Crítica de ‘Dos vidas’: Thriller defectuoso

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Dos vidas

En el mundo del cine, como en todas las artes, tendemos a catalogar; géneros, técnicas, temática, todo prepara nuestra mente para lo que vamos a ver. Esa catalogación responde a una serie de características por las que la obra en cuestión entra en un conjunto u otro. Como vivimos en plena postmodernidad las artes ya no se ven tan encorsetadas por reglas establecidas y el romperlas puede llevar a una nueva concepción del género. No obstante, hay ciertas cosas que no puedo pasar por alto. A nadie le extrañará que una comedia romántica sea previsible (de hecho creo que lo más imprevisible sería que no fuera previsible), pero un thriller…Lo mínimo que se le puede exigir a un thriller es que te mantenga pegado a la butaca esperando la resolución de una historia con entresijos. 
Allí es donde falla Dos vidas. En su intento de hacer de ella una película de espionaje fracasa catastroficamente convirtiendo una historia con planteamientos profundos en un batiburrillo que no termina de encajar.
Dos vidas está basada en la novela de Hannelore Hippe, “Eiszeiten”, ambientada a comienzos de los noventa tras la caída del muro de Berlín, y que narra la historia de Katrine y su intento de ocultar a su familia su vida pasada ahora que una causa legal amenaza con descubrirla. La trama se cimienta en hechos reales, el vergonzoso robo de niños noruegos de padres alemanes por parte del Partido Nazi para perpetuar la raza aria cuando Alemania se precipitaba hacia la derrota ante el ejército aliado. Así que Dos vidas toca dos de los episodios mas vergonzosos de la historia del país, el nazismo y la división del país por el muro de Berlín que crearía un entramado de espionaje en la RDA formado en gran parte gracias a esos niños robados y criados en los orfanatos alemanes Lebensborn y que fueron abandonados por el gobierno una vez acabó la guerra. 
Con la atmósfera escandinava, melancólica, gris y fría que tan bien combina con la trama, Dos vidas funciona mejor como drama que como thriller, para el que carece de ritmo y suspense. Las escenas de mayor peso interpretativo se concentran en el ámbito doméstico, donde la maternidad está siempre presente como un vínculo aparentemente irrompible en los personajes de Ase, Katrine y Anne, abuela, madre e hija, víctimas junto al padre y marido Bjarte de ese castillo de naipes que Katrine ha hecho de su vida. De este modo, el espionaje, más que una historia propia de John LeCarré, no es sino un episodio en la vida de la protagonista que, a pesar de cargar con las coordenadas que seguirá su destino, no la define, provocando en el espectador una empatía hacia ella que muy probablemente no merezca. ¿Es una embustera o es la víctima de una situación que escapa de sus manos? El director Georg Maas echa mano del lado humano de Katrine para que casi olvidemos que su pasado lleva a unas consecuencias peligrosas, no sólo para ella, sino para aquellos que la rodean. 
Si intentamos juzgar la película desde la premisa de que estamos ante un thriller, alegaremos en su contra una trama errática narrada tan solo con flashbacks confusos y breves que intentan guardar algo que te estás oliendo desde el comienzo. No obstante, como drama familiar, Dos vidas juega con una buena mano, y esa es la de su reparto. 
Juliane Köhler, protagonista de la ganadora al Oscar En un lugar de África y que a mí me encandiló en el papel de Eva Braun en El hundimiento, interpreta a Katrine, aunque en esta ocasión se me antoja algo fría para la angustiosa situación a la que se enfrenta su personaje. Liv Ullmann, la musa de Bergman, se mete en la piel de Ase, la madre Katrine, el personaje más trágico de la historia que ha vivido gran parte de su vida buscando a su hija arrebatada. Es inevitable que la crítica se haya centrado en ellas dos por ser las principales protagonistas del drama, pero personalmente creo que es una película en la que la interpretación brilla en sus secundarios. Julia Bache-Wiig y Sven Nordin, a quienes no tenía el gusto de conocer, están perfectos en sus papeles de marido e hija de Katrine, ingenuos e ignorantes de lo que ella esconde. 
Creo que la mayor pega que puedo poner a la película son mis expectativas hacia ella. Tardé en digerir que si no la había disfrutado era porque no entraba en el concepto que se tiene de un thriller. Pero está claro que sus siete galardones en distintos festivales no son regalados. Dos vidas podría haber sido un perfecto ejemplo de cine intimista, pero ante su intento de aferrarse a un género más popular ha eclipsado su potencial. 

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