Crítica de ‘Hansel y Gretel: Cazadores de brujas’: El 3D al servicio del espectador

Las críticas de David Pérez “Davicine”Hansel y Gretel: Cazadores de brujas 
Hansel y Gretel: Cazadores de brujas nos presenta a Hansel y Gretel quienes, tras aficionarse al sabor de la sangre siendo unos niños, se han convertido en unos auténticos justicieros, dispuestos a todo para vengarse. Ahora, sin que ellos lo sepan, Hansel y Gretel se han convertido en la presa, y tienen que enfrentarse a algo mucho más siniestro que las brujas… su pasado. 
Estamos ante una especie de revisión, o reimaginación, de lo que sería el futuro de estos pequeños protagonistas del célebre cuento, en una película de caza de brujas que aprovecha el fenómeno del 3D con gran acierto.

A modo de cuento animado, los créditos nos muestran con maestría tridimensional, la larga lista de brujas que mueren de formas sangrientas a manos de la pareja de hermanos que se han convertido en “profesionales” y han trabajado en ésto durante bastante, y a pesar de ser un poco aburrido hacer una y otra vez lo mismo, no pierden tiempo en el trabajo.
Las brujas son mostradas como criaturas repugnantes, con rasgos escarpados de piedra caliza, con barbillas puntiagudas y grandes ojos negros, además de necesitar todas ellas una manicura urgente. Pero una de ellas, sin embargo, parece que ha pasado por manos de un gran cirujano plástico pues Muriel (Famke Janssen), es una gran bruja entrada en edad, pero de gran belleza humana y alrededor de la cual girará la trama.
El guionista y director Tommy Wirkola, tras sorprender a propios y extraños con Zombies nazis, ha contado con un gran presupuesto, invertido en parte en deleitar al espectador con un buen trabajo de maquillaje, alejándose del CGI en muchos momentos, y ofreciéndonos escenas que nos recuerdan a las grandes producciones de Hollywood de años atrás, donde el latex y el trabajo de los maquilladores nos presentaban personajes imposibles, como es el caso del Troll que aparece en la película. 
Pero otra gran parte del presupuesto ha ido destinada a buscar que el 3D sea espectacular, y al servicio del deleite del espectador, para que en más de una ocasión apartemos la cabeza pensando que nos lanzan hachas, cuchillos o cualquier objeto que pueda ser perjudicial para nuestra salud si nos da de lleno en la cara. Y ahí radica uno de los mejores puntos de la película, el 3D.
Una vez ya estamos en situación, la trama poco importa, y se transforma en un evidente repertorio de golpes hacia las brujas, con todo tipo de detalles explícitos para que disfrutemos de una forma tridimensional de los descuartizamientos, roturas de brazos, decapitaciones,… es decir, todo eso que el director no pudo ofrecer en 3D en anteriores títulos suyos. Realmente no vamos a encontrar muchos detalles ni sorpresas en el guión, que además es bastante predecible y llega a rozar lo ridículo en muchas ocasiones, sobre todo por llegar a ver mucho antes el espectador que los protagonistas lo que va a suceder. Ahora bien, no estamos opinando sobre una película de Haneke, sino sobre una película en la que se busca el entretenimiento y el desenfreno de cara al espectador, y en eso cumple a la perfección, con muchas dosis de humor y espectaculares secuencias de peleas y persecuciones en escobas voladoras.
Como anécdota, y sin desvelar mucho de la trama, nos gusta el detalle de mostrarnos que Hansel es diabético, como consecuencia de su pasado en la casa de la bruja que quiso acabar con ellos en el cuento original.
En lo que respecta al reparto, no es que sea necesario que hagan un gran trabajo, simplemente que cumplan en su deber de no desentonar con el ritmo de la película (más que de la historia), pero tanto Gemma Arteton como Jeremy Renner nos presentan de forma dura como han pasado los años para esos niños con un siniestro y oscuro pasado. Y debemos destacar el trabajo de Peter Stromare, que realiza en pantalla la representación del Sheriff con el perfecto cliché, importándole un comino lo que se hiciera en esa época en particular. Pero si alguien se quedará en nuestras retinas, ese es el troll, un personaje al que se puede coger cariño y es el más simpático de la película, junto con Joanna Kulig, que prácticamente deja su seña de identidad al mostrar su trasero.
Cine 100% palomitero, donde, sin necesidad de un buen guión, se consigue que el espectador disfrute de grandes secuencias en 3D, de mucha diversión, y de un rato en el que lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar al mundo de brujería que Wirkola nos ha planteado a modo de secuela de Hansel y Gretel. 

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