Crítica de ‘Mi vecino Totoro’: Una película que saca lo mejor del niño interior que llevamos dentro

Las críticas de David P. “Davicine”: Mi vecino Totoro

Mi vecino Totoro (en japonés Tonari no Totoro) es el cuarto largometraje realizado por Studio Ghibli, y dirigido por Hayao Miyazaki en 1988.  Mi vecino Totoro tuvo un enorme éxito en su estreno en Japón, y el impacto cultural fue tan grande que Totoro no sólo se convirtió en la mascota del estudio, sino que es tan popular entre los niños japoneses como Winnie the Pooh pueda serlo para los occidentales. Ahora, con motivo de su 30º aniversario, regresa a los cines españoles.

La película es un retrato de la vida rural japonesa en los años cincuenta. Un profesor universitario se traslada junto a sus dos hijas, Mei y Satsuki, a una casa cerca de un bosque mientras su mujer se recupera de tuberculosis en un sanatorio rural. Un día, por casualidad, la más pequeña descubre la existencia de los Totoros: espíritus guardianes del bosque que sólo los niños de corazón puro son capaces de ver. Junto a estas entrañables criaturas y al gatobús, Mei y su hermana descubrirán el verdadero valor de la amistad, del amor y de la familia en una maravillosa e inolvidable aventura que les llevará más allá de su imaginación.

Mei (4 años) y Satzuki (10 años), las dos hermanas, son las protagonistas principales. Satzuki es la hermana mayor modelo, muy responsable y cariñosa. Se adivina el peso que implica la ausencia de la madre, y la obligación que asume para cubrir su falta. Mei es pura energía y alegría de vivir. Adora a su hermana, y la imita en todo. 

Como curiosidad, los nombres de las hijas hacen referencia al mes de Mayo. Mei es la transcripción fonética de May en inglés, y Satsuki era el nombre que recibía antiguamente en Japón el quinto mes. En lo que respecta a los Totoros, esos espíritus del bosque que habitan en el interior de un gigantesco árbol milenario, más específicamente, en un alcanforero, son tres: 

  • Dai-Totoro (大トトロ) (Gran Totoro): El de mayor tamaño de color gris y el más conocido de los tres.
  • Chū-Totoro (中トトロ) (Mediano Totoro): De color azul.
  • Chibi-Totoro (小トトロ) (Pequeño Totoro): De color blanco.

Miyazaki, que ya había dirigido Nausicaä del Valle del Viento y El castillo en el cielo, decidió empezar a escribir el guion y a encargarse de la dirección de Mi vecino Totoro justo después de acabar la segunda película. Como explicamos aquí, fue una producción paralela a otra obra del estudio, La tumba de las luciérnagas, ambas estrenadas la misma fecha y una detrás de otra. Tal fue el éxito en su estreno original que Totoro hace breves apariciones en otras películas del estudio, como en Susurros del corazón o Pompoko. Más curioso es que en la película Toy Story 3, Totoro es uno de los juguetes que aparecen, aunque no tiene un papel relevante. Este cameo se debe a la admiración que John Lasseter, director creativo de Pixar, tiene por la obra de Hayao Miyazaki.

Adentrándonos de lleno en la película, y no en lo que la rodea, no estamos ante una fascinante aventura sin cuartel como El viaje de Chihiro o el ligero viaje que nos muestra Ponyo en el acantilado, pero la historia de ritmo pausado y espectaculares y detallados aspectos visuales son parte del encanto. A diferencia de la mayoría de las películas de animación, ésta no está llena de la cultura pop o referencias consumistas que, si bien son divertidas cuando se manejan correctamente, también pueden empantanar películas de animación. 

Choca que en casi cualquier película animada occidental, cuando un niño vaga solo en el bosque es sometido a múltiples temores y peligros, pero en Mi vecino Totoro la naturaleza, en lugar de ser representada así, es algo que debe ser explorado y apreciado. Se basa en la experiencia, situación y exploración – no en el conflicto y la amenaza. Esto se hace evidente en las hermosas secuencias que implican Totoros.

Aunque a primera vista Totoro parece ser un monstruo, resulta ser “un vecino.” En Occidente, habría sido una criatura aterradora decidida a hacer daño a la pequeña Mei, que hubiera tratado de destruir la casa familiar y obligado a defender su sueño de una nueva vida en el campo. Por el contrario Ghibli logra que esa gigantesca figura desconocida entre en nuestros corazones y nos enseñe a valorar la naturaleza, la amistad e incluso la familia.

Esa bondad, encanto y armonía se unen en una de las escenas lúdicas de esta historia, en la que una noche bajo la lluvia, Satsuki y Mei comparten un paraguas esperando a que su padre llegue en autobús desde el trabajo. Cuando Totoro aparece de la nada al lado de ellas, le entregan un paraguas. Tras un rato de torpeza con él, finalmente lo pone encima de su cabeza. Encantado de oír las gotas de agua golpear encima de él, Totoro salta alegremente de arriba a abajo, sacudiendo las gotas de los árboles. Es un momento sencillo y mágico de la comunión entre los tres.

Pero no todo es motivo de sonrisa en la película, pues hay escenas dramáticas, como cuando la madre de las niñas empeora de su enfermedad en fin de semana, justo cuando está programada su primera visita a su nuevo hogar, o como cuando Mei se pierde mientras realiza su propia pequeña misión de misericordia. En ambos casos, Totoro está ahí para ayudar y en una de ellas, a Satsuki se le da el privilegio de viajar en el cómodo GatoBus (NekoBasu), otro personaje mítico de la película.

A diferencia de la producciones de Disney o Pixar, Mi vecino Totoro se pierde a menudo en el territorio puramente abstracto. De hecho, no es una historia que posea un orden tradicional de principio, desarrollo y fin, y en su lugar serpentea a lo largo de una serie de episodios caprichosos, capturando las emociones primarias que las jóvenes protagonistas no pueden comprender completamente. Estructuralmente, la película es un collage de momentos fugaces y sentimientos que se unen en un majestuoso retrato.

Los personajes son absolutamente encantadores, así como muy reales. Las características fraternales de Satsuki, las elocuencias juveniles de Kanta ocultando el afecto, y la ternura de Mei son sólo la punta del iceberg de la profundidad de los personajes que nos muestran, mientras que los mullidos y fantásticos Totoros completan este entretenido elenco de personajes.

La hermosa animación hace que estos espíritus de los bosques cobren vida. La forma en que respiran, la textura de su piel y las expresiones sutiles faciales ayudan a crear una criatura fantástica y, sin embargo, totalmente creíble. Hay una gran inocencia en ellos, y el hecho de que sólo los niños pueden verlos y comunicarse con ellos provoca que veamos este mundo secreto a través de los ojos de un niño y su imaginación.

Como siempre sucede en las películas de Ghibli, aparte de los personajes humanos (o seres vivos, mejor dicho), Mi vecino Totoro también ofrece una visión muy simple pero completa de la naturaleza y la maravilla que viene de la exploración de los bosques, vagando por los campos y examinando la fauna y la flora.

Mi vecino Totoro es una película encantadora repleta de imágenes preciosas, hermosa música y adorables personajes, que saca lo mejor del niño interior que llevamos dentro. Es una pena que más películas familiares no sean tan simples y bellas como Mi Vecino Totoro.


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10.0/10

David Pérez

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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