‘Secuestrados’: El terror en casa.

Las críticas de Óscar M.: Secuestrados

Una pareja acomodada (Fernando Cayo y Ana Wagener) con una hija adolescente (Manuela Vellés) se mudan a una casa en las afueras. La misma noche de la mudanza tres asaltantes irrumpen en el domicilio violentamente y los secuestran mientras desvalijan la casa.
La segunda película del director de Reflejos, Miguel Ángel Vivas, trata sobre el terror diario con el que viven miles de familias de los barrios residenciales de los extrarradios más acomodados económicamente: los secuestros domiciliarios.

Las primeras dos secuencias arrastran al espectador a la casa donde sucederán los hechos. Un lugar laberíntico y caótico, por la mudanza, que tiene su parte tétrica: el domicilio es tan grande, con tantos pasillos y habitaciones (y dos plantas) que descoloca al espectador y no permite que se habitúe al escenario, consiguiendo que el espectador siempre ignore qué se esconde tras la siguiente puerta o habitación.

Intencionadamente la película está rodada en 12 planos secuencia, que absorben al espectador y lo atrapan dentro del horror que supone sufrir un secuestro dentro del propio domicilio. El director consigue “secuestrar” a los espectadores dentro del cine, tal y como los protagonistas son secuestrados en su casa, en un lugar habitual y seguro. 
La película fue rodada en sólo 12 días, pero los actores se prepararon mucho antes: Los tres protagonistas convivieron juntos durante los ensayos para formar una auténtica familia y transmitir al espectador la verosimilitud y cotidianidad necesarias para implicarle tanto en la trama como emocionalmente; para ello se usó la cámara en mano y el rodaje continuo, intentando eliminar la irrealidad que transmite el montaje al espectador.

No hay que buscar mucho para encontrar referencias cinéfilas (ya desde el propio cartel de la película, que recuerda excesivamente a [REC], se intuyen). Además de la citada [REC] son evidente los guiños a La habitación del pánico, Los extraños, Funny games, Atrapada… pero a la hora de las comparaciones Secuestrados sale ganando, como en un ejercicio de metalenguaje, y usa esas referencias como trampas para relajar al espectador, ofreciéndole situaciones y escenas típicas y previsibles sólo para sorprenderle e incomodarle en su butaca más adelante.

La verosimilitud del argumento es evidente: la violencia forma parte de nuestras vidas y la vemos diariamente en la calle o en la televisión, estamos tan habituados a ver sangre y vísceras que poco nos sorprende. Y el cine ayuda a esa relativización de la violencia con las sagas cinematográficas en las que siempre debe haber más violencia, más gore y las escenas deben ser cada vez más retorcidas y desagradables. Secuestrados es violenta (brutal en algunas escenas, incluso), dura, e impactante pero es cruda, real