Crítica de ‘María (y los demás)’: Recital de Bárbara Lennie en una inteligente comedia existencial

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: María (y los demás)

Hay personas a las que la vida les va a contrapelo. Son esencialmente buenas, generosas y se preocupan por los demás desatendiendo sus propias necesidades o ambiciones personales. Pero por alguna razón “los demás” (esos “demás” que tan inteligentemente Nely Reguera sitúa entre paréntesis en el título), no parecen advertir en ellas más que un instrumento en forma de persona o un paño de lágrimas al que contarle sus problemas sin que los suyos propios importen en ningún momento. María, la otra parte del título, es una de estas personas: abnegada hija, hermana, cuñada, sobrina, librera, amiga o follamiga ocasional, ejerce labores de enfermera, nutricionista, cocinera, jardinera, editora de libros o amante mientras los demás, (los demás), solo parecen ver lo que no hace, o lo que no hace bien. Porque no es perfecta, claro.

Nely Reguera debuta en el largometraje con un inteligentísimo guion en el que construye una instantánea de la vida de María, una treintañera interpretada por una descomunal Bárbara Lennie que transita, a lo largo de noventa minutos, por todos los registros emocionales que se puedan proponer sin apartarse ni un solo momento de la más absoluta verdad interpretativa. No se puede ser más graciosa sin hacer ni una sola mueca o aspaviento de más, más vulnerable con una simple postura corporal ni más triste sin llorar o haciéndolo sin crispar el rostro cuando, finalmente, llore ahogada en el fango de su patetismo. La secuencia de la rueda de prensa hacia el final de la película es el más descarnado desnudo emocional que he visto hacer a una actriz en muchísimo tiempo. Despojada ya de todo, con el alma al descubierto, María ya sólo puede ir hacia arriba. La capacidad de Lennie para empatizar con el espectador es sobrecogedora, uno desearía abrazarla cada vez que la vida la deja fuera de juego, y créanme, lo hace muy a menudo. Porque María, a pesar de todos (los demás) que pueblan su vida está sola, nadie, ni siquiera ella misma, parece ver más allá de su mera presencia física.

Pero a pesar de la apabullante presencia de Bárbara Lennie durante cada minuto del film, el resto del reparto, es decir, (los demás), también brilla, muy especialmente Pablo Derqui como uno de sus hermanos y un humanísimo José Ángel Egido como su convaleciente padre, quien, a pesar de reconocer la dedicación y el cariño de su hija, no es capaz de verbalizarlo completamente diciendo su nombre junto a la palabra “gracias”. Vito Sanz, Julián Villagrán, Marina Skell y María Vázquez completan un eficiente elenco coral.

Desde una limpísima sencillez narrativa, muy de agradecer en los tiempos que corren y más aun tratándose de una ópera prima en la que el pecado más frecuente suele ser empeñarse en ser genial, Nely Reguera demuestra una gran capacidad para extraer comicidad de situaciones cotidianas de trasfondo amargo. María (y los demás) se revela como una comedia agridulce para ver con algunas carcajadas y una permanente sonrisa que, en algunos momentos, se queda congelada. Su fino humor se despliega mediante punzantes diálogos, fundamentalmente entre María y sus hermanos durante los encuentros familiares, pero también a través de situaciones puramente visuales que Reguera filma con extrema sutileza. Las ensoñaciones de María/Lennie, desde la prueba del vestido de novia hasta la citada rueda de prensa, son los mejores ejemplos de esta cuidada mezcla entre humor y patetismo.

Aunque no hay nada sustancialmente nuevo en el discurso narrativo de Reguera, su película sirve eficazmente como retrato de una generación (de mujeres ¡y de hombres!) perdida en el desmembramiento de la familia y el trabajo como pilares de la existencia. No percibo un discurso feminista ni una mirada esencialmente femenina en la película a pesar de la etiqueta de “cine de mujeres” tan en boga en nuestro país (y en otros) que seguramente le van a colocar en ciclos y ensayos. Como espectador masculino puedo identificarme con María y empatizar con ella exactamente igual que si fuera un hombre. Del mismo modo, doy fe de que existen hombres perdidos en el marasmo de soledad, insatisfacción, incomprensión y ahogo que se apodera de María.

Presentada en la última edición del Festival de San Sebastián, María (y los demás) se estrena finalmente en las salas comerciales, llega un poco justa para la temporada de premios pero de momento ya ha conseguido dos nominaciones a los premios Feroz de la crítica (mejor comedia y mejor actriz). Veremos que ocurre con los Goya. Tras su emotivo cortometraje Pablo de hace siete años, la mirada de Nely Reguera se presenta como la de uno de los nombres a seguir en el futuro cinematográfico español. Estaremos atentos.

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