Crítica de ‘Musarañas’: Claustrofóbico y psicológico terror hogareño

Las críticas de Óscar M.: Musarañas
Una mujer vive encerrada en su piso junto a su hermana. Ha vivido allí toda su vida. Se ha ido aislando del mundo y ha desarrollado una enfermedad que le impide atravesar la puerta del domicilio. Su único vínculo con el exterior es su hermana pequeña, pero la irrupción de un vecino herido le devolverá la ilusión por el exterior.
Musarañas parte de esta idea inicial para introducir al espectador en el microuniverso particular de las dos protagonistas, encerradas y acostumbradas a su independencia, y la llegada del extraño supondrá una revolución en sus vidas, como bien desarrolla el guión representándolo en el personaje de la protagonista más adulta.

Un argumento poco complicado y fácil de seguir, pero muy efectista (en ocasiones recuerda a Misery) conquista al espectador, inmerso en la trama antes de la llegada del vecino accidentado. La historia se desarrolla sin excesiva lentitud, evitando hábilmente caer en la redundancia y con un ritmo y un mantenimiento de la tensión excelentes, hasta llegar a la coherente resolución y al sangriento y violento final (más que evidente desde el principio, ya que la sangre es un componente muy importante en la historia), donde la producción de Álex de la Iglesia se nota en mayor medida.
El pilar fundamental de la historia se basa en las espectaculares interpretaciones de Macarena Gómez y Nadia de Santiago, ambas son capaces de transmitir y emocionar al espectador más por la naturalidad de sus gestos y sus actos cotidianos que por las recurrentes lágrimas de los personajes a los que interpretan.
Luis Tosar apoya la interpretación de Macarena, como siempre, de manera inmejorable y elevando la calidad con sus pequeñas aportaciones. Gracia Olayo borda su pequeño personaje, consiguiendo también mejorar el nivel artístico (como ya hacía en la serie Plutón B.R.B. Nero, donde brillaba en cada escena). Sin embargo, Hugo Silva actúa mejor cuando está inconsciente, y aunque es correcto, el espectador saldrá beneficiado cuanto menos aparezca en la pantalla (excepto en las escenas en las que intenta imitar a Tosar).
Los directores Esteban Roel y Juanfer Andrés han recurrido al efectista recurso de los primeros planos, los enfoques muy cerrados y cortos para transmitir la sensación de claustrofobia y opresión que impera en la historia, a pesar de la latente sensación de estar un poco perdidos, porque no conocemos el tamaño completo del piso (ni todas las habitaciones del mismo) donde se desarrolla la trama.

Además, consiguen transmitir bastante realismo con la herida del protagonista (cualquier espectador que haya tenido alguna lesión en las extremidades inferiores casi llegará a sentir el dolor físico que sufre el personaje), no llegando a abusar del gore, pero lo roza, aunque la movilidad del personaje sí que puede considerarse cercana a la fantasía.

La clásica música de terror compuesta por Joan Valent (compositor habitual de las últimas películas de De la Iglesia) ayuda a mantener y elevar la tensión argumental, resultando una composición muy bien insertada, que se ajusta perfectamente a las imágenes y acompaña con corrección a las escenas en un segundo plano.
Obviando la referencia errónea que se hace a la mayoría de edad (en los cincuenta, para las mujeres era de 25 años, no fue hasta 1972 cuando se bajó hasta los 21 años y con la constitución de 1978, hasta los 18), Musarañas es una excelente película que nos mantiene pegados a la butaca sin rocambolescos sobresaltos gracias a un guión bien dirigido y una ambientación envidiable sin grandes presupuestos.

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