Crítica de ‘Cambio de reinas’: Crónica de una infancia usurpada

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Cambio de reinas
 
Como muchos otros escritores, el novelista francés Marc Dugain no pudo resistirse al enorme atractivo del cine y tras adaptar su primera novela a guion para ser llevada al cine en El pabellón de los oficiales (François Dupeyron, 2001) dio el salto a la dirección cinematográfica en 2010 con Una ejecución ordinaria. Para su cuarto largometraje Cambio de reinas se basa por primera vez en un material ajeno, la novela “L’échange des princesses” de la autora francesa Chantal Thomas que en la mayor parte de su obra se ha movido en el límite entre el ensayo y la novela histórica.
 
Este intercambio de princesas o cambio de reinas como se ha titulado la película en España nos sitúa en la decadencia de la corte de Versalles en 1712 cuando pasados los años de esplendor de Luis XIV, un niño, el futuro Luis XV (Igor Van Dessel) se ve obligado a asumir responsabilidades impropias de su edad después de que la viruela se haya llevado por delante a prácticamente toda su familia dejándole como primero en el orden de sucesión al trono. La regencia del Duque de Orleans (Olivier Gourmet) será un periodo de intrigas palaciegas y maniobras políticas que culminarán con la concertación de dos matrimonios de conveniencia: el de su propia hija Luisa Isabel de Orleans (Anamaria Vartolomei) con el infante Don Luis (Kacey Mottet Klein), hijo del rey de España Felipe V (Lambert Wilson) y futuro rey Luis I; y por otra parte el del todavía niño Luis XV con la (más niña aún) infanta Mariana Victoria (Juliane Lepoureau), también hija de Felipe V. Con estos dos matrimonios, uno entre auténticos niños y otro entre adolescentes tempranos se pretendía dar estabilidad y armonía a las turbulentas relaciones entre las coronas francesa y española que se habían saldado con años de cruentas y costosas guerras.
 
Pero Cambio de reinas, más allá del retrato histórico que no es ni mucho menos el propósito principal de Chantal Thomas como novelista ni de Marc Dugain como director, se constituye como un lúcido ensayo cinematográfico sobre la manipulación política, la pérdida de la inocencia en una infancia deslustrada por la ambición de los adultos, el determinismo al que se ven abocados estos niños que no han elegido nacer en una familia real y no pueden escapar de su educación ni de su destino y, por encima de todos los temas y trasfondos, la omnipresencia de la muerte en una época lastrada por las epidemias en la que la esperanza de vida, incluso en las clases favorecidas, era de apenas unas décadas.
 
Dugain dirige con mano diestra, evitando planos grandilocuentes o la excesiva recreación estética de la que suelen abusar este tipo de películas en las que la dirección artística, el vestuario y la ambientación en general acaban devorando el relato. También es cierto que las tentaciones no debieron ser muy fuertes habida cuenta de que ni la corte francesa se rodó en el auténtico Versalles ni la española en ninguno de los palacios reales españoles.
 
Bien al contrario, Dugain hace una película de personajes centrándose especialmente en los cuatro infantes que componen los dos matrimonios de conveniencia sobre cuyos rostros, bastante angelicales por otra parte, deposita su cámara con minucioso interés por retratar su vulnerabilidad, sus miedos y el irremediable abocamiento a la obediencia. Los cuatro jóvenes intérpretes, desde sus diferentes edades, transmiten muy bien su despertar a los sentimientos o una sexualidad regida por dudas y ambigüedad. Especialmente brillante está Igor Van Dessel que confiere a su Luis XV una introspección muy inusual en un intérprete tan joven y una naturalidad apabullante para pronunciar frases de una trascendencia impropia de su edad pero que se erigen en verdades apabullantes como “la vida y la muerte vienen a ser lo mismo, si temes a la muerte, olvidas vivir”. Ahí queda eso.
 
En cuanto al reparto adulto, Cambio de reinas cuenta con el camaleónico actor belga Olivier Gourmet, habitual en el cine de los hermanos Dardenne y con el siempre elegante Lambert Wilson que encarna a un Felipe V neurótico y consumido por el cansancio (no en vano su reinado de 45 años es el más largo de la historia de España) al lado de su segunda esposa, Isabel de Farnesio interpretada por la magnética actriz italiana Maya Sansa (Buenos días, noche). Hay otros dos personajes claves que se sitúan en las antípodas de la empatía con el espectador, el odioso Duque de Condé (Thomas Mustin) y la querible aya de Luis XV (Catherine Mouchet), auténtica encarnación del amor y único resquicio de humanidad para unos niños despojados de su infancia para satisfacer la ambición de unos adultos sin escrúpulos.
 
La fotografía de Gilles Porte y la música de Marc Tomasi completan el envoltorio estético de un film que hará las delicias de los amantes del cine de época a pesar de que, como se ha dicho, los personajes están muy por encima de la ambientación.

¿Qué te ha parecido la película?

Crítica de ‘Cambio de reinas’: Crónica de una infancia usurpada
3.8 (76%) 5 vote[s]

7

Puntuación

7.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: