Crítica de ‘A la vuelta de la esquina’: Conmovedor reflejo de la soledad en la sociedad actual

Las críticas de David Pérez “Davicine”:
A la vuelta de la esquina

Si algo caracteriza a los trabajadores alemanes de los comercios minoristas, es que no son conocidos por ser grandes habladores. En muchos países, como España, es habitual recurrir al clima para iniciar conversaciones, o, cuanto menos, preguntar al cliente si tiene un buen día. En Alemania van al grano por lo general, te dan lo que pides, te cobran y hasta la próxima. Y de esta forma, en A la vuelta de la esquina nos adentramos en el interior de un supermercado para conocer el día a día de un grupo de trabajadores del turno nocturno, que están en un supermercado tan aislado de sus casas como de la vida.

En tercera película de Thomas Stuber, Christian, un joven tímido y con tendencia a recluirse, comienza a trabajar en un almacén de venta al por mayor. Allí conoce a Bruno, de la sección de bebidas, que lo arropa y se convierte rápidamente en un amigo que lo apoya como un padre. Él le muestra los distintos tipos de cuerdas y le enseña pacientemente a manejar la carretilla elevadora. Entre los pasillos conoce a ‘La Dulce’ Marion, cuyo misterioso encanto lo enamora desde el primer momento. La máquina de café se convierte en su lugar de encuentro habitual y van intimando. Poco a poco, Christian pasa a ser un miembro más de la familia del almacén y los días de conducir carretillas y llenar estantes pasan a significar mucho más para él de lo que se hubiera podido imaginar.

Está claro que por la trama no parece que estemos ante una película trepidante llena de mensajes y metáforas, y realmente así es. La película bien podría ser un trabajo de representación del proceso de aprendizaje y promoción interna en un supermercado, pero la presencia de personajes solitarios, cada uno por motivos diferentes, da valor adicional a la propuesta.

Stuber ha conseguido un retrato intimo, conmovedor, en ocasiones divertido, aunque en exceso largo, de este grupo de trabajadores dentro de un peculiar laberinto de pasillos de supermercado donde cada departamento es como una facción con sus aliados y sus enemigos. Y hay que matizar el término “largo”, pues la película está adaptada de una historia corta del escritor alemán Clemens Meyer, y cuanto menos es peculiar las más de dos horas de duración para un texto tan corto, que quizás con algo más de brevedad se hubiera conseguido un resultado más ágil y atractivo para el espectador.

Franz Rogowski es un actor con una increíble filmografía, sobre todo por su calidad, con títulos tan destacados como Happy End o Victoria entre otros, y consigue transmitir la soledad de una persona apartada por la sociedad, alguien solitario y vulnerable, cuyo oscuro pasado está representado por los tatuajes que amenazan con dejarse ver más allá de su cuello y puños. Junto a él tenemos a Sandra Hüller, reconocida por muchos por su trabajo en Toni Erdmann, y que da vida en esta ocasión a otro personaje solitario y marginado, a quien todavía le queda algo de humor para soportar la desidia de su matrimonio. Las escenas más potentes surgen de los silencios entre ambos, pues muchas veces con poco se dice más, y A la vuelta de la esquina hace alarde de ese dicho para revelar el dolor que sienten los personajes cuyos ingratos trabajos apenas les permiten tener cierta calidad de vida.

Si tuviéramos que incluir un tercer protagonista, antes que Peter Kurth como el tercer solitario en discordia, incluiríamos al silencio, que juega un papel vital como complemento de una banda sonora peculiar, repleta de temas clásicos. Desde el principio sabemos que el sonido tendrá un papel importante, y Stuber nos ofrece una magnífica introducción a la tienda vacía por la noche, mientras escuchamos de fondo “El Danubio azul” de Johann Strauss, siendo sustituidos los bailarines de este vals por carretillas elevadoras que se deslizan cual coreografía romántica.

Se ha realizado un esfuerzo para destacar aun más el contraste entre el supermercado, que es casi la única relación de los trabajadores con la vida normal, y sus lúgubres apartamentos de los que parecen escapar cuando van a trabajar, y parte de la culpa es del diseñador de producción Jenny Roesler, quien logra capturar la alegría forzada de este hermético lugar con un peculiar letrero en el espejo del vestuario que dice: “Así es como el cliente te ve”, en contraste con la sobriedad y precariedad de las casas de Christian y Bruno. 

A la vuelta de la esquina es un emotivo y conmovedor retrato de todos estos personajes olvidados en el cine, que muchas veces parece que no tienen historias interesantes que contarnos, pero que unidos sirven como reflejo de la soledad presente en la sociedad actual.


¿Qué te ha parecido la película?

7

Puntuación

7.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

Un comentario en “Crítica de ‘A la vuelta de la esquina’: Conmovedor reflejo de la soledad en la sociedad actual

  • el 12 mayo, 2019 a las 17:52
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    Después de tantos efectos especiales en las películas, siempre se tiene ganas de ver una película sencilla sin tanto artificio y que se mueve en este mundo real.

    Respuesta

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