Crítica de ‘Acuarela’: Ojos que no ven, corazón que siente

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Acuarela
 
Recuerdo haber visto las dos primeras películas de Silvio Soldini en la Seminci, su ópera prima, El sereno aire del Oeste, en 1991, y Un alma dividida en dos en 1994. El único recuerdo que conservo de ambas es el soberano aburrimiento que me produjeron. Reviso en internet su filmografía y no he vuelto a ver ninguna película suya (ni siquiera sé si se han distribuido en España) hasta esta Acuarela de 2017 que se estrena esta semana en nuestro país. No entiendo el título elegido para su distribución, el título original es Il colore nacosto delle cose (El color oculto de las cosas) que tiene cierta lógica con el argumento pues la protagonista femenina, Emma (Valeria Golino), es una invidente a cuyos ojos, en consecuencia, los colores no son visibles. La palabra acuarela se pronuncia una sola vez en toda la película como una referencia a las acuarelas que Emma pintaba en su juventud. Ninguna relación con la trama, ninguna relevancia en el trascurso del film. En España alguien decide que la película se estrene con el título Acuarela. No lo entiendo. A estas alturas tampoco pretendo entenderlo.

Me reencuentro por tanto con el cine de Silvio Soldini un montón de años después (no tengo ganas de echar cuentas) y descubro que no me aburro pero tampoco me apasiono, Acuarela es una historia bienintencionada que se queda a medias de todo, al relato que Soldini ha escrito junto a Doriana Leondeff y Davide Lantier le falta profundidad y le sobran vericuetos argumentales con tramas accesorias que no aportan gran cosa. A la realización le falta audacia y a él mismo como director le sobran ínfulas experimentales preparando un auténtico batiburrillo de formatos cinematográficos y le falta pulso narrativo para conseguir que nos lleguemos a interesar por la vida de Teo (Adriano Giannini) y Emma (Valeria Golino).

Él es un hombre metido en la cuarentena, publicista profesional, afectivamente despegado de su familia, mujeriego, uno de esos hombres que evita profundizar en nada para no hacerse daño pero se reviste de una coraza de falsa alegría tratando de convencerse y convencer a los demás que la vida está para divertirse sin tener en cuanta las consecuencias. Tiene una novia formal, una amante informal y, de repente, se encuentra con una mujer ciega de la que, al parecer, se enamora de verdad.  Ella, Emma, la mujer ciega en cuestión, es osteópata de profesión, sobrelleva su invidencia con serenidad y aceptación, le revienta que los demás le sientan lástima y en cierto modo se ha resignado a no ser amada.

La historia de amor entre ambos no termina de funcionar ni como comedia romántica ni como drama existencial. Continuamente esperamos que ocurra algo que haga estallar la película y todo se mantiene en un tono monocorde tan fácil de ver como de olvidar. Adriano Giannini no ofrece nada memorable y demuestra estar a años luz de la talla interpretativa de su padre, el gran Giancarlo Giannini y Valeria Golino, que es sin duda lo más destacable del film, da vida a esa mujer herida a la que le cuesta aceptar que le amen porque se ha construido un muro defensivo para evitar ser defraudada. Los encuentros y desencuentros de la pareja protagonista son filmados sin demasiada convicción y un final tan abierto como críptico nos deja con la sensación de que se ha desaprovechado una buena idea en una película del montón.


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Crítica de ‘Acuarela’: Ojos que no ven, corazón que siente
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