63 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘La Quietud’: Inquietante relato intimista y femenino

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 63 Seminci:
La Quietud

Pablo Trapero regresa a la Semana Internacional de Cine de Valladolid casi 20 años después de debutar en el largometraje en 1999 con Mundo grúa, seleccionada en la 44 Semana, y ganadora del premio Fipresci en el Festival de Róterdam. Entre esas dos películas ha realizado grandes producciones galardonadas a lo largo y ancho de festivales de todo el Mundo, por eso se esperaba con ganas el nuevo trabajo del director de El Clan, con la que se alzó con el premio Goya a la mejor película iberoamericana en 2015 y premio al mejor director para él en el Festival de Venecia.

En La Quietud, después de muchos años de ausencia y de que su padre sufra un derrame cerebral, Eugenia vuelve a La Quietud, la propiedad familiar, cercana a Buenos Aires, donde se reencuentra con su madre y con su hermana, Mía. Las tres mujeres se ven obligadas a hacer frente a sus traumas afectivos y a oscuros secretos de su pasado común, que transcurrió con el telón de fondo de la dictadura militar. Afloran de nuevo a la superficie resquemores enterrados hace tiempo y los celos entran en escena, todo ello incrementado por la perturbadora semejanza física entre las dos hermanas…

La Quietud se maneja con soltura entre el estilo de película comercial y el cine de autor. Desarrolla unos personajes y una historia con gran sutileza y de forma intimista, pero a la vez emplea este retrato femenino para destapar un pasado social y político que seguro dará que pensar y atraerá espectadores, más allá del reclamo de su elenco. De inicio un guion que maneja pocos elementos más allá de los diferentes miembros de la familia, pero los aprovecha tan bien enfatizando cada situación, logrando ir poco a poco ampliando miras y tocando temas, que van más allá de un conflicto interno.

En el reparto nos encontramos una selección de actores de la talla de Bérénice Bejo (The Artist), Martina Gusman (Carancho), Graciela Borges (La Ciénaga), Joaquín Furriel (El Faro de las Orcas), y Edgar Ramírez (GOLD, la gran estafa), pero sobre todo destacan las dos primeras dando vida a dos hermanas con muchas más cosas en común de las que inicialmente podrían parecer, siendo una dupla perfecta, que se compenetran y transmiten toda la química que cabría esperar de dos hermanas que se adoran y han vivido muchas experiencias juntas. Graciela Borges, que en cada secuencia deja claro por qué es una diva del cine argentino. En relación a los personajes masculinos, el venezolano Edgar Ramírez da vida al marido de Euge, mientras que Joaquín Furriel interpreta con solvencia a un abogado más que amigo de la familia. 

La fotografía de La Quietud destaca tanto en planos abiertos como en planos cortos, viéndose reforzada por la finca donde transcurre gran parte de la película, que parece hecha a medida para las necesidades del cineasta. En ocasiones parece que estemos dentro de un episodio de Dallas, donde no falta la plata, los decorados ostentosos, pero también esos resentimientos y problemas que se destapan. Dicha finca refuerza el clima visual de este entorno idílico donde se ubica, creando una atmósfera especial que poco a poco se va enrareciendo. Mención especial merecen algunas escenas rodadas con plano secuencia, que nos llevan de la mano por las diferentes conversaciones paralelas, pero a la vez entremezcladas, no dejándonos salir del ambiente familiar en el que nos introduce, donde parece que bailamos un Vals en el interior de una funeraria disfrutando de la contención de sentimientos de los protagonistas.

El director se regodea en las escenas eróticas en pleno auge de empoderamiento femenino, y pone a Mia y a Eugenia al borde del incesto, en una escena no apta para corazones sensibles, pero no escatima el recurso del sexo para ahondar más en los conflictos como parte del proceso lento y delicado de ir destapando las penas y sufrimientos de esta familia. A favor de La quietud juega la inquietud, pues el director no quiere que nos relajemos, y mantiene alertas a sus protagonistas, sucediendo en todo momento algo en pantalla, sobre todo en el último tramo de la película, donde las acciones se amontonan como si hubiera dado para una serie esta película, y han tenido que condensar todo en mucho menos metraje, pero en vez de dar la sensación de atropello, ayuda a dejarnos un mejor recuerdo de la historia vista.

La banda sonora juega un papel igual de desconcertante que los secretos desvelados, y nos ofrece temas como “Le rempart” de Vanesa Paradis, o “People2” de Aretha Franklin, además del tema que funciona como un leitmotiv, “Amor completo”, por Mon Laferte, temas todos ellos que se ajustan muy bien con el toque internacional que otorga tener en el reparto a Bejó y Ramírez.

La quietud inquieta y perturba, no deja cómodo al espectador, y nos atrapa con una historia bien hilada, soberbiamente interpretada, con un virtuosismo visual que eleva la película a otro nivel más allá de los meros términos “comercial” y “de autor”.

8

Puntuación

8.0/10

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David Pérez

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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