63 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Utoya, 22 de julio (Utøya 22. juli)’: Los verdaderos dramas no necesitan de artificios

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 63 Seminci:
Utoya, 22 de julio

El 22 de julio de 2011 un hombre armado de extrema derecha atacó a más de medio millar de jóvenes que participaban en un campamento político en una isla cerca de Oslo. Ese mismo día, con anterioridad, había colocado una bomba en un edificio gubernamental de dicha ciudad; fue después cuando se desplazó hasta la isla de Utoya.

Este acontecimiento real da pie a la primera película ficticia sobre el ataque, dirigida por Erik Pope. A través de los relatos de los supervivientes, Pope ha realizado este largometraje en el que conoceremos a Kaja, de 18 años, y a sus amigos. La película comienza con los jóvenes, impresionados por la bomba en Oslo, tratando de calmar a sus familias asegurándoles que están suficientemente lejos del incidente. De repente, esa sensación de seguridad se quebranta con el sonido de unos disparos. A continuación, seguiremos a Kaja minuto a minuto en su intento por salvarse. Y la expresión “minuto a minuto” es más que apropiada en esta ocasión, pues realmente la película nos hace vivir en primera persona, y en tiempo real, la duración completa del ataque a modo de plano secuencia.

Curiosamente, y aunque está centrada en un ataque terrorista, Utoya, 22 de julio es una película sensible que evita al propio terrorista y se centra en la terrorífica experiencia de las víctimas. En ningún momento se plantea buscar respuestas, y menos darlas, siendo simplemente la recreación de unos sucesos. De esa forma, la primera imagen de la película es sorprendente y reveladora, pues con una  profunda mirada a cámara nos dicen la frase “Nunca lo entenderás”.

Con la ayuda de las historias y conversaciones con los supervivientes, Erik Poppe y los guionistas Anna Bache-Wiig y Siv Rajendram Eliassen han logrado que la película se convierte en un apasionante testimonio del incidente, siempre dentro de lo que cabe en una ficción. Muchos de las reacciones de los individuos y las situaciones que viven son impensables en tiempos de paz, y permite dar a la película la sensación y la fuerza de un documental.

A pesar de intentar dar realismo a la película, está claro que hay una historia dramatizada detrás de la confusión y el pánico, pues todo sigue una estructura clara que da profundidad no solo a los eventos en la isla, sino también a la comprensión de estos acontecimientos por parte de los jóvenes del país. La idea de presentar todo como una escena larga es ambiciosa, pero no desentona con el tono de la película, aunque no es innovador y ya otros  cineastas lo han hecho en películas como El arca rusa de Aleksandr Sokúrov o Victoria de Sebastián Schipper. Pero Utoya, 22 de julio prefiere enfatizar en la parte más terrible sin explicaciones ni efectos visuales, tan sólo el estruendor de los disparos de fondo que atemorizan a los protagonistas

El fotógrafo Martin Otterbeck nos ofrece una mirada centrada en el momento, siendo la cámara a la vez observadora y “una” de ellos, huyendo entre los árboles o hundiendo la cara en el barro para no mirar lo que sucede. Cuando el caos  se desata, no son los grandes planos los que dominan la película, sino las imágenes cercanas, como si la cámara, al igual que los jóvenes, no se atreviera a levantar la mirada por miedo a lo que pudiera ver.

Entre los 500 jóvenes, la película sigue a la joven Kaja, interpretada por Andrea Berntzen, y se maneja con soltura cambiando de registros a la perfección, comenzando como la chica buena que busca cambiar el mundo, para posteriormente reflejar el miedo y la ignorancia ante lo desconocido, y cuando ya saben lo que sucede, el coraje y la rabia para ayudar a los demás, mientras intenta sobrevivir. En 72 minutos tiene la gran responsabilidad de llevar sobre sus hombros la ansiedad y el dolor de toda una nación. Sin embargo, el mayor error de la película es quizás también ese, lo innecesario que era centrarse en un único personaje, que hace que la película sigue un modelo de narrador muy obvio, y que habrán elegido para crear crear una mayor cohesión en la historia, cuando era la historia de muchos.

Utoya, 22 de julio hace que nos sintamos atrapados en la isla, sin la necesidad de música ni efectos visuales, intentando acercarnos a los sentimientos y sensaciones vividos en la isla, aunque pocos querríamos sentir ese tipo de cosas, y  sirve para mostrarnos los peores aspectos de la humanidad.

7

Puntuación

7.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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