Crítica de ‘Chronicle’: La adolescencia no es más fácil con super poderes

Las críticas de Óscar M.: Chronicle
Tres estudiantes adquieren unos poderes telequinéticos y de resistencia al dolor al entrar en contacto con un objeto extraño. La cámara de uno de ellos registrará todo el proceso y cómo utilizan estas nuevas habilidades.
Con esta premisa tan cercana a la saga X-men (o a cualquier saga de superhéroes, en general) y con una clara, evidente y confirmada influencia del mundo de los cómics, Josh Trank dirige magistralmente su primera película y aporta un nivel de profundidad y oscuridad a dos temas clásicos de la ciencia-ficción: un gran poder conlleva una gran responsabilidad y el peligro del lado oscuro de la fuerza.

Es evidente que Trank, nacido en mitad de los años ochenta, está influido por todas las películas que han ido marcando su vida; como él mismo reconoció, Carrie ha sido una de sus inspiraciones (además de por la telequinesis, suponemos que por la sangre) junto con Akira; además, los cómics de Batman le han dejado su sello (acercando la película a las últimas adaptaciones cinematográficas del personaje que ha hecho Christopher Nolan).
Por otra parte, Josh Trank, ha escrito y dirigido una película realista y representativa de la vida adolescente (no sólo americana, sino mundial), los problemas en el instituto y en el domicilio familiar. La popularidad, la amistad y la confianza son los pilares de la estabilidad mental de un adolescente en esa etapa donde todo, incluso su cuerpo, sufre cambios drásticos.
La oportunidad de tener esa habilidad especial y el nuevo mundo de posibilidades que surgen al utilizarla generará más de una sonrisa en el espectador, cuando los adolescentes comiencen a hacer pruebas de sus recién adquiridos poderes. Sin embargo, el autocontrol no está totalmente desarrollado por igual en cada uno de ellos y, muy pronto, se adivinan problemas que acarrearán caos y destrucción.
A pesar de que toda la película está rodada con cámara en mano (dado que es uno de los propios personajes el que, se supone, lo graba todo), Trank ha querido eliminar la sensación de tambaleo o temblor que acompaña a este tipo de grabaciones e, inteligentemente, hace que el personaje utilice el poder telequinético para mantener la cámara estable todo el tiempo, eliminando así la sensación de mareo que se producía con películas rodadas de la misma manera (como El proyecto de la bruja de Blair), aunque sin llegar al extremo de Monstruoso y convertirlo en irreal.
La oscuridad y dureza de la trama está interpretada con demostrada soltura por los dos actores protagonistas (Dane DeHaan y Alex Russell), sus interpretaciones refuerzan un argumento que fluye naturalmente y, aunque deje algunos cabos sueltos, se precipita hacia el final de forma imparable, de manera que el espectador no se aburre aunque prevea el desenlace.
Los poderes no son más que una alegoría sobre el paso de la infancia a la madurez y las consecuencias, responsabilidades y obligaciones que ello conlleva (autoridad, poder, dinero…). Si en ese paso no se asimilan unas normas básicas de conducta y civismo, el individuo dejará de tener el control sobre su propio cuerpo y acabará en una espiral de autodestrucción que salpicará a todos los que lo rodean y Trank transmite esa idea magistralmente en el guión.
Chronicle ha conseguido con menos presupuesto lo que en su momento no consiguió Push: conseguir una versión y visión realista de unos jóvenes con poderes superiores a los de un humano corriente, por la veracidad de su planteamiento y de sus situaciones (seguro que a muchos espectadores les hubiera gustado “partirle la cara” al matón del colegio).
Puede que Chronicle no tenga unos desorbitados efectos especiales (ni los necesita, los que tiene están muy bien utilizados y aprovechados), ni grandes estrellas, pero representa perfectamente el rumbo de las nuevas producciones y encumbra a su director como uno de los más prometedores de una nueva generación.

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