Crítica de ‘Quién te cantará’: Cine fuera de géneros

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Quien te cantará
 
Hace ya unos años tuve ocasión de ver Diamond Flash, la primera película de Carlos Vermut, gracias a que un amigo me prestó el DVD en una estupenda edición que hoy día es inencontrable al menos en las tiendas físicas e internáuticas por las que yo soy capaz de moverme. He de confesar que me pareció una marcianada con la misma sinceridad con la que aseguro que no pude apartar los ojos de ella y que me perturbó lo suficiente como para retener el nombre de aquel director que había producido su película con cuatro perras y tres personas de equipo técnico y saltado los obstáculos de la distribución cinematográfica convencional para conseguir que su película se viese a través de internet y proyectada en unos pocos pases en salas.

Aunque un poco más disciplinada desde el punto de vista narrativo Magical Girl, su segunda película, ahondó en un universo muy particular, extraño, poco accesible para el gran público que sin embargo, ayudado por una producción más potente y un fantástico reparto encabezado por Bárbara Lennie y José Sacristán, situó a Vermut con mucha más fuerza en el panorama cinematográfico patrio con el casi unánime reconocimiento de la crítica y una buena colección de premios, principalmente para su actriz protagonista.

Cuatro años se ha hecho esperar la tercera película de un director que cumple escrupulosamente los criterios para ser llamado “autor” y cuida celosamente cada aspecto de la película hasta el punto de diseñar personalmente el cartel. Toma prestado su título, Quién te cantará (aunque sin interrogante) de una canción de Juan Carlos Calderón popularizada por Mocedades a finales de los setenta (cuando Vermut ni siquiera había nacido) y que suena parcialmente en un momento de la película. El resto de la música, un elemento fundamental del film, lo componen un puñado de canciones olvidables (a pesar de la voz de Eva Amaral) y una partitura de Alberto Iglesias que es sencillamente magistral.

Vermut ha vuelto a escribir una obra compleja que sin embargo tiene la habilidad de ofrecer (al menos) dos niveles de lectura. Uno, el puramente argumental, resulta relativamente sencillo de seguir lo cual le permite ser mucho más accesible a un gran público que, sin embargo, ha dado la espalda a la película en taquilla.

Una cantante de éxito, Lila Cassen (Najwa Nimri) lleva diez años alejada del gran público, de los estudios de grabación y de los conciertos en vivo. Poco antes de una prevista vuelta a los escenarios sufre un extraño accidente (o no) que le ocasiona un estado de amnesia que la incapacita para recordar sus canciones, su estilo, su modo de cantar y moverse en el escenario. Su manager (Carme Elías) trata de solucionar el problema recurriendo a Violeta (Eva Llorach), una imitadora de karaoke que cada noche actúa clavando la voz, los gestos y el aspecto de Lila Cassen en un pub de Rota, donde vive con su hija Marta (Natalia de Molina), una millenial cretina y tirana que somete a su madre con continuos chantajes emocionales.

Este punto de partida argumental que será desarrollado por diversos vericuetos narrativos y visuales por Vermut durante poco más de dos horas constituye ese referido nivel de lectura accesible y relativamente fácil de seguir. Es perfectamente posible quedarse en él y jamás se me ocurrirá menospreciar a los espectadores a los que les baste con que les cuenten una historia. Ojalá todas las películas lo hicieran.

Pero el cine de Carlos Vermut trasciende lo narrativo, por encima de esta historia de cantantes de éxito en crisis que necesitan reencontrarse y cantantes frustradas que se reinventan como entrenadoras de sus propios ídolos flota una compleja reflexión acerca de la consistencia del éxito y su carácter efímero, de la evanescente naturaleza de la identidad, de la eterna idea artística de los vínculos entre creación y copia, y de la complejidad de las relaciones madre hija abordada desde una doble perspectiva, la de Violeta con su cruel hija y la de la propia Lila Cassen con su difunta madre, también cantante y espejo en el que no mirarse.

Carlos Vermut busca crear una atmósfera inquietante y para ello se apoya en la puesta en escena, en la disposición de la cámara y en la actriz con el rostro más inquietante del cine español, hay actrices mejores pero no se me ocurre ninguna otra con tanta capacidad de generar turbación simplemente con su mera presencia que Najwa Nimri. Encaja a la perfección en un personaje cuya evolución a lo largo del film resulta absolutamente imprevisible. Una magnífica Eva Llorach pone el contrapunto humano, el de la mujer derrotada por la vida, resignada a los sueños abandonados a su suerte y sometida por su propia hija. Natalia de Molina hace un buen trabajo a pesar de que su papel sea probablemente el peor dibujado en un guion que lo somete a ciertas exageraciones que subrayan demasiado rasgos que se hubieran beneficiado de un poco más de sutileza en la escritura. Carme Elías está como siempre: impecable.

No dudo que por encima de las expuestas existen más lecturas, algunas probablemente solo estén al alcance del propio Carlos Vermut. Quién te cantará es un film poliédrico en el que sus múltiples caras, más que encajar, se superponen creando un conjunto imperfecto en el que es difícil discernir dónde están las intenciones de su director y donde algunas taras que menoscaban el relato. Con algunos homenajes evidentes al cine de Almodóvar y una notable capacidad para crear suspense y, como he dicho, atmósfera inquietante, Vermut da un paso más en una de las filmografías más sugerentes de los últimos años en un cine español que está cayendo demasiado a menudo en los convencionalismos de los géneros incluso con películas de incuestionable calidad. 


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7.5

Puntuación

7.5/10

2 comentarios en “Crítica de ‘Quién te cantará’: Cine fuera de géneros

  • el 2 febrero, 2019 a las 18:54
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    No hay duda. Vermut tiene sello propio y eso hoy en día es algo a valorar no solo a nivel cinematográfico sino en cualquier profesión, aquello que de un vistazo asocie tu nombre a tu obra / trabajo, independientemente guste más o menos es lo que te hará trascender en tu campo de trabajo. Bravo, Carlos Vermut.

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  • el 3 febrero, 2019 a las 11:42
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    Efectivamente. Vermut es diferente a todo los demás… esperemos que no se malogre y se haga convencional.

    Respuesta

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