Crítica de ‘Malos tiempos en El Royale’: Un cluedo neo-noir que no termina de resolverse

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Malos tiempos en El Royale

Pocos directores pueden contar con una opera prima que se convierta inmediatamente en película de culto. Drew Goddard lo consiguió cuando en 2012 estrenó La cabaña en el bosque, un título que entró de inmediato en el Olimpo del género de terror. Malos tiempos en El Royale es su segundo largometraje como director, pero, a pesar de sus cosas buenas, muy buenas, la película no solo no alcanza la calidad de su predecesora, sino que queda como un boceto de algo que podía haber salido redondo.

El Royale es un hotel en la frontera entre Nevada y California. En él se reúnen de manera fortuita unos misteriosos personajes. Los secretos y el pasado que arrastran, se suman a los interrogantes del propio hotel que se convierte en un purgatorio donde serán juzgados.

Malos tiempos en El Royale tiene guión del propio Goddard, quien ha firmado otros títulos de éxito como Monstruoso, Marte o capítulos de series como Buffy, cazavampiros o Perdidos. En esta ocasión narra un thriller coral que recuerda en ocasiones a Tarantino y en otras a los hermanos Coen. Es tal vez esta falta de identidad propia la que juega en su contra. Malos tiempos en El Royale lanza demasiados misterios como para alcanzar un desenlace satisfactorio. Y es que el comienzo es demasiado bueno e intrigante para lo que al final esconde.

Eso no significa que la película carezca de valor. Si el desarrollo del guion está lejos de ser redondo, aun mantiene unos diálogos dinámicos que demuestra lo bien que Goddard dibuja personajes. El problema es que no sabe hacer de ellos una herramienta narrativa y, finalmente, parece una exposición de sujetos sin un predicado que los acompañe. Su otra baza es su narración fragmentada en cada una de las historias de los huéspedes del hotel, que nos permite ver la realidad de un mismo momento desde distintas perspectivas.

La película sabe mantener el interés del espectador que, a pesar de no poder resolver todas las dudas que le despierta, se queda sumergido en su atmósfera opresiva, entre lo kitsch y lo psicodélico, gracias al meticuloso trabajo de diseño de producción de Martin Whist (Down with Love, Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket) y la fotografía de Seamus McGarvey (Animales nocturnos, El gran showman).

El protagonismo coral de los personajes es otro de los puntos destacables de la película. Jeff Bridges ofrece una gran actuación, aunque viniendo de él no es de sorprender ni de destacar. Jon Hamm, quien se hizo famoso por el papel del canalla y misterioso Don Draper en la serie Mad Men, consigue una interpretación tan pulida, que dejas de ver al publicista de Madison Avenue y pasa a convertirse en el arrogante y grimoso vendedor de aspiradoras, Laramie Seymour Sullivan. Dakota Johnson demuestra que Anastasia Steele es cosa del pasado y que detrás de ella se escondía una actriz fascinante.

Si hay algo que debemos agradecer a Drew Goddard, es el poder ver a Chris Hemsworth como un chico malo. El actor australiano que consiguió el papel de Thor a mitad de rodaje de La cabaña en el bosque, ha estado todos estos años balanceándose entre el papel de héroe y el de chico guapo tonto. En malos tiempos en El Royale por fin podemos verlo en un nuevo registro. Su personaje, Billy Lee, es un reflejo de Charles Manson; un gurú mesiánico demasiado tan atractivo como peligroso.

Hemos de mencionar también a la actriz y cantante Cynthia Erivo como Darlene Sweet, el personaje más inmaculado de todos aquellos que pisan el hotel, un testigo de una época en la que la raza podía determinar la culpabilidad en un delito no cometido. Erivo sale airosa de las escenas compartidas con Bridges y Hamm, además de ofrecernos una voz impresionante cuando canta.

Y es que la música es otra de las herramientas con las que Goddard nos lleva a los 60. Grupos como The Crystals, The Supremes o Four Tops, acompañan la genial banda sonora de Michael Giacchino, donde tan pronto se enfrentan piano y percusión, como suena un coro de voces celestiales.

El principal problema de la película es que Drew Goddard ha querido vendernos una historia de misterio al más puro estilo Agatha Christie, para después hacer una metáfora del bien y del mal, y el resultado es un espectador frustrado por no haber podido desgranar todo lo que, estoy segura, esconde la historia. 


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Puntuación

6.0/10

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