Crítica de ‘Green Book’: Paseando a Mr. Shirley

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Green Book

Publicado en 1936, “El libro verde del motorista negro” era una guía de hoteles y restaurantes para que los negros se pudiesen mover de forma segura por los Estados Unidos. La publicación dejó de existir a mediados de los sesenta con el avance de los derechos civiles. Lo que ahora nos parece un libro pintoresco se ha convertido en el título de la última película de Peter Farrelly, Green Book, una historia sobre amistad, pero también un elixir contra un problema, el del racismo, que los Estados Unidos aún no ha conseguido superar.

Principios de los años sesenta. El pianista negro Dr. Don Shirley decide emprender una gira por los Estados del Sur. Consciente del peligro que supone para un afroamericano moverse solo por la zona con más segregación racial del país, contrata a un chófer italoamericano, Tony Vallelonga, para que lo acompañe y lo proteja.

La historia de estos dos hombres que pasaron dos meses juntos en la carretera se ha convertido en el guion de Green Book gracias al hijo del propio Tony, Nick Vallelonga, con la ayuda del director, Peter Farrelly y del actor Brian Hayes Currie. La amabilidad y humor con la que han sabido contar este “bromance” les ha valido la nominación a mejor guion original y mejor película en la ceremonia de los Oscar de este año.

La firma de Peter Farrelly, conocido junto a su hermano por títulos como Algo Pasa con Mary o Dos tontos muy tontos, resulta cuanto menos curiosa en una película con un cimiento tan serio como es el racismo y la segregación. Pero es que, a pesar de su sentimentalismo, Green Book no busca la lágrima fácil y sorprende con un humor natural que se genera de forma orgánica, en lugar de buscar el chascarrillo. 

La película se une a una lista de clásicos como Los lirios del valle, En el calor de la noche o Paseando a Miss Daisy, donde se desarrolla una inesperada relación entre sus protagonistas, basada en la tolerancia y el entendimiento mutuo, al tiempo que los personajes se transforman en una mejor versión de ellos mismos. Porque Green Book no es solo una roadtrip geográfica. Como suele ocurrir, el viaje externo simboliza uno más complejo, el viaje hacia la identidad propia.

En este caso, encontramos una evolución más natural en el personaje de Dr. Shirley que en el de Tony. El segundo es presentado como un vulgar buscavidas con serios prejuicios hacia los negros. Sin embargo, da la impresión de que tras montarse en el coche dirección a los Estados del Sur, su racismo se queda también en Brooklyn. Dr. Shirley es mucho más interesante. Muestra una fuerte seguridad en sí mismo al comienzo de la película, pero no tardamos en darnos cuenta de que es pura fachada. “Demasiado negro para ser blanco, demasiado blanco para ser negro” dice en una ocasión, Shirley se encuentra en tierra de nadie lo que le lleva a encerrarse en una soledad hermética de la que, ni siquiera al final de la película, logra escapar del todo.

Se puede tachar al guion de predecible, y a nadie se le escapará la pifia ya anotada con respecto al personaje de Tony y su paso del racismo virulento al buenrollismo en cinco minutos, pero ambas faltas se compensan con el equilibrio entre ambos personajes principales. Viggo Mortensen se lleva, con su interpretación de Tony, su tercera nominación a los Oscar. El actor, que ha ganado veinte kilos para meterse en la piel de Vallelonga, sostiene casi todo el peso cómico del guion, y crea un personaje tan amable que disculpa la a veces estereotipada interpretación de un italoamericano.

Green Book también es la segunda nominación al Oscar para Mahershala Ali, quien tras su granito de arena poniendo voz al tío Aaron en Spider-Man: Un nuevo universo y la nueva —y por ahora genial— temporada de True Detective, se ha convertido en el hombre del momento. Ali ofrece una interpretación elegante y profunda que habla más del personaje en una mirada de lo que lo hace el guion en toda la película.

Green Book no es el adalid cinematográfico contra el racismo. Aún diría más, Farrelly utiliza el racismo de mero trampolín para relatar una sencilla historia de amistad, sin más pretensión que su falta de cinismo. 


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Crítica de ‘Green Book’: Paseando a Mr. Shirley
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7

Puntuación

7.0/10

2 comentarios sobre “Crítica de ‘Green Book’: Paseando a Mr. Shirley

  • el 12 febrero, 2019 a las 12:50
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    Una película que me ha encantado. Me ha gustado porque es una roadmovie que sin caer en demasiados tópicos sobre racismo, recrea la amistad y una sociedad que en el sur todavía es reticente a desaparecer, sobre todo en la visión de la policía.

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    • el 12 febrero, 2019 a las 13:05
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      Hola, Natacha. Primero de todo, agradecerte el comentario porque a veces parece que escribamos para no ser leídos, así que me hace muchísima ilusión.
      Estoy contigo, es una película que profundiza más en la amistad de los protagonistas que en el tema del racismo en sí. Se ha criticado precisamente eso, que no entre más a fondo, pero yo creo que en ambos personajes se refleja muy bien el tiempo en que transcurre la acción, ese amanecer de la lucha por los derechos civiles, el contraste entre el norte y el sur estadounidense y la dicotomía del personaje de Mahershala Ali que se encuentra entre esos dos mundos. Creo que la relación de ambos personajes cuenta más de lo que parece en un principio.

      Un saludo y nos leemos

      Respuesta

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