Crítica de ‘Madre’: De la tensión al dolor interior

Las críticas de David Pérez “Davicine”:
Madre

Tal y como comentamos en su momento en nuestra crítica del cortometraje Madre, estábamos ante uno de esos cortos que a pesar de su sólida construcción argumental y de funcionar por sí mismo como entidad fílmica, provocaba en el espectador la necesidad de más. Madre estaba construido en torno a tres personajes de los cuales sólo se nos permitía ver a dos. Uno, la madre (Marta Nieto) presente en todo momento, el eje alrededor del cual Rodrigo Sorogoyen disponía su cámara. El otro, el hijo, invisible y del cual escuchábamos su voz a través del teléfono, viviendo su miedo sin verle y adivinando su angustia dibujada en el rostro de Marta Nieto. El tercer personaje (Blanca Apilánez) no era en absoluto desdeñable, la madre de la madre con la que Sorogoyen componía otro vínculo maternal diferente en el que los afectos, los gestos, las palabras y el tono de voz eran muy diferentes. 

La conversación telefónica entre madre e hijo abarcaba la duración completa del cortometraje, hasta su desenlace… y ahí nos dejaba con ganas de más, pero también cerraba de tal forma que nos marcaba y sabíamos que haber estirado más la historia podría haber provocado que perdiera impacto y no nos hubiera dejado en el cuerpo la misma sensación que quizás hizo que llegara a estar nominado al Oscar.

Ciertamente, el corto se me hacía corto, a pesar de desear durante todo su metraje que terminara la angustia, y cuando supe que se iba a realizar un largometraje a partir del mismo, me entró miedo solo de pensar en cómo podrían estirar esta historia. Pero claro, Sorogoyen y su colaboradora habitual al frente de los guiones de sus películas, Isabel Peña, no han estirado la historia para que perdiera fuelle, sino que han optado por contarnos qué ha sucedido después de lo acontecido en la historia original, que sirve también como primera secuencia de la película.

En Madre, la película, Elena recibe una llamada de Iván, su hijo de seis años, quien le dice que está perdido en una playa en Francia y que no encuentra a su padre. Esas palabras desesperadas de su hijo fueron lo último que supo de él. Diez años más tarde, Elena vive en la misma playa donde desapareció su hijo, trabaja de encargada en un restaurante y está empezando a salir de ese oscuro túnel donde lleva anclada tanto tiempo. Su vida se agita de nuevo cuando conoce casualmente a Jean, un adolescente francés que le recuerda a su hijo. Entre ellos surge una fuerte conexión que acabará sembrando el caos y la desconfianza a su alrededor.

La película juega con dos estilos completamente diferentes: el primero, heredado del cortometraje, es un thriller angustioso que nos pone el corazón en un puño y nos hace sentirnos mal, tal y como se siente la madre protagonista a punto de perder a su hijo; el segundo, tras lo acontecido en el corto original, es una historia más íntima y oscura, una historia de pérdida y tristeza tras la desaparición de un hijo que ha provocado a una madre que nunca pueda rehacer completamente su vida cargando con un gran dolor interior.

Sorogoyen nos deleita con un increíble uso de los tiempos narrativos, manteniendo su siempre precisa dirección, y empleando con acierto planos secuencias para reforzar las escenas más emocionales, pero el uso de dos estilos tan diferentes, el arranque impactante y la pausada vida posterior de su protagonista, chocan en exceso a la hora de juzgar la película como un todo, cuando de forma independiente cada una de ellas sería elogiable.

La idea del director parece que no es otra que la de llevarnos a la aceptación de una tragedia, una tragedia que estaba escrita desde el final del cortometraje, pero ahora vemos cómo ha marcado la vida de una madre. Y la esperanza que crea la presencia del joven Jean, en quien ella encuentra el recuerdo de su hijo perdido, podría haber sido más fácil de encajar si no hubieran intentado introducir una historia de amor que nos provoca cierto rechazo y expulsa del tono de la película. La relación madre-adolescente nos provoca la misma inquietud que incomodidad, pues no siempre sorprendernos es sinónimo de captar nuestra atención, y es que el juego de ambigüedades no es recibido de la misma forma por todos los espectadores tal y como quizás estaba en la cabeza del director.

Al igual que sucedía con el corto original, y a pesar del cambio de estilo, Madre se sustenta básicamente en un trabajo impecable de Marta Nieto, ahora capaz de aguantar con su interpretación una historia que sin ella quizás hubiera sido más inconexa y vacía, como su vida diez años después del fatídico acontecimiento. El gran personaje que interpreta Nieto no solo está conseguido gracias a sus impecables diálogos, sino que nos sorprende por su forma de mirar y de moverse, incluso respirar, marcada por un trauma no superado. Ya ha quedado claro que su trabajo es impactante por la gran recepción que tuvo en la sección Horizontes del Festival de Venecia, donde se alzó con el premio a mejor actriz, y por delante seguro que la deparan muchos más galardones, pero depender tanto del trabajo actoral de su protagonista no ayuda a que el tono general de la película sea coherente. 

No se puede negar que la película nos plantea temas muy interesantes, como la relación de los adolescentes con los adultos, la visión que se tiene de los más jóvenes, y lo poco que en los tiempos que corren escuchamos, sin olvidarnos de las consecuencias de la perdida y lo difícil que es ver el dolor interior de otras personas, pero todo ello queda en un segundo plano cuando se deja al espectador la obligación de llenar ciertos vacíos, y éstos provocan que no sintamos empatía por la protagonista e incluso se nos expulse de la película en el tramo final.

Madre es el claro ejemplo de que madre no hay más que una… y en este caso es el cortometraje, pero no por ello deja de ser esta película una estimulante apuesta de su director para cerrar la historia.


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7

Puntuación

7.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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