Sangre y cenizas (XXIII): Crítica de ‘Lo que hacemos en las sombras’

Las críticas de Carlos Cuesta: Lo que hacemos en las sombras

Es frecuente que los relatos de vampiros se derrumben al no ser capaces de explicar de forma creíble cómo los no-muertos conservan su anonimato y sobreviven sin ser descubierto entre los mortales. La existencia de estos seres en nuestro mundo cotidiano plantea problemas de difícil solución que en el mundo real llevarían, seguramente, a situaciones muy alejadas del glamour que pretenden los films de este subgénero. Lo que hacemos en la sombras asume el formato de falso documental para parodiar sin reparos la vida de los señores de las tinieblas en Nueva Zelanda.
Jemaine Clement y Taika Watiti dirigen este film que también protagonizan, representando dos arquetipos diferentes de vampiro: el romántico sofisticado por un lado y el lujurioso y sádico seductor al estilo Vlad el Empalador por otro. Conviven con otros dos seres de su condición, un vampiro rebelde aunque desfasado (Jonny Brugh) y el vampiro monstruoso de aspecto Nosferatu (Ben Fransham). El resultado es una producción absolutamente original, bien planteada pero que exige al espectador una mente muy abierta para disfrutar de esta propuesta extraña y divertidamente diferente.
 

¿Quién se encarga de limpiar la casa y de fregar los platos? ¿Cómo disfrutar de la noche sin ser descubiertos y cómo entrar en los locales si se necesita ser invitado para poder pasar, debido a la maldición vampírica? ¿Cómo alimentarse sin dejar rastro y cómo atraer a víctimas imprudentes?  Éstas son algunas de las preguntas a las que la película da una hilarante respuesta, despojando al mito de su grandeza sobrenatural y anclándolo a la existencia mundana y diaria. Otros temas que el film aborda con peculiar humor es la figura del esclavo que permite al amo seguir interactuando con el mundo durante el día, el antagonismo de los vampiros y los hombres lobo, el peligro de los cazadores de vampiros o la dificultad de encajar con nuevas generaciones con las que no tienen nada en común.
 
Es cierto que la producción exige cierto grado de paciencia por su lentitud documental, con reiterados planos estáticos de declaraciones, tomas en movimiento con escaso ritmo interno en cuadro y una locución y diálogos de una cadencia que nos recuerda por completo a este género más descriptivo que dramático. Pese a ello los protagonistas siempre se mantienen en su papel, la farsa no se deshace en ningún momento y el relato se mantiene interesante al replantear numerosas situaciones típicas, como la transformación de un humano en vampiro, aportando a esta escena un realismo-paródico francamente interesante.
 
El mayor mérito de Lo que hacemos en las sombras es haber logrado un tipo de locución sobria para expresar tópicos y circunstancias de la vida de los vampiros que dichas en voz alta suenan verdaderamente ridículas pero que los personajes comparten como si estuvieran hablando totalmente en serio, lo que genera una extrañeza en el espectador que le empuja a la risa. Esta fórmula le ha valido el premio del público en la última edición de Sitges y otros 12 galardones en el circuito de festivales.
 
Habría pagado dinero por estar presente durante el rodaje, que tiene que haber sido una auténtica fiesta. Confío en que habrán tenido que hacer decenas de tomas para acabar las escenas sin partirse de la risa. Los actores mantienen bien el tipo y pese a la ironía paródica del guión, la película nos sorprende con unos efectos especiales bien aceptables, completando un conjunto modesto de ideas claras y que desde luego cumple su objetivo. Una verdadera revisión desde la comedia al subgénero vampírico, a sus tópicos y sus interrogantes.
El vampiro según… Lo que hacemos en las sombras (Spoiler).


*Origen: El vampiro desangra a su víctima o sirviente y después le hace beber de su propia sangre. Entonces la persona transformada en no-muerto comienza una transformación que se asemeja al síndrome de abstinencia.
*Motivación: Como la película refleja distintas tipologías de vampiros, existen diferentes motivaciones; desde la búsqueda del amor romántico, de la diversión, el abandono a la lujuria y a la depravación, el intento de alcanzar prestigio social o la mera satisfacción de la sed de sangre.
*Poder: Son capaces de volar, controlar la mente de los seres humano, se les supone una fuerza mayor que cuando estaban vivos, tienen una mayor capacidad de regeneración y son capaces de adoptar rostros terroríficos que atemorizan a sus víctimas y enemigos.
*Influencia: Por lo general, en la película los vampiros tratan de conservar el anonimato para preservar su seguridad. No aparecen vampiros que se hayan insertado en las instituciones de poder, sino que más bien se nos ofrecen estampas de no-muertos que vagan por los callejones en busca de presas o que se mueven en el entorno de los clubes nocturnos o en sus propios hogares.
*Debilidades. La luz solar directa les hace arder, al igual que el contacto físico con la plata. Los crucifijos les repelen y no se reflejan en los espejos, cuestión esta última que les puede poner en evidencia ante el público que no vea aparecer su imagen en las superficies reflectantes. Además, no pueden acceder a ninguna vivienda o edificio sin ser invitados. Las estacas de madera son peligrosas para ellos pero no se concreta si les mata o les paraliza.

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