Crítica de ‘Ha nacido una estrella’: Más música que cine

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Ha nacido una estrella
 

Ha nacido una estrella en su cuarta versión cinematográfica supone el debut como director de Bradley Cooper, un actor de incuestionable carisma y sobrado talento por el cual siento muchísimo respeto. Estamos ante el enésimo caso de un intérprete que tras haber cimentado una sólida carrera como actor decide dar el salto a la dirección. Supongo que la inquietud, la curiosidad y el reto profesional deben ser estímulos demasiado intensos para resistirse a la tentación y gracias a ello hemos podido disfrutar de filmografías tan brillantes como las de Robert Redford, Woody Allen o Clint Eastwood y descubrir que detrás de actores del montón había directores más que notables como Ben Affleck o de actores malísimos había directores buenísimos como Quentin Tarantino.

Aunque desconozco si Bradley Cooper había dirigido alguna vez algún cortometraje o el vídeo de las vacaciones en la playa de sus sobrinos, sin conocida experiencia ha decidido liarse la manta a la cabeza y comenzar su filmografía a lo grande: una superproducción musical, nueva versión de un clásico muy querido en Hollywood, coescribiendo el guion, dirigiendo a una gran estrella de la música que nunca había interpretado un papel protagonista y para más complicación dirigiéndose a sí mismo en el papel principal. Visto el resultado, la primera conclusión a la que llego es que se ha pasado de ambición. La cosa era tan sencilla como que hubiera contratado a un director con experiencia si estaba enamorado del personaje o a otro actor protagonista si estaba empeñado en dirigir, pero las dos cosas al tiempo eran, como diría mi abuela, demasiado arroz para tan poco pollo.

La película comienza de un modo brillante, la presentación de los personajes protagonistas funciona, Jackson Maine (Bradley Cooper) es una estrella de la música en pleno esplendor de su carrera que tras multitudinarios conciertos reventando estadios solo tiene el refugio del alcohol y la compañía de su chofer que le lleva por la ciudad buscando los últimos garitos abiertos. Ally (Lady Gaga) tiene un trabajo de supervivencia con un jefe impertinente mientras apura sus últimos intentos por ser cantante. El primer tercio del film transcurre en tono de cine de autor a pesar de que los acontecimientos suceden demasiado deprisa. Aparecen también otros personajes muy prometedores como el mejor amigo de Ally (Anthony Ramos), su padre (Andrew Dice Clay) o el hermano y manager de Jackson (Sam Elliot) que lamentablemente se irán desinflando víctimas de un guion demasiado ensimismado en el auge de la estrella emergente (Ally) y la bajada a los infiernos de la consagrada (Jackson). A medida que avanza el (excesivo) metraje, el melodrama se va apoderando poco a poco del film y el intimismo inicial se diluye para dar paso a un mayor artificio en las relaciones entre los personajes incluyendo una soterrada crítica a la industria de la música y la superficialidad que impregna todo el mundillo de conciertos, fiestas y premios musicales. 

Cooper sufre en su desdoblamiento de funciones y la que se resiente es la dirección, conduce la narración a trompicones, sin un ritmo uniforme, secuencias demasiado cadenciosas suceden a otras atropelladas y la cámara no siempre parece colocada en el mejor sitio para la coherencia del relato y sí para el lucimiento de unos protagonistas que, por otra parte, no habrían necesitado de tanto efectismo porque ambos están muy bien. Bradley Cooper encarna con veracidad la soledad acompañada de una estrella de la música, la autoconsciencia del precio a pagar por el éxito, la amargura de un pasado familiar tormentoso y la autodestrucción a base de alcohol y drogas. A sus ya conocidas cualidades como actor, Cooper añade un sobresaliente desempeño como cantante. El caso de Lady Gaga es exactamente el mismo pero al revés, como actriz está francamente bien lo cual no me parece sorprendente teniendo en cuenta el modo en que ha conducido su carrera y como son sus conciertos y videoclips, ¿alguien dudaba de que detrás de la cantante había una actriz? Como intérprete es absolutamente indiscutible, incluso aquellos a los que no les gusta su música reconocen su talento. Cada vez que abre la boca para cantar uno tiene la sensación de que va a ocurrir algo milagroso y todas las actuaciones musicales de la película son absolutamente hipnóticas gracias a ella.

Y es que todo lo musical funciona mucho mejor que lo cinematográfico en Ha nacido una estrella, las canciones originales, casi todas compuestas por Lady Gaga son francamente buenas, desde el gran hit “Shallow” que ya conocíamos parcialmente desde hace meses gracias al tráiler (y que huele a Óscar) hasta la maravillosa “Always Remember Us This Way” que pone los pelos de punta. Las secuencias en los conciertos están, estas sí, francamente bien filmadas y la química en el escenario entre Cooper y Gaga es brutal. Tanta fuerza tiene la música que en una decisión con pocos (o ningún) precedentes, el lanzamiento del CD con las canciones que habitualmente suele preceder en meses al estreno de la película, ha sido simultáneo y hasta el día del estreno de la película no se ha puesto a la venta la banda sonora. Desde luego dicho CD ocupará un lugar de mayor honor en mi colección de bandas sonoras que el bluray en mi colección de películas.

Me produce cierta tristeza pensar lo que podría haber resultado de esta película en caso de haber sido dirigida por un director con más talento y experiencia, Damien Chazelle, por ejemplo, habría sacado petróleo con estos mimbres. Otra vez será.


¿Qué te ha parecido la película?

Crítica de ‘Ha nacido una estrella’: Más música que cine
4.6 (91.43%) 7 votes

 

6.5

Puntuación

6.5/10

También te puede interesar

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.