Crítica de ‘John Wick: Pacto de sangre’: Continuación con más acción

Las críticas de Óscar M.: John Wick: Pacto de sangre

La secuela de la estupenda John Wick (rebautizada en España con el subtítulo Pacto de sangre, mientras que el nombre original es Capítulo 2) llega por fin a las salas de cine de nuestro país con cierto retraso (aunque podemos estar contentos que al menos se estrena en cines) y nos devuelve al Keanu Reeves más activo, combativo y violento que conocimos en la anterior entrega.

John Wick: Pacto de sangre más que una secuela, en términos cinematográficos, es una continuación coherente de la historia anterior con grandes escenas de acción sublimes (la persecución por las calles de Nueva York escapando de cientos de asesinos o la incesante e inagotable huida de Roma son magníficas y un ejemplo perfecto de sincronización y montaje) y una ampliación y desarrollo de el particular universo creado en la primera parte dónde cualquiera puede ser un asesino a sueldo. Este maravilloso y atractivo submundo de los asesinos de élite (con sus códigos, sus normas, sus lugares ocultos y sus trapicheos) recuerda levemente al de Kingsman: Servicio secreto, aunque aquí el argumento tiene un componente más adulto y las notas de humor son más sofisticadas y están basadas, en su mayoría, en los diálogos y detalles que sólo captarán los espectadores más cinéfilos.

Afortunadamente, la película no cae en el cliché de hacer las escenas más grandes que en la primera parte o limitarse a repetir esquemáticamente el argumento. Las consecuencias de los actos cometidos en la anterior entrega aparecen aquí de forma natural, casi instantánea, y dando una explicación coherente a la situación original del personaje. La evolución de la historia abre la puerta, inevitablemente, a una tercera parte (y me aventuraría a decir que podría convertirse en una nueva saga como la de James Bond), pero conociendo las preferencias de Reeves por no encasillarse en el cine de acción -abandonó la secuela de Speed y fue muy reticente a participar en la trilogía de Matrix– es probable que John Wick, chapter 3 sea el final de esta entretenida saga.

Keanu nunca se ha caracterizado por ser precisamente uno de los actores más expresivos de su generación, aunque sí posee un carisma innato, una conexión que atrae inmediatamente al espectador en cualquier situación. El público rápidamente empatiza con la historia del personaje, tanto si el actor interpreta a un chapero, un policía, un asesino a sueldo o un elegido místico.

Curiosamente, esta segunda entrega parece ser un reencuentro de Reeves con algunos secundarios, con los que, curiosamente, ya ha compartido escenas en anteriores películas. Se reencuentra con Peter Stormare (con quien ya trabajó en la adaptación Constantine) y con Lawrence Fishburne (compañero de Matrix y cuyo reencuentro es uno de los puntos divertidos de la película). Continuando con el reparto, sobresale la incorporación de los carismáticos personajes interpretados por Ruby Rose y Claudia Gerini, además de la recuperación de los personajes más carismáticos de la primera parte (como el recepcionista y el director del hotel de Nueva York, interpretados por Lance Reddick y Ian McShane, respectivamente).

John Wick: Pacto de sangre es amena, divertida, engancha y deja con ganas de más al público, que queda satisfecho con la interminable matanza a manos del protagonista. Es una brillante secuela que ofrece todo lo que cabría esperar sobre el personaje y más.

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