‘Primos’: Daniel Sánchez Arévalo devuelve la esperanza al humor español

Las críticas de David P. “Davicine”: Primos

Primos nos permite ver algo de luz al final del camino a todos aquellos que pensamos que las películas de humor realizadas en España suelen ser algo zafias u orientadas a los adolescentes, donde la escatología, el sexo y los actores de moda son el principal reclamo para atraer al público. Su director, Daniel Sánchez Arévalo, tras la gran película Azul oscuro casi negro, nos sorprendió con la comedia Gordos, y ahora confirma su saber hacer con esta nueva comedia con la que nos demuestra el talento que tiene a sus espaldas, que va mostrando película tras película, y que es más que suficiente para ofrecer cine de calidad dentro del género de la comedia, provocando sonrisas sin recurrir a los chistes manidos.

Estamos ante la película menos compleja del director, con la idea de acercarse al público perdido en este género, cansado de lo mismo, con un repertorio de personajes muy bien definidos, repletos de detalles, y que se acercan, y mucho, a las personas de nuestro entorno, e incluso a nosotros mismos, motivo por el que puede que nos atraiga, al vivir situaciones que podrían sucedernos.
Esta película arranca de una forma impecable, con un monólogo a la altura de los mejores monologuistas, donde, con tan sólo ver el rostro de Quim Gutiérrez podemos sentir todas sus emociones, trasmitiendo hasta las mínimas dudas de su personaje, pasando de la sonrisa al llanto sin contrastes ni fisuras. Y así será toda la película, una película que ofrece una gran dirección soportada por un gran guión, todo perfectamente hilado, y sin bajar el ritmo en la totalidad de la misma, con frescura en cada escena, y humor sin demasiados altibajos, como su trama, perfectamente sólida y consistente.
Lo que está claro es que, para tener un buen guión, debes tener personajes a la altura de dicha historia, y todos ellos encajan a la perfección como un puzzle de 50 piezas, sencillo pero perfecto. Conocemos a José Miguel, el primo miedoso apegado a su novia y sus medicamentos; a Julián, el primo echado para adelante, el juergas de turno pero de gran corazón que se marca metas para ayudar a la gente que quiere, aunque los medios que emplee no sean lo más adecuados; a Bachi, un borrachin que un día fue el dueño del videoclub del pueblo, padre de una jovencita supuestamente prostituta; y por supuesto a Diego, sobre el que recae todo el peso de la película, a quien su novie le deja plantado en el altar y decide intentar tomar las riendas de su destino, un destino escrito, pero destino al fin y al cabo. Todos ellos aportan su esencia y toque a la película, todos tienen historias personales que conocemos y se complementan unas con otras, estando perfectamente definidas a pesar de ser, en algunos casos, meros secundarios… y esto es lo que realmente aporta a la película un ritmo increíble, pues todos ellos nos aportan algo y llenan la pantalla en cada secuencia
Ahora bien, estos personajes viven escenas inolvidables, bien descritas por guión, e interpretadas a la perfección por los actores protagonistas. Desde el primer momento, con el monólogo de Diego en la Iglesia donde ha sido plantado, vivimos situaciones que recordaremos con cariño, por ser tan entrañables como divertidas, por recordarnos momentos de nuestro pasado y por hacernos vivir experiencias inolvidables, como ver a dos personas, un adulto y un niño, cogiéndose de la mano con la única intención de coger las fuerzas suficientes para subirse a una atracción de feria, algo aparentemente sencillo pero inolvidable.
Y es que esos personajes, en esas situaciones, nos convencen por los actores, quienes pueden perfectamente optar a un Goya, desde el protagonista hasta el último secundario de lujo, en especial Raúl Arévalo, que hace cada vez más meritos para llevarse la codiciada estatuilla del cabezón, y que ha sabido cambiar perfectamente de registro en esta película de Arévalo tras la anterior colaboración con el director, en Gordos. Pero no podemos destacar a ninguno sobre otro, pues incluso Clara Lago nos sorprende, como lo hace Antonio de la Torre y el protagonista absoluto, Quim Gutiérrez, que nos deja boquiabiertos por su facilidad de pasar de la comedia al drama de una secuencia a otra. Gracias a todos ellos se consigue tener una subtrama, que sin hacer sombra a la principal, la complementa perfectamente y enriquece a la misma.
Y otro actor/personaje más, que no aparece acreditado de la misma forma, es el paisaje que nos ofrece Cantabria, donde se desarrolla la trama de Primos, que nos aporta ese toque natural y bello, a la par que familiar y acogedor, aunque también podríamos pensar que Sánchez-Arévalo hace con Comillas lo que Woody Allen hizo con Barcelona en Vicky Cristina Barcelona, es decir, un recorrido turístico por la misma, pero no es así, el director español sabe emplear la ciudad como una herramienta más, y no una excusa para mostrar el pueblo.
Primos arranca con la intención de entretenerlos, pero logra, gracias a su impecable guión, hacernos vivir con humor temas muy intimos como las relaciones personales, el amor, la amistad, la soledad, la tristeza, …alejándose de la comedia típica española, y logrando solventar con creces el reto al que se enfrentaba, que era tan difícil como mostrar algo de esperanza a este género dentro de la producción española.

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2 comentarios sobre “‘Primos’: Daniel Sánchez Arévalo devuelve la esperanza al humor español

  • el 5 marzo, 2011 a las 10:13 am
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    Enorme película, de las más divertidas que he visto ultimamente.
    La verdad que merece mucho la pena verla.
    Buena entrada.
    Un saludo!

    Respuesta
  • el 5 marzo, 2011 a las 11:11 am
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    Gracias por tu comentario. Da gusto saber su somos más los que creemos que es una gran película, y no la típica comedia española.

    un saludo!!!

    Respuesta

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