SITGES 2011: ‘Lobos de Arga’, espiritu ochentero

Las críticas de Agustín Olivares: Lobos de Arga
Mucho cuidado con el turismo rural.
En 1910, en Arga, un pequeño pueblo gallego, una terrible maldición cae sobre la malvada marquesa de Mariño: su hijo se convierte en un hombre lobo al cumplir diez años. Cien años después, Tomás, un escritor fracasado, regresa al pueblo convencido de que van a nombrarle hijo adoptivo de la localidad.

Lobos de Arga es la respuesta patria, un tanto tardía, al cine cómico-terrorífico que triunfó en los años ochenta. Películas como House, Evil Dead o Noche de miedo te vienen a la cabeza a medida que avanza el film. Por lo tanto, nos encontramos con un producto muy divertido, con muchos toques terroríficos, que harán las delicias de aquellos que disfrutaron con las películas antes mencionadas.

Lobos de Arga ha sido dirigida por Juan Martínez Moreno, el cual hace su primera incursión en el cine fantástico. Su carácter afable pero pícaro se plasma en el conjunto global del film, el cual tiene la gran virtud de no tomarse en serio a sí misma, de modo que el espectador la disfruta sin sufrir la molesta sensación de estar siendo víctima de una tomadura de pelo.

El trío protagonista, formado por Secun de la Rosa, Gorka Otxoa y Carlos Areces, son los máximos desencadenantes de la carcajada, aunque otros actores secundarios como Luis Zahera (Celda 211) también tienen sus momentos desternillantes.

En general, el equipo artístico cumple con creces. Se nota que hubo química durante el rodaje, y eso se plasma en la interpretación.

La fotografía, sin ser virtuosa, consigue dar la atmósfera terrorífica que el producto requiere. Las escenas más oscuras permiten vislumbrar lo justo y necesario, mientras que las escenas más luminosas mantienen el ambiente norteño a la perfección.

No obstante, una vez más, el apartado más reseñable son los efectos especiales. Llama la atención la escasa utilización de efectos digitales, siendo tanto las criaturas como las coreografías, ejecutadas por personas reales. En este sentido, el trabajo de los especialistas es impecable, y la magia del montaje hace que nos creamos que los lobos realicen esos movimientos imposibles.

Como punto negativo, quizá las criaturas podrían haber gozado de un acabado más realista, aunque sus movimientos faciales son realmente espectaculares.

En definitiva, Lobos de Arga es una película muy divertida, con sus sustos y su humor negro, que encandilará a aquellos que disfrutaron con el cine ochentero por antonomasia.

Epílogo: Nos encontramos con Secun de la Rosa por los inframundos de Sitges, y os dedicó unas palabras:

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