Crítica de ‘El caso Sloane’: ¿Quién mueve los hilos en Washington?

Las críticas de Cristina Pamplona “Cris Kitty Cris”: El caso Sloane

Las entrañas de Washington venden. Lo han demostrado dramas televisivos como El ala oeste de la Casa Blanca o House of Cards y comedias como la genial Veep. Las intrigas políticas destapan lo peor de aquellos que nos gobiernan y nos regocijamos en sus pecados porque no es más que… ¿ficción? El caso Sloane no transcurre en la Casa Blanca sino en el negocio de los lobistas, esos profesionales al servicio de las grandes empresas que alimentan uno u otro platillo de la balanza cuando se trata de una toma de decisión política.

En este negocio Elizabeth Sloane, nuestra protagonista, es la mejor. Temida por políticos y rifada por empresas, a Sloane se le presenta la oportunidad de sacar adelante una ley que limitará el acceso de armas de fuego en EEUU. Pero estar del lado de los buenos no significa abrazar la ética, no cuando el lobby al que te enfrentas es uno de los más poderosos del país y está dispuesto a acabar con tu carrera. Washington es un juego de estrategia, y Sloane ha de anticiparse a cada movimiento.

El director John Madden (La deuda, Shakespeare in Love) no es nuevo en el thriller, pero esta es la primera vez que este le lleva a los tejemanejes de la política norteamericana. El guion llegó a sus manos después de haber tentado a Steven Spielberg que no pudo hacerse con él por problemas de agenda. Y, no obstante, un guion tan seductor sale de la cabeza de Jonathan Perera, un profesor británico asentado en Corea del sur que un día decidió escribir una historia. Fue el milagro de la tecnología el que le permitió moverlo sin necesidad de pisar Hollywood y ahora, algo más de dos años y muchas reuniones vía Skype después, El caso Sloane llega a nuestras salas.

Perera ha conseguido en su primer guion empujarnos a una historia de ambición, poder y soledad que parece sacada del mejor John Grisham. Con una narración que comienza en un tiempo presente y se explica con flashbacks cinco meses atrás, la historia se nos desnuda poco a poco en un ambiente de traición y amoralidad y disecciona un mundo desconocido para el público en general, los grupos de presión profesionales y su poder tras el sistema.

Su mayor activo está en su protagonista. Y no es que el resto del reparto sea caras borrosas, entre sus intérpretes se encuentra John Lithgow, Mark Strong, Sam Waterson o Michael Stuhlbarg que crean un fondo de personajes que no hacen más que enriquecer el retrato cínico de Washington, pero es que El caso Sloane es una exhibición del talento de Jessica Chastain que le valió la nominación al Golden Globe como mejor actriz dramática. Sloane es un personaje frío, casi antipático, feroz, hiperactivo, y así es la interpretación de Chastain, desasosegada y temperamental. Con un vestuario impecable a cargo de Georgina Yarhi que ha elegido para ella firmas como Oscar de la Renta o Yves Saint Laurent, Chastain se viste para matar y carga con una autoridad casi carnívora que la hace fascinante poniendo en relieve las contradicciones de su personaje apasionado, cínico, triunfador y solitario.

El caso Sloane es un thriller perfectamente engrasado cuyos trucos no molestarán al espectador por mantener en todo momento una lógica y coherencia, y un ritmo convulso tremendamente atractivo que hace de este juego de dados político uno de los títulos más apetecibles de la temporada.

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘El caso Sloane’: ¿Quién mueve los hilos en Washington?

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  • el 31 mayo, 2017 a las 12:57 pm
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    Yo me la esperaba más árida (lo cual no habría tenido nada de malo excepto para los que se pierden en cuanto las pelis se ponen excesivamente técnicas en cuanto a economía o política) y me sorprendió que, en lugar de eso, le hubieran dado un ritmo tan intenso y sin baches, con varias piruetas dignas de la mejor historia de espías o detectives. No es tan casi documental como La gran apuesta, pero me atrevería a meterla junto a ella en el grupo de pelis que hablan de cosas bastante desconocidas para el gran público y lo hacen de forma muy entretenida, pero sin alienar ni aburrir a quienes sí conocen esos entresijos.

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