63 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Aga’: El fin de un modo de vida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 63 SEMINCI: 
Aga
 
Imaginen que a un director español le da por filmar a una pareja de ancianos que viven aislados en una aldea gallega, de la sierra de Ávila o del pirineo aragonés durante tres o cuatro días de su vida haciendo sus labores ancestrales del campo, alimentándose, aseándose, vistiéndose, consiguiendo leña para calentar la casa, aplicándose ungüentos para los males de salud y rezando el rosario a media tarde, con eso, el director en cuestión realiza un montaje de treinta minutos con largos silencios. ¿Creen que podría funcionar en una película de ficción? Ahora imaginen eso mismo pero con una pareja de ancianos cazadores de renos lapones, un pueblo a punto de extinguir sus hábitos de vida en el noroeste de Rusia, así es como comienza Aga, el segundo largometraje del director búlgaro Milko Lazarov que se ha presentado esta mañana en la sección oficial de la 63 SEMINCI
 
Esta primera media hora de cine antropológico en las que se interpretan las señales de la naturaleza como augurios o se establecen vínculos mágico-religiosos con elementos naturales como las rocas, la nieve o la llegada de los cuervos sirve a Milko Lazarov para presentar a sus personajes Nanook (Mikhail Aprosimov) y Sedna (Feodosia Ivanova) y para sentar las premisas de la historia que quiere contar, también sirve para que muchos espectadores abandonen la sala en la que se proyectaba, supongo que extasiados con la sobredosis de cine meramente contemplativo.
 
Es una lástima, porque a partir de esta media hora de metraje que, a fuer de ser sinceros se hace eterna, Milko Lazarov decide arrancar con la narración y de repente descubrimos que Nanook y Sedna, la pareja de ancianos que hemos estado contemplando durante media hora se aman de una manera enternecedoramente absoluta, que Sedna está gravemente enferma, que Nanook ha perdido facultades como cazador de renos, que tienen dos hijos, un varón, Chena, que les visita de vez en cuando y una hija, Aga, con la que hay alguna rencilla del pasado que ha sido perdonada, que conocen leyendas sobre renos mágicos que llenaron la tierra de animales de los que alimentarse y que sueñan, Sedna sueña con una vida diferente, con tiempos pasados, con bebés que ríen y que se transforman. 
 
Aga es ante todo una película estéticamente hermosa, es incuestionable que esa ha sido la principal pretensión de Milko Lazarov, retratar un paisaje sobrecogedor en toda su inmensidad y ponerlo en contraste con los grandes temas de su película, porque en Aga se habla de la soledad, del aislamiento físico y emocional, del amor, del perdón, de la familia, de la añoranza de tiempos mejores, de la tristeza por el devastador efecto del paso del tiempo, de la vejez y su pérdida de facultades y de la muerte, ¿cómo no?, Aga habla también de la muerte.
 
Con un delicadísimo uso de la foto fija, Lazarov, utiliza un formato cinematográfico con las esquinas ligeramente redondeadas para fotografiar el cielo, la nieve, las rocas y las cada vez más escasas especies animales al tiempo que retrata el agotamiento de un modo de vida que languidece ante la modernidad o, como el propio director ha explicado en la rueda de prensa que siguió a la proyección, los instantes previos al apocalipsis.
 
También rezuma delicadeza el sabio uso de la música diegética a través del transistor que les trae su hijo hasta que, cuando el relato vuelve a virar como consecuencia de algo que sucede, Lazarov comienza a emplear de un modo más notorio la música no diegética, no para subrayar la belleza de las imágenes sino los estados de ánimo de los personajes y, también hay que decirlo, empujar al espectador a conmoverse más aún con los primeros planos de padre e hija, Nanouk y Aga, al son del Adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler.
 
Película hermosa, aunque no apta para veganos ni animalistas, que suple la simplicidad de su guion y su tediosa primera media hora con una abrumadora propuesta estética y con la emotividad de una historia que va ganando en intensidad a medida que avanza el metraje.

7

Puntuación

7.0/10

2 comentarios sobre “63 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Aga’: El fin de un modo de vida

  • el 25 octubre, 2018 a las 19:31
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    Por lo que cuentas, se podría resumir: DERSU UZALA + UNA FAMILIA DE TOKIO contado por un búlgaro. ¿Me he pasado?

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    • el 1 noviembre, 2018 a las 10:41
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      No llega a tanto, es buena, pero no tiene ni la frescura de Familia de Tokio ni el impacto de Urzula

      Respuesta

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