Crítica de ‘Amor sin control’: Sexo patológico pasado por el filtro de Hollywood

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Amor sin control

A medida que la sociedad se abre a los problemas que afectan a la mente humana, se desvanece el estigma que parecía rodear a todo tipo de adicción. Todos parecemos entender que el abuso de alcohol o drogas es un problema que va más allá de clase social o económica, nadie está libre de sufrirla. La adicción al sexo, sin embargo, era tal vez la que más tabú sufría. ¿No se trataría en realidad de una excusa para disculpar aquellos pecaditos sexuales? ¿Puede suponer una adicción algo biológicamente necesario? Lo supone y de ahí lo dramático del tema. La televisión y el cine ya  lo ha abordado en series como Californication o en la obra que encumbró al cineasta Steve McQueen Shame
En el caso de Amor sin control (absurda traducción del título original Thank you for Sharing), hablamos de un acercamiento al tema de manera más superficial, amable y con roces de comedia romántica.
La trama se centra alrededor del personaje de Adam (Mark Ruffalo), un adicto que lleva cinco años sobrio y que, tras conocer a Phoebe (Gwyneth Paltrow), ha de enfrentarse a su primera relación sentimental en todo ese tiempo. En un segundo plano está el doctor Neil (Josh Gad), cuya adicción al sexo se debe a su incontrolable ansia provocada por una estima demasiado baja, para superarlo contará con la ayuda de Dede (Pink), una peluquera que ha utilizado el sexo como vía de escape de ella misma. Todos ellos recurren al veterano Mike (Tim Robbins), un tutor modélico que ha superado varias adicciones y cuya superioridad moral esconde en realidad la culpa y la incapacidad de enfrentarse a sus propios errores pasados.     
Stuart Blumberg, guionista de la aclamada Los chicos están bien, se desvirga en la dirección con esta historia que trata, más que de sexo, de la necesidad de delegar en otro cuando se trata de enfrentarse a un problema tan grave como es la adicción. Con un guión amable, simpático, e incluso a veces divertido, nos adentra en esta historia coral que, no obstante, no llega a profundizar en el drama de la necesidad compulsiva de sexo. No olvidemos que Blumberg fue también guionista de La chica de al lado, esa comedia adolescente que intentaba acercarse a la industria del porno y que al final, ni porno, ni comedia ni ná de ná. Es una verdadera lástima que alguien que bordó el guión de Los chicos están bien, no se haya atrevido a ir un paso más allá para dedicarnos la que podría haber sido una magnífica tragicomedia, y que sin embargo se queda en amable historia de vidas cruzadas.   
Tal vez el principal error del guión se encuentre en esa historia de amor entre Adam y Phoebe, que en media hora pasa de comedia romántica a un intento de drama sentimental sobre la supervivencia del amor ante la traba de una adicción.
Si bien, Mark Ruffalo (Zodiac, Los vengadores) se corona como lo mejor de la película con esa manera de interpretar tan pulida, elegante y poco histriónica a la que nos tiene acostumbrados, es cierto que los extremos que llega a alcanzar, de hombre responsable y centrado en su recuperación, y de sátiro desatado, no parecen corresponder a una misma persona. Paltrow (Iron Man, Shakespeare in Love) está correcta, aunque no destacable. En cuanto al resto del elenco, hubiese deseado algo más de Tim Robbins (Mystic River, Cadena perpetua) que ese gesto frío e impenetrable que no llega a trasmitir mucho. Pero alegra bastante volver a ver a Patrick Fugit, protagonista de Casi famosos, y que, aunque en un papel apenas secundario, logra estampar su sello.   
¿Merece el vapuleo al que se ha enfrentado por parte de la crítica internacional? Sinceramente no lo creo. Bien es cierto que se hubiese agradecido algo más comprometido con un tema que puede llevar a una persona a perderlo todo, pero si buscamos entretenimiento sin más, Amor sin control no decepciona en absoluto.

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