Crítica de ‘Last Christmas’: Dispuesta a robar el corazón del mismísimo Scrooge

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”
Last Christmas

Navidades. O las adoras o las aborreces. Hay quien ve en estos días un milagro de bondad. Otros, sin embargo, las consideran artificiales y ridículas. Pero todos estamos de acuerdo en que el cine y la televisión saben exprimirlas. En estas fechas señaladas, la cartelera se llena de películas familiares. Se reservan para este último mes los títulos de animación y las comedias ligeras para todos los públicos. Y después tenemos las películas navideñas, esas en la que esta fecha es un personaje más en el argumento. Qué bello es vivir, Sólo en casa o las distintas versiones de Cuento de Navidad son los ejemplos que nos vienen en seguida a la cabeza. Esta semana se une un nuevo título a la lista. Last Christmas, la última película del director Paul Feig, dista mucho de ser perfecta. Sin embargo, todo apunta a que se convertirá en un clásico inmediato de este subgénero.

La vida de Kate es un desastre. Sueña con ser cantante, pero es incapaz de llegar a una audición a tiempo. Trabaja vestida de duende en una tienda de suministros de Navidad que opera todo el año. A pesar de su precaria salud, Kate bebe alcohol y come comida basura y no parece ser capaz de poner en orden su vida. Pero a pocos días de Navidad, conoce a Tom, un hombre encantador que parece el equilibrio que la protagonista necesita para salir del hoyo en el que se ha convertido su vida.

El guion de Last Christmas está firmado por la actriz Emma Thompson y su marido Greg Wise, quienes han trabajado en él desde el 2010. La película tiene una primera mitad muy irregular, encorsetada por un patrón de comedia romántica convencional, que te lleva a pensar que esos ocho años de proyecto dieron poco de sí. Sin embargo, justo cuando vas a dar por perdidas las casi dos horas que dura la película, la historia deja de ser una insulsa comedia romántica más emplazada en las Navidades, para convertirse en una película navideña. Y una de las que roban el corazoncito, si eres capaz de dejar el cinismo a un lado por un momento.

Y no es que Last Christmas invente nada. En todo caso, recoge elementos de aquí y allí: la redención a través de la magia de estas fiestas de Cuento de Navidad, el valor de la vida de ¡Qué bello es vivir!, e incluso el desfile de personajes dentro de la pequeña tienda navideña de El bazar de las sorpresas. Todo tiene su lugar en el guion que, a pesar de hacer aguas al principio, logra remontar para dejar el buen sabor de boca que se ha de exigir al género.

El error de Last Christmas no se encuentra en su sensiblería. Con esa contamos cuando vamos a ver una película de este tipo. Está en no querer mantenerse fiel a lo que es, con un falso cinismo que no funciona porque se mantiene demasiado políticamente correcto. Mientras Kate está sumergida en su propio egoísmo y comportamiento autodestructivo, te parece estar viendo a la Fleabag de Phoebe Waller-Bridge en versión Cine de barrio; edulcarada y sin gracia. Es cuando Kate, y de su mano el espectador, entra por la sensiblería y, por qué no, por la “magia” de la Navidad, que la historia funciona. Fleabag es una obra de arte, pero si quieres hacer una película navideña, a quien tienes que parecerte es a Frank Capra.

Por eso es una lástima que Wise y Thompson no hayan  desarrollado más el contexto social marcado por el Brexit y la xenofobia surgida de éste. O la situación de los sintecho en Londres que, como en otras ciudades, se han vuelto socialmente invisibles. Si Kate comienza su redención cuando abre los ojos a problemas ajenos a ella –del mismo modo que en ¡Qué bello es vivir! George Bailey ha de entender como su vida afecta a quienes le rodean-, no se explica por qué estos problemas se quedan en un muy segundo plano.

Un acierto es la elección de Emilia Clarke como protagonista. La actriz se baja del lomo de su dragón y nos ofrece una interpretación fresca de Kate, a la que le otorga un temperamento alegre y desenfadado, solo ensombrecido cuando tiene que enfrentarse a la veteranía de Emma Thompson o Michelle Yeoh en dos pequeños papeles. En cuanto al personaje de Tom, Henry Golding, a quien ya vimos a las órdenes de Paul Feig en Un pequeño favor, hace lo que puede para dar lo mejor con un personaje necesariamente poco desarrollado.

Por último, hay un personaje invisible y que, no obstante, nos acompaña toda la película. Kate dice en un momento de la cinta “George Michael y yo somos almas gemelas”. La banda sonora, repleta de temas de Wham! y de George Michael en solitario acompañan la vida de Kate y los estados emocionales que atraviesa, y sirve además de homenaje al cantante que falleció hace tres años el día de Navidad.

Last Christmas está lejos de ser redonda, pero poco importa si al final cumple con las expectativas de aquel que lo único que espera de una película navideña es sentarse en la butaca, zambullirse en ternura y volver a creer, al menos por un par de horas, en la bondad.


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7

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