‘Los tres Mosqueteros 3D’: Decepcionante espectáculo

Las críticas de Agustín Olivares: Los tres mosqueteros

Por un capricho del destino, Athos, Porthos y Aramis conocen a D’Artagnan. Juntos, se ven obligados a luchar para evitar que el complot que se está gestando en la corte francesa llegue a buen puerto.
Si la memoria no me falla, han pasado 11 años desde la última incursión de D’Artagnan y los suyos en la gran pantalla (aquella descafeinada El Mosquetero, dirigida por un poco inspirado Peter Hyams). Desde entonces, ha habido tiempo de sobra para que el público se desquitara de los personajes creados por Alejandro Dumas, teniendo la oportunidad de crear expectación sobre nuevos proyectos al respecto.

Paul W.S. Anderson lo consiguió conmigo tras ver el tráiler de Los tres mosqueteros. Una estética colorista, un elenco de actores convincentes y, sobretodo, un ambiente steampunk muy atractivo, fueron los elementos que me cautivaron. Además, estaba el aliciente del 3D. Ninguna de las películas que he visto en este formato me ha convencido, con la única excepción de Resident Evil: Ultratumba. Ésta me pareció espectacular, y esperaba repetir la experiencia con Los Tres Mosqueteros. Así pues, tras morder el anzuelo, me dirigí al cine para dejarme llevar a un mundo de espadachines, fantasía y tres dimensiones.

Tras casi dos horas de película, salí del cine con una sensación un tanto desagradable. Pese a contar con estrellas como Orlando Bloom, Christoph Waltz o Milla Jovovich, la impresión global es que los actores no se han tomado en serio a sus personajes. El histrionismo y la exageración son una constante en sus interpretaciones, a lo cual debemos sumar una dirección que pretende incluir elementos cómicos que no cuajan y un montaje que, pretendiendo dar espacio a las bromas, solo consigue provocar vergüenza ajena. En este sentido, cabe destacar el personaje del Rey Luis XIII interpretado por Freddie Fox. Cada una de sus apariciones me provocó un estallido de vergüenza ajena que no había sentido desde Condermor II, y unas ansias destructivas que solo podía reprimir apretando el puño.
La música compuesta por Paul Haslinger, sin ser mala, resulta un tanto agobiante. Esta sensación es provocada, en gran medida, por la insistencia del director de meter música a unos niveles exasperantes en la gran mayoría de planos. A veces menos es más, y un poco de silencio en ciertas escenas se agradecerían.
En cuanto al nivel de violencia, sorprende la falta absoluta de sangre en pantalla. Las ansias de dinero provocan que muchas de las películas que se estrenan sufran un recorte considerable en cuanto a violencia se refiere, y en Los tres mosqueteros se nota muchísimo. No es posible que en mitad de una lucha, con decenas de espadachines cortando y clavando, no se vea nada de sangre. Da la sensación de estar viendo una película para niños, y se nota que Anderson ha tenido que cortarse muchísimo a la hora de rodar estas escenas. Cuando vi la primera lucha, me vino a la mente de inmediato Ga’Hoole, puesto que en ambas hay un nivel de violencia implícita que clama por salir. En el caso de Ga’Hoole es comprensible que la violencia fuese menor, ya que se trataba de un producto para niños, pero en el film que nos ocupa es un punto difícilmente perdonable.
No obstante, Los Tres Mosqueteros también tiene cosas positivas. El ritmo narrativo es trepidante, los efectos especiales y digitales están, en general, muy bien resueltos, y el diseño de producción es espectacular. Además, sin llegar al nivel de Resident Evil: Ultratumba, el 3D está bastante logrado.
En definitiva, Los Tres Mosqueteros es una película entretenida, pero ofrece mucho menos de lo que se podía esperar del equipo que está detrás. Soy muy consciente del curriculum de Paul W.S. Anderson, pero veo en él un potencial que todavía no ha sabido explotar. Creo que en este tipo de productos tan cometidos no se encuentra tan a gusto como con otros más viscerales, y eso se nota en el conjunto global del film.

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