Crítica de ‘American Pastoral (Pastoral americana)’: Enésimo intento fallido de adaptar a Philip Roth

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: American Pastoral (Pastoral americana)

No tiene suerte Philip Roth con las adaptaciones de sus novelas al cine. Uno de los grandes narradores de nuestro tiempo, eterno candidato al Nobel de literatura, tiene que sufrir, una detrás de otra, fallidas versiones cinematográficas de sus obras. No he visto todas ellas pero nada me hace pensar que Goodbye, Columbus (Larry Peerce, 1969) o Portnoy’s Complaint (Ernest Lehman, 1972) sean ninguna maravilla cuando no han trascendido lo más mínimo y ni sabía de su existencia hasta que me he puesto a buscar cuántas películas se han hecho sobre novelas del autor de Nueva Jersey. Recuerdo con soporífero aburrimiento haber visto La mancha humana (Robert Benton, 2003) pero apenas conservo nociones de cuanto ocurría. Tampoco me entusiasmó el acercamiento que Isabel Coixet hizo en 2008 a “El animal moribundo” con su Elegy a pesar de las meritorias interpretaciones de Ben Kingsley y Penélope Cruz. La mejor hasta la fecha me parece la irregularmente notable La sombra del actor (Barry Levinson, 2014) sobre la que ya tuve ocasión de escribir en No es cine todo lo que reluce hace un par de años y que adaptaba su novela “La humillación”.

Varios alicientes confluían para que hubiera mucha expectación ante esta American Pastoral que nos llega a las pantallas unos meses después de su paso por el último Festival de San Sebastian. En primer lugar se trata de una de las novelas más reputadas de Roth por la que obtuvo en 1998 el Premio Pulitzer. En segundo lugar supone el debut en la dirección del actor escocés Ewan McGregor y, en tercer lugar, presenta un reparto de campanillas encabezado por el propio McGregor al que acompañan, entre otros, Jennifer Connelly, Dakota Fanning y David Strathairn.

Expectación fallida y alicientes que se evaporan en cuanto da comienzo un largometraje acartonado que falla desde el momento en que el guion de John Romano ultraja la novela de Philip Roth cambiando el modo de narrar la historia. Para convertir al personaje que interpreta David Strathairn en un narrador al uso, tirando de voz en off, sin aportar nada de su particular punto de vista y contando toda la historia en un largo flashback, mejor se lo hubieran ahorrado. No hay en el guion de Romano nada de la inteligente prosa de Roth, nada de su potente uso del lenguaje, nada de su profundo cúmulo de ideas y pensamientos, nada de su afilada crítica al “american way of life”, nada de su laboriosa construcción de personajes. Nada.

Tampoco hay nada en la dirección de McGregor que haga pensar que estamos ante otro exitoso ejemplo de actores normales convertidos en excelentes directores (me resulta inevitable citar a Ben Affleck). No. Su dirección es plana como una tabla de planchar y vacía como un pozo seco. No hay ni pulso narrativo ni un solo atisbo de estilo propio en plano alguno. Las secuencias se suceden unas detrás de otra con una desidia abrumadora y en ningún momento es posible conectar con esta perfecta pareja americana compuesta por la reina de belleza (Connelly) y el capitán del equipo de futbol (McGregor) al que una hija tartamuda (Fanning) trastoca su idílica existencia.

Ni el guion ni la dirección saben profundizar en el enfrentamiento generacional pasado por el filtro de la iniciación a la conciencia política activa de la hija, ni en la melancolía inherente al paso del tiempo y a la renuncia de los sueños de juventud, ni en el convulso panorama político y social de los Estados Unidos de los 60, guerra de Vietnam incluida. McGregor despacha este último aspecto con el rutinario uso de imágenes de archivo que hemos visto decenas (o cientos) de veces en el cine.

Tampoco las interpretaciones responden a lo que cabía esperarse, Jennifer Connelly es probablemente la que salga mejor parada gracias a varios momentos brillantes pero en conjunto, huérfana de dirección, está lejos de la excelente actriz que ha demostrado ser en otras ocasiones. En cuanto a Ewan McGregor creo que le ha podido la ambición, debutar como director adaptando un novelón como American Pastoral era ya una tarea lo suficientemente compleja como para sumarse la dificultad de interpretar el personaje protagonista. Desde luego tampoco ha acertado a dirigirse a sí mismo, está tan contenido que consigue no transmitir nada salvo en un par de momentos concretos. Dakota Fanning está sencillamente correcta. No encuentro en ella ni la mitad del talento que atesora su hermana Elle Fanning en cada uno de sus personajes, pero eso es harina de otro costal y la comparación sea tal vez impertinente. En cuanto al excelente David Strathairn, su trabajo queda desaprovechado desde el momento en que su personaje, como ya he dicho, queda reducido a un narrador externo y ajeno a la historia.

La producción en conjunto resulta relamida, el personaje de McGregor aparece siempre impecablemente peinado, Jennifer Connelly siempre maravillosamente vestida, maquillada y atildada a pesar de dedicarse a pastorear vacas. Todo rezuma artificio y cuando mediado el film, McGregor intenta imprimir tono de thriller, la credibilidad hace ya mucho tiempo que se evaporó.

Es cierto que Philip Roth, por el estilo de su prosa y por las características de sus novelas no es un autor fácil de adaptar al cine. La transformación del lenguaje literario en cinematográfico acarrea mayor pérdida de contenido que en el caso de un escritor que (incluso haciéndolo muy bien) se limite a contar historias. Haría falta, en primer lugar un guionista exquisito para la adaptación y en segundo lugar un director talentoso, con más mala leche y menos miedo a ser políticamente incorrecto. En el caso de Romano y McGregor, American Pastoral ha sido, como decía mi abuela, “mucho arroz para tan poco pollo”.

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