Crítica de ‘The collection’: Todos tenemos hobbies

Las críticas de Miguel Moreno: The Collection
A pesar de mis plegarias por dejar The Collector (la película anterior) donde quedó, el amigo Marcus Dunstan se ha empeñado en hacer saga, y al chico de momento no le está saliendo mal. Es decir, que los que disfrutamos de la primera parte tenemos aquí doble ración y con guarnición. El despiadado maníaco de la máscara ataca de nuevo, proponiendo un juego más macabro aún que en su anterior aparición, y aprovecho aquí para recomendar ver su primera parte, imprescindible antes de adentrarse en ésta. Eso sí, sin el factor sorpresa que hizo que nuestros músculos estuvieran tensos durante todo el metraje de la original.

La premisa es simple y nos adentra de golpe en la acción. Una fiesta adolescente se convertirá en las delicias de nuestro querido psicópata, con la aparición del protagonista de la primera parte, que jugará un papel primordial en la trama, como era de suponer. A partir de aquí, la carrera por la supervivencia está servida, con la diferencia de que aquí nuestro asesino juega en casa: El terreno es suyo, y ha sido preparado a conciencia para no dejar a nadie con vida, y pasar a formar parte de su curiosa colección privada. Con The collection, hablamos de un tipo de cine muy concreto, que ya dejó patente el camino a seguir con The collector, la ópera prima de su director, que además cosechó buenas críticas durante su estreno. No apto para mentes y estómagos sensibles en una desenfrenada huida por sobrevivir.

Si en mi opinión sobre The collector hice hincapié en la dureza de las imágenes de la misma, aquí Dunstan da otra vuelta de tuerca al gore que ya mostraba su antecesora. Amantes del gore, estáis de enhorabuena, pues en The collection encontraréis gran muestra de ello, y no precisamente en versión light. Seremos testigos de la brutalidad de nuestro querido psicópata, donde todo tipo de mutilaciones y asesinatos serán marca de la casa, y los que hayan visto su antecesora me comprenderán.

La historia es una mera excusa para que el asesino vuelva a hacer de las suyas. Y en este aspecto, se echa de menos alguna explicación sobre los orígenes del mismo, que puede que se esclarezcan en una tercera parte. Aunque la trama no deja un sólo respiro al espectador, pues es una frenética carrera por la supervivencia, queremos saber más del hombre de la máscara y su obsesión con las colecciones. Sin duda, un aspecto a mejorar para otra futura película, que además haría las delicias de los fans. Con The collector, Dunstan hace palidecer a otras sagas de terror que van cuesta abajo hace tiempo, (para muestra la saga Saw, que hace tiempo que quemó los frenos) y refresca la cartelera con terror salvaje, sin concesiones, muy alejado de las propuestas clásicas como Expediente Warren o Paranormal activity, donde ya cada secuela es igual a pérdida de calidad asegurada, aún teniendo su grupo de defensores.

The collection, como secuela, es simplemente cumplidora, y resulta una excusa como poco convincente para jugar una partida mortal en sus escasos 75 minutos. Trampas, sangre y acción a partes iguales en este híbrido de slasher y thriller gore, harán que los amantes del género tengan su merecida dosis. Y algo que se agradece además dada la duración de la cinta, es la rapidez en que aparece la acción. Una fugaz presentación de los personajes será el entrante para comenzar el sádico juego que propone Marcus Dunstan. No hay tiempo que perder y cada minuto cuenta.
La cinta, afortunadamente, no da un respiro al espectador y su metraje es el justo, no se resiente, cosa que se agradece, evitando bajones de ritmo. Dunstan prefiere hacernos correr, como a los protagonistas, en vez de medir nuestros pasos, y esa agilidad le sienta muy bien, con lo cual a la salida del túnel, solo podemos mirarnos y sonreír. Hemos salido airosos del truculento juego en el que nos habíamos adentrado. La baza con la que ya no juega la secuela, es la originalidad de su propuesta, que queda totalmente eliminada. Por supuesto, la cinta no es perfecta y acusa lo atropellado de algunas escenas, sobre todo en su tramo final.

Y vuelvo a reiterarme, la prostituida saga Saw es un juego de niños comparada con ésta. Sólo hay que echarla un vistazo para confirmarlo. De hecho, no le van a hacer falta 7 secuelas para destrozarla, si Dunstan no estira demasiado el chicle.
Adéntrense en la sala. Respiren hondo y prepárense para la atracción. Por cierto, en este caso aconsejo encarecidamente protector estomacal antes del visionado. De hecho, deberían regalar ejemplares con la entrada. Estómagos sensibles, abstenerse. 

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