Crítica de ‘Los Pitufos: La aldea escondida’: A pitufar con la pitufante pitufa

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Los Pitufos: La aldea escondida

Hace ya casi sesenta años que el dibujante belga Peyo creó a unos divertidos y entrañables personajes azules que tras hacer fortuna en el cómic dieron el salto a series de dibujos animados, videojuegos, cine y toda suerte de productos de merchandising que imaginar se pueda. Y a juzgar por la vitalidad con la que estas criaturas siguen presentes venticinco años después de la muerte de su creador, me da la impresión de que tenemos pitufos para rato, lo cual, qué quieren que les diga, me parece una buena noticia.

Tras unos años de casi desaparición, en 2011 volvieron al cine visualmente actualizados a imagen digital y tridimensional de la mano de Raja Gosnell que dirigió dos películas en las que mezclaba la animación de los pitufos con personajes de acción real a través de una pareja protagonizada por Neil Patrick Harris y Jayma Mays. Este hecho y las localizaciones en Nueva York o París tal vez tuvieran el propósito de hacer la película más atractiva para los adultos que, al fin y al cabo, son los que pagan las entradas de su prole. El caso es que a pesar de que las películas eran entretenidas y bienintencionadas, algo no acababa de funcionar en la mezcla de los pequeños duendecillos azules y los personajes de carne y hueso.

Cuatro años después de Los Pitufos 2, nos llega lo que vendría a ser Los Pitufos 3 pero titulada Los Pitufos: La aldea escondida. Dirige ahora el veterano Kelly Asbury (Spirit, Shrek 2, Gnomeo y Julieta) y no hay ni rastro de seres humanos ni alusión alguna a su ausencia o explicación a por qué el malvado Gárgamel ha dejado de ser un humano interpretado (excesivamente) por Hank Azaria para volver a ser un personaje animado. Tal vez podría concluirse que a partir de ahora las películas de los pitufos (porque no dudo que habrá más) serán únicamente animadas pero con los cada vez más arbitrarios criterios de producción y distribución que se estilan actualmente en el cine, tampoco me atrevo a estar muy seguro de ello.

Los Pitufos: La aldea escondida es, sin duda alguna, un producto más infantil que sus dos predecesoras, el guion sigue un esquema clásico en el que tras una breve presentación introductoria por si queda alguien en el mundo que no conozca a los pitufos (solo se me acurre la posibilidad de algún niño que se inicie en ellos a través de esta película) comienza la aventura en la que Fortachón, Filósofo, Torpe y Pitufina se embarcarán en una misión que les llevará a descubrir la aldea escondida a la que alude el título, en la cual habitan también pitufos pero únicamente de género femenino. No faltará quien quiera ver en esto un guiño feminista para redimir a los pitufos de su marcado carácter masculino, no lo olvidemos, son todos chicos salvo la pitufina que curiosamente fue creada por el maligno Gárgamel para crear discordia entre ellos. La aldea escondida es, sin embargo, un auténtico matriarcado con seres femeninos que también responden a arquetipos y en la que no falta una “mamá pitufa” que sin embargo se llama Pitufa Sauce.

Hay buenos gags en una película que sin ser tronchante, mantiene un nivel divertido y alegre con pocas concesiones al público adulto. Estamos por tanto ante un producto marcadamente destinado a los niños que, a juzgar por lo que he visto, disfrutan enormemente del colorista derroche de acción y ruido al que guionistas, animadores y el director Kelly Asbury someten a las azules criaturas. Los personajes de Peyo han sido adaptados al siglo XXI y aunque el aparato visual y la calidad infográfica son incuestionables, tal vez hayan perdido aquella ingenuidad que era sin duda su principal seña de identidad y les daba su encanto. Tengo un (muy agradable) recuerdo de los pitufos que yo veía cuando era niño y los recuerdo como unos seres mucho más naif, más arquetípicos, es cierto, pero quizá por ello más fácilmente accesibles para los más pequeños. Únicamente al inicio de la película, en la presentación de personajes, hay momentos que evocan a la serie original, me quedo con estos minutos, particularmente con la secuencia entre Gruñón y Pitufina, que sentados en un banco dan la medida de lo que son realmente los pitufos. Pero sobre todo, añoro aquel doblaje con voces mucho más forzadas y chillonas que resultaban mucho más divertidas. No sé cómo será el doblaje original, pero la adaptación española es excesivamente plana y convencional.

Esta adaptación al siglo XXI pone a Los Pitufos en clara disposición de competir con los que son sus herederos en el nuevo siglo, los Minions, que aunque diferentes conceptualmente, comparten muchos más rasgos en común de lo que a priori puede parecer. Las limitaciones en el lenguaje (tronchantes por otra parte) de los Minions hacen que funcionen peor como protagonistas que los Pitufos (que ahora ya no hablan en pitufo). De hecho, los Minions son mucho más divertidos como secundarios en ambas películas de Gru que en su película propia.

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