56 SEMINCI. Sección Oficial: ‘Medianeras’, una reflexión de las relaciones actuales

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Medianeras

El director argentino Gustavo Taretto debuta en la dirección con la comedia romántica Medianeras, tras haber trabajado como creativo publicitario en una agencia, con multitud de premios en festivales de todo el mundo, incluido un León de Oro en 2002. Su paso de la creatividad al cortometraje ha sido muy productivo, pues ha cosechado más de 40 premios internacionales con algunos de sus cortos, y su cuarto cortometraje, Hoy no estoy, fue distinguido con el Leopardo del Mañana al mejor cortometraje en el Festival de Locarno.
Medianeras es la suma de toda esa experiencia, donde apreciamos en la totalidad de la película un aire a videoclip, con imagenes reales mezcladas en ocasiones con animación, con escenas más típicas de un clip musical o un corto que de un largometraje, pero que dotan a la película de un dinamismo y una frescura que permite augurar un futuro prometedor a este director.

La película nos presenta a Martín, quien sufre una fobia patológica de la que se está recuperando. Poco a poco va abandonando el aislamiento de su minúsculo apartamento y de la realidad virtual en la que vive absorto: trabaja como diseñador de páginas web. Mariana acaba de romper una larga relación. Mentalmente está hecha un lío, lo mismo que el piso donde se refugia. Martín y Mariana viven en la misma calle, en aceras opuestas, pero no se conocen. Recorren los mismos lugares, pero no se han visto nunca. ¿Cómo van a conocerse en una ciudad de tres millones de habitantes? La soledad urbana. Buenos Aires. Medianeras. Lo que los separa es lo mismo que los une… es en sí el relato de la ciudad que se interpone entre ambos, una ciudad que los une y los separa a la vez.
Dentro del género de comedia romántica solemos estar acostumbrados a ver muchas que tan sólo buscan sacarnos una sonrisa y amenizarnos la velada cinematográfica, pero que no consiguen que nos identifiquemos con ninguno de los personajes… y éste no es el caso, pues, dentro de lo que cabe, tanto Martín, interpretado por Javier Drolas, como Mariana, a quien da vida Pilar López de Ayala, son capaces de trasmitir la soledad que se siente en una gran urbe, en la que todo está digitalizado y virtualizado, y las relaciones cada vez tienen más importancia por la red y menos en la realidad.
Medianeras es una clara crítica de la vida de la sociedad de Buenos Aires, y de muchas otras grandes metrópolis en las que las comunicaciones y la tecnología no congenian con el caos que invade nuestra vida, pues por sencillos percances como un apagón nos vemos aislados de nuestra “nueva realidad”. Si esta crítica la aderezamos con escenas minimalistas a la vez que muy bellas, tenemos esta historia de gran ritmo, mucho trasfondo, y una historia interesante, urbana, joven, inspirada, divertida y encantadora.
La película nos deja perlas que nos darán que pensar, como cuando Martin dice: “¿Hay algo más triste en el siglo XXI que no tener ningún correo electrónico en la bandeja de entrada?”. Y es que eso es lo importante de esta película, esa crítica de la era virtual en el que vivimos. Aunque también quiere dejar claro que el aislamiento de los protagonistas parece ser mucho más un resultado de la degeneración de las relaciones sociales en esta era frenética que no sólo motivado como consecuencia de un fenómeno tecnológico de la época, pues la soledad intrínseca existía antes que los ordenadores.
Otras preguntas que nos deja para la posteridad son: “¿Cómo hacer para encontrar a aquella persona en medio de la vorágine, del caos que es nuestra querida Buenos Aires?”, y “¿Cómo encontrar a Wally entre la multitud?”, siendo metáforas de nuestra vida actual, que introducidas en esta película de narrativa ingeniosa y guión perfeccionista, llevado a su máxima expresión por los monólogos de los protagonistas, quienes reflexionan sobre la vida y lo que les lleva a encontrarse en su situación actual, logra crear una película, una obra, que permitirá a su director tener las puertas abiertas en el mundo del séptimo arte.
Gustavo Taretto no pretende ocultar su admiración por Woody Allen, y se permite mostrar como los argentinos son, al menos, primos hermanos de los personajes del director neoyorquino. Una película que deja buen sabor, demostrando el buen momento por el que pasa el cine argentino, y se muestra como una biografía de todos los habitantes de las grandes urbes, acostumbrados a vivir amores y desamores.

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