Ciclo Akira Kurosawa: ‘Los siete samuráis’ (1954)

Las críticas de David P. “Davicine”: Los siete samuráis


Considerada como una obra cumbre en la historia del cine y la película más famosa del maestro Akira KurosawaLos siete samuráis fue ganadora del León de Plata en el Festival de Venecia y nominada a 2 Oscar (Mejor Dirección Artística y Mejor Vestuario). Una de las mejores películas jamás rodadas y motivo de constante referencia; se han realizado desde remakes en clave de western (Los siete magníficos) hasta producciones de animación (Bichos), directamente inspiradas en esta apabullante obra maestra.
Los siete samuráis nos traslada a Japón, siglo XVI. Una aldea de campesinos indefensos es repetidamente atacada y saqueada por una banda de forajidos. Aconsejados por el anciano del pueblo, acuden a la ciudad con el objetivo de contratar a un grupo de mercenarios para asegurar su protección. A pesar de que el único salario es comida y techo, varios samuráis se van incorporando uno a uno al singular grupo de siete que finalmente se dirige a la aldea para protegerla.


A primera vista podemos pensar que Los siete samuráis es simplemente una gran película de acción, pero según avanza podemos ver las subtramas que esconde, los detalles que nos van mostrando de manera subliminal filtrándose a través de nuestros ojos a lo largo de las casi tres horas y media de duración (incluyendo un descanso de cinco minutos), pero que a pesar de tan extenso metraje, nunca se hace pesada, pues contiene muchos argumentos secundarios que permiten no aburrirnos, y tampoco distraen de la trama principal. La narrativa es sencilla, lo que dota de numerosas oportunidades a las elaboradas secuencias de acción. De hecho, la mayor parte de la segunda mitad de la película se compone de escenas de batalla, claramente delineadas y coreografiadas. Kurosawa impone su impronta estilística en cada fotograma.

A pesar de ser una película de samuráis, mostrando la sabiduría de Kambei Shimada (Takashi Shimura), al joven Katsushiro Okamoto (Isao Kimura) a punto de llegar a la edad adulta, o el romance de Katsushiro con la hija de un granjero, la película no está tan orientada a estos clichés como al dilema humano de los campesinos del siglo XVI, indefensos contra las depredaciones de los bandidos que abundan durante las guerras civiles de la época, aunque sólo se ven al principio y al final de la película.

Tan acostumbrados a ver las típicas películas de samuráis, esta obra de Kurosawa es una opción atípica dentro del género, siendo una “medio” película samurai centrada en una especie de superhombre que lucha a su manera a través de la historia, y a menudo triunfa sobre una serie aparentemente abrumadora de enemigos.

Buena parte de Los siete samuráis se centra en la construcción de fortificaciones del pueblo, muros y fosos que permitan ganar las batallas que tendrán lugar en un territorio familiar para el espectador, pues cuando algo va a suceder, y se acercan los bandidos, somos capaces de reconocer tan rápidamente como los habitantes del pueblo por donde llega y lo que puede suceder. Una de las secuencias más interesantes ocurre como Kambei planea la defensa de la aldea con el uso de un mapa de los alrededores, y explica cómo el enemigo probablemente se acercará y cómo se propone hacer para impedirlo. Con esta escena, Kurosawa asegura que entendemos el diseño de la aldea y los planes del samurai, de modo que tenemos una comprensión completa de cómo todo se relaciona entre sí.

Pero es también reseñable que no hay buenos perfectos ni malos tan malos, ni los personajes nobles son tan respetables. Los aldeanos tienen también sus secretos, ni son tan pobres ni tan inocentes como aparentan ser, de la misma forma que no todos los samuráis son todos nobles, pues son hombres, no dioses, que trabajan por salarios bajos, y practicamente todos son ronin o samuráis sin amos. Nos ofrece protagonistas imperfectos, algunos de los cuales no son combatientes expertos, y uno es un borracho, beligerante, y decididamente nada heroico.

