevar al cine. Es decir, ha encontrado un filón de cine familiar, algo poco corriente por estos pagos del cine español.

Pero existe otro mérito añadido en estas dos primeras partes de Padre no hay más que uno si las ponemos en relación con las películas de Torrente y es que estas no son una mera sucesión de gags (aunque haya muchos) ni una refulgente colección de cameos (aunque también haya varios) como ocurría con (exceptuando la excelente primera entrega) las películas del grimoso policía José Luis Torrente. Aquí hay una trama (sencillísima, eso sí) mejor urdida y una colección de personajes entrañables empezando por el propio Segura dando vida al pater familias y continuando con la divertidísima Toni Acosta como esposa, madre y mujer liberada, además, claro está, de sus cinco hijos a los que en esta película, para abundar en el disparate, se les une una improbable abuela interpretada por Loles León haciendo de Loles León.

No tiene que ser fácil trabajar con tantos niños y se adivina un ingente trabajo en la dirección actoral. Aunque en algunos momentos se eche de menos un poquito más de naturalidad, en general el trabajo del reparto infantojuvenil es más que digno; particularmente divertida me ha parecido la pequeña Luna Fulgencio dando vida a Rocío cuya entrada a la iglesia en plena primera comunión me arrancó las mayores carcajadas de la película.

Lamentablemente los personajes de Leo Harlem y Silvia Abril tienen menos peso que en la primera parte pero su presencia compensa con creces. Las andanzas de los chavales son divertidas y Santiago Segura exprime con inteligencia todos los lugares comunes de la paternidad y la maternidad y su quimérica conciliación familiar en la era de los grupos de whatsapp de padres, las redes sociales para niños, las actividades extraescolares extenuantes y la estupidez colectiva a la hora de aparentar por encima de ser.

Con algunos gags visuales desopilantes, con chistes en diferentes niveles de lectura para diferentes sectores de público, algunos de los cuales desafían la dictadura de la corrección política, Padre no hay más que uno 2 es una película divertida y desenfadada que desde una cáustica acidez hace una manifiesta exaltación del buen rollo como puede verse en las fotografías que acompañan los créditos finales, realizadas a medio camino entre la ficción y el making off de la película.

7

Puntuación

7.0/10

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