Crítica de ‘Wonder Wheel’: Woody Allen y la fatalidad del destino

Crítica de ‘Wonder Wheel’: Woody Allen y la fatalidad del destino
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Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Wonder Wheel

Es probable que el mayor disgusto que acarree la madurez, por encima incluso del declive de las facultades físicas, sea el de acomodar las, a menudo desmedidas, expectativas que uno ha creado sobre sí mismo durante la infancia y la juventud para asumir que tal vez deba conformarse con ser un común de los mortales y no una estrella del rock, bailarina en el Covent Garden, deportista de éxito o galardonado con el Premio Nobel de turno. La mayoría de las existencias discurren por un sendero de mediocridad en el que, por cuestión de mera supervivencia emocional, hay que aprender a transitar con un talante al que unos (los más optimistas) llaman felicidad y otros llamamos resignación.

Sobre esta insatisfacción vital y otros avatares del sentido trágico de la vida, construye Woody Allen el personaje central de Wonder Wheel, una mujer en sus cuarenta pasados (interpretada por una soberbia Kate Winslet) que lejos de la excepcional actriz de teatro que soñaba ser, malvive como camarera en una especie de chiringuito en la playa de Coney Island con un marido fanfarrón e ignorante (Jim Belushi) y un hijo pequeño (acaso el alter ego de Allen siempre presente en sus películas) al que le ha dado por huir del turbio mundo de los adultos refugiándose en las salas de cine y practicando la piromanía.

Completan el arco de personajes el socorrista de la playa (Justin Timberlake) que, como le ocurre a la protagonista quiere huir de su gris existencia y convertirse en dramaturgo y una hija del marido fanfarrón (Juno Temple) que malgastó su juventud casándose con un mafioso de pacotilla y ahora huye de un turbio destino refugiándose en los brazos de un padre que la había repudiado. Todos los personajes están en mayor o menor medida marcados por la fatalidad y conviven de manera diferente con la conciencia de ser o no responsables de su propia tragedia. El cuestionamiento de si esa debilidad fatídica en forma de decisiones equivocadas lastra nuestra suerte o el destino es irrefutable e inmune a nuestros aciertos y errores sostiene el núcleo de un film tan sólido como amargo, tan estéticamente preciosista como argumentalmente despiadado.

Con el cine de Woody Allen existe un permanente riesgo de banalizar algunas de las subtramas que habitan en sus siempre brillantes guiones y pasar por alto situaciones que juegan un papel fundamental en lo que el genio neoyorkino quiere contarnos, y en Wonder Wheel hay un permanente empeño, más evidente desde el guion que desde la dirección, en tratar de convencernos de que intentar de escapar del destino es una tarea inútil. Este pesimismo existencial que impregna todo el metraje de Wonder Wheel no es nuevo en el cine de Allen pero, no sé si influido por una edad que indudablemente le aprieta el ánimo, nunca había sido tan amargo, sin dar respiro al espectador con sus habituales y característicos toques de humor.

Las enajenadas miradas de Kate Winslet al vacío, el melancólico relato de sus (sin duda idealizados) recuerdos de su prometedor pasado como actriz y ese desesperado intento por subirse al (probable) último tren que se le presenta en forma de romance con el joven y guapo socorrista componen el núcleo de esta noria de Coney Island sobre la que Allen apoya además otra serie de reflexiones sobre el deseo y los celos como vertientes de un amor cuya naturaleza está siempre en el centro del relato, el amor a primera vista, el amor apasionado o el sucedáneo del amor entendido como necesidad, dependencia, gratitud, compañía y sexo mecánico.

La fotografía de Vittorio Storaro y su virtuoso manejo de la luz permiten a Allen jugar con los reflejos de las luces de la feria con los que crea secuencias en las que el viraje de los colores moldea tanto los estados de ánimo de sus personajes como los de los espectadores sometidos sin remedio a la inevitabilidad de los hados mientras suena el “Kiss of Fire” de Georgia Gibbs para terminar de sacudirnos el espíritu.

Wonder Wheel es uno de los films más complejos de toda la filmografía de Woody Allen y de los de mayor profundidad intelectual, todo el metraje rezuma el regusto amargo de las grandes obras de Tennessee Williams o Eugene O´Neill cuya presencia es casi permanente en el sustrato temporal, argumental, estético e ideológico de un excepcional guion (uno más) firmado por el mejor escritor para el cine de los últimos cincuenta años, y se dice pronto.

8

Puntuación

8.0/10

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘Wonder Wheel’: Woody Allen y la fatalidad del destino

  • el 23 abril, 2018 a las 04:50
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    Jose, siempre bueno leer una gran crítica. Saludos desde Brasil!

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    • el 3 mayo, 2018 a las 16:39
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      Gracias. También es gratificante ser leído desde Brasil. Un saludo.

      Respuesta

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