‘Piraña 3D’: Bizarrismo y chicas desnudas en 3D

Las críticas de Óscar M.: Piraña 3D

Un grupo de universitarios que celebran la fiesta de la primavera y un director de cine porno suave (Jerry O’Connell) serán la nueva carnaza para cientos de miles de pirañas ancestrales hambrientas en el lago de un pueblo de Arizona, donde su sheriff (Elisabeth Shue) tiene mucho trabajo por delante si quiere que sobrevivan.
Siete meses después de su estreno estadounidense, después de estrenarse prácticamente en todo el mundo, y cuando casi le pisa los talones la secuela, llega a España Piraña 3D, la secuela-remake de la película Piraña, realizada por Joe Dante en 1978. El director Alexandre Aja, realizador de Reflejos o del remake de Las colinas tienen ojos, recupera el estilo de las historias clásicas de terror de los años 70 y 80, con jóvenes sedientos de alcohol, drogas y sexo y sin ninguna preocupación más que pasarlo bien.

Casi sin tiempo para situarse, el espectador se ve sumido dentro de una vorágine de pechos voluptuosos y abdominales definidos que harán olvidar las preocupaciones y bajas temperaturas del exterior de la sala de cine. El ambiente festivo y la diversión engullen al espectador ansioso de ver a la ingente cantidad de figurantes ser devorados por las desorbitadas masas de pirañas carnívoras.
El director rinde un claro homenaje a la saga y a las películas clásicas de hace treinta años del género de catástrofes, subgénero de animales devoradores de carne humana; para ello utiliza planos clásicos, como el punto de vista del monstruo acercándose a su despreocupada presa o la siempre efectiva escena del figurante aislado que es devorado mientras sus amigos no le prestan atención.
Además, los guionistas han sabido añadir a la estructura clásica de adolescentes en peligro elementos actuales para atraer nuevos espectadores a las salas (lleva recaudado unos 80 millones de dólares, cuando producirla “sólo” costó 24), los cuales harán las delicias del público más libidinoso: una gran cantidad de bustos siliconados, e, incluso, escenas lésbicas; sin duda, incluir un director de porno suave es un gran acierto para justificar la cantidad de carne mostrada.

Tanto Elisabeth Shue como Jerry O’Connell conocen en todo momento cuál es su papel en la película, ser meros secundarios ante unas pirañas que son las absolutas protagonistas del espectáculo, aunque no por ello sus personajes están mal interpretados, ya que añaden una calidad interpretativa a la película en consonancia a sus destacadas trayectorias profesionales.

Por su parte, Richard Dreyfuss hace la aparición estelar de la película y realiza un doble homenaje: a Tiburón (película en la que participó) y a la saga Scream (tanto ésta como Piraña 3D son de la misma productora); y no hay que olvidar a Christopher Lloyd, cuya auto-parodia del científico de la trilogía de Regreso al futuro ofrece momentos cómicos realmente desternillantes.

Los muy desarrollados efectos especiales dejarán al espectador sorprendido ante la calidad de los mismos, mostrando escenas absolutamente delirantes, así como excesivamente sangrientas, bizarras y “gores”, siendo dignas de la mejor superproducción, y no han escatimando a la hora de enseñar primeros y realistas planos tanto de las hambrientas pirañas como de los despojos humanos que dejan a su paso.

Sin embargo, el 3D es excesivamente oscuro en las escenas subacuáticas, siendo éstas confusas, borrosas y desconcertantes. Es muy probable que haya sido provocado por la conversión de las dos a las tres dimensiones a pesar de que la película originalmente fue concebida en 3D.

Piraña 3D cumple perfectamente su cometido como película de evasión para el demandante público de carne a raudales (tanto en sentido literal como figurado) y de desmembramientos humanos a base de animales carnívoros y sanguinarios. El cine bizarro (que fue conocido como “de bajo coste”), pero con los adelantos actuales, está de vuelta para quedarse.

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