Crítica de ‘Cartas a Roxane’: Edmond Rostand enamorado

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Cartas a Roxane
 

Entre las muchas cosas que admiro (y envidio) del cine francés, quizá la principal sea el profundo amor y respeto que siempre han profesado a sus clásicos literarios tanto narrativos como dramáticos. No hay novela ni obra teatral importante que no haya sido llevada al cine al menos una vez. Cyrano de Bergerac es una pieza inmortal del teatro francés (y universal) que el público adora y que ha sido llevada al cine en varias ocasiones desde la primitiva versión muda de Augusto Genina en 1923. Incluso Hollywood sucumbió al hechizo del bravo soldado y poeta gascón cuando United Artist realizó su propia adaptación dirigida por Michael Gordon en 1950 con una soberbia interpretación de José Ferrer que le valió el Óscar al mejor actor del año.

Pero no sería hasta 1990 que el cine francés tocara techo con la magistral versión de Jean-Paul Rappeneau que además firmó, junto a Jean-Claude Carrière, el guion más fiel al texto original en verso que Edmond Rostand escribiera en 1897. La inmortal interpretación de Gérard Depardieu, la inolvidable música de Jean-Claude Petit y una insuperable puesta en escena dieron lustre a una película colosal que, a buen seguro, disuadirá durante décadas a cualquier director de realizar una nueva versión estrictamente académica y fiel al texto original.

Es por esto que tiene particular mérito lo que Alexis Michalik ha hecho en esta deliciosa Cartas a Roxane que llega a España con dos sangrantes años de retraso y, en plena pandemia Covid 19, no será estrenada, como merecería, en las salas de proyección.

El punto de partida de Michalik es desviar el protagonismo principal del personaje (Cyrano) al autor (Edmond Rostand) y en lugar de llevar al espectador al siglo XVII, transportarlo al año 1897 cuando el desesperado autor luchaba por conseguir un éxito teatral que le consagrase como dramaturgo al tiempo que le sacase de sus aprietos económicos. Es decir, una premisa argumental similar a la que sirvió a John Madden para filmar Shakespeare in love en 1998.

La amistad de Rostand con la gran dama del teatro Sarah Bernhardt, la necesidad del célebre actor Constant Coquelin de encontrar un papel a su medida o un improbable (pero posible) encuentro con Antón Chéjov en un prostíbulo parisino son solo algunos de los elementos con los que Alexis Michalik mezcla sucesos reales y ficticios para componer un divertido e inteligente guion que entona, sin disimulo alguno, un apasionado canto de amor al teatro.

Cartas a Roxane, cuyo título original francés es Edmond, desgrana los entresijos de una producción teatral de la época y se sirve de las vicisitudes de la vida de Rostand para recrear el proceso creativo que le llevó del pánico ante el folio en blanco a ir encontrando las fuentes de inspiración para los sucesivos actos (cinco en total) del drama. Michalik alterna la narración entre tres focos argumentales, lo que ocurre en el escenario, lo que ocurre entre bastidores y lo que ocurre en la vida real. La agilidad con la que salta de uno a otro es tal que los tres elementos se amalgaman a la perfección para dar lugar a una película que, desde la comedia que inequívocamente es, conserva la emoción que Rostand destiló en los versos de su Cyrano.

Pero si Michalik consigue dirigir con brío y sentido del ritmo es, en parte, porque cuenta con la complicidad y el talento de un reparto entregado. Desde el jovencísimo Thomas Solivérès dando vida a Edmond Rostand hasta el veterano actor belga Olivier Gourmet encarnando a Coquelin y, por ende, a Cyrano. El desdoblamiento de Roxane gracias a un acierto del guion permite que Lucie Boujenah y Mathilde Seigner se repartan las líneas al tiempo que interpretan a dos personajes diferentes en la vida real. Tom Leeb, Alice de Lencquesaing o el entrañable Dominique Pinon destacan también en un elenco tan amplio como brillante.

Como he dicho, Cartas a Roxane tiene la virtud de contarnos Cyrano sin que lo parezca y aproximarnos a la figura de su autor de una manera divertida y emocionante a partes iguales, es decir, justo los ingredientes que han hecho que más de cien años después, Cyrano de Bergerac siga siendo un éxito en todos los países del mundo en donde es representada.


Nota: El dramaturgo francés Edmond Rostand, autor de “Cyrano de Bergerac”, falleció en 1918 víctima de la pandemia de gripe que asoló el mundo entre 1918 y 1920 con más de 50 millones de muertos. Su obra, afortunadamente, sobrevivió aquella pandemia como sobrevivirá esta que ahora nos aqueja.

Cartas a Roxane es estrenada por su distribuidora española A Contracorriente Films en la Sala Virtual de Cine creada para poder seguir viendo estrenos en estos momentos de confinamiento. También puede verse a través de las plataformas digitales Movistar+, Vodafone, Rakuten TV y Huawei Video.


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9

Puntuación

9.0/10

Un comentario en “Crítica de ‘Cartas a Roxane’: Edmond Rostand enamorado

  • el 15 mayo, 2020 a las 09:53
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    Muy buenas referencias tenía y acabas de confirmarlas. Apuntada a la lista

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