Si hay que destacar un samurái, ese es Kikuchiyo, interpretado magistralmente por Toshiro Mifune, quien esconde más de un secreto y descarga su ira por el hecho de que la corrupción de la clase samurái obliga a los agricultores  a ser cobardes. Para él, un samurái es poco mejor que un bandido, pues han matado y violado a agricultores y sus mujeres, y les han obligado a acabar en la servidumbre. Aunque Los siete samuráis es una película de grupo, ninguna estrella brilla más que Mifune, a quien se le da la oportunidad de mostrar un hombre melancólico oscuro que reflexiona sobre su pasado infeliz, pero a la vez un luchador terrible. El veterano Takashi Shimura, otro colaborador frecuente de Kurosawa, es la voz de la sabiduría, la razón y la paciencia. El actor presenta a su personaje como un hombre que inspira respeto por su mera presencia. La frialdad de Kambei está en contraste directo con la extravagancia de Kikuchiyo. El tercer samurai importante es Katsushiro. Isao Kimura lo retrata con una mezcla de energía e ingenuidad. De los restantes samuráis, Kyuzo, interpretado por Seiji Miyaguchi, destaca como memorable, sobre todo porque es diferente de sus compañeros, siendo tranquilo y aislado, una persona seria que habla sobre todo con su espada.

La mayoría de las películas de samuráis los muestran ganando con su habilidad con la espada, pero en la película de Kurosawa, sin embargo, muestra samuráis pueden morir por arma de fuego, siendo un avance hacia la modernidad, y que añade un especial realismo.

Kurosawa no quiere con Los siete samuráis mostrar un final típico de Hollywood, ni tampoco busca una recompensa emocional, dado que no quiere condescender. Debido en gran parte al tono melancólico adoptada por el cineasta japonés durante la escena final, la victoria es vacía y casi se siente como una derrota, pero eso no quita que sea una joya del séptimo arte de principio a fin.

Nota: Crítica realizada para el ciclo dedicado al cineasta Akira Kurosawa, cuyo índice podéis encontrar aquí.

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La edición empleada para la reseña es la editada por A Contracorriente Films en su colección dedicada a la obra del prestigioso director japonés Akira Kurosawa en formato Blu-ray, con un nuevo máster restaurado en alta definición a partir del negativo original. Incluye 72 minutos de contenido adicional en el que destaca un exclusivo “Vídeo ensayo de Antonio Santos” y “El arte de Akira Kurosawa“, una entrevista al escritor de cine y guionista Tony Rayns.
  • Formato de imagen: 4/3 – 1.37:1
  • Película + Extras “Vídeo ensayo de Antonio Santos” y “El arte de Akira Kurosawa”: 1080 24p Alta Definición / Resto de extras: 576i
  • Audio: DTS-HD Master Audio 2.0 Mono V.O. Japonés
  • Subtítulos: Castellano
  • Duración: 207 min / Año: 1954 / Blanco y negro
  • Nacionalidad: Japón
  • Teaser.
  • Tráilers (7 min).
  • Detrás de las cámaras (3 min). Pieza muda al no conservarse el sonido original. Una verdadera rareza de poca duración en la que podemos ver imágenes promocionales de la película con presentación de personajes, ensayos y la presencia de Akira Kurosawa en el rodaje, dirigiendo su gran obra maestra. Todo un hallazgo.
  • Vídeo ensayo de Antonio Santos (12 min). Contenido en alta definición exclusivo de A Contracorriente Films. Antonio Santos es doctor en Historia del Arte, profesor en la Facultad de Educación de la UC y en la Cátedra de Historia y Estética de la Cinematografía de la Universidad de Valladolid. Ha publicado monografías dedicadas a los clásicos del cine japonés. Akira Kurosawa es uno de sus directores de referencia junto a Ozu y Mizoguchi.
  • El arte de Akira Kurosawa (49 min). Contenido en alta definición exclusivo de la edición Blu-ray. Entrevista a Tony Rayns, rodada el 12 de agosto de 2013 en Londres por el British Film Institute. Tony Rayns es escritor, guionista, colaborador de la revista Sight & Sound y un profundo conocedor de la obra de Akira Kurosawa, a quien conoció personalmente. Una entrevista tremendamente interesante que repasa la carrera del director y nos aporta multitud de anécdotas sobre su personalidad. Maravillosa.

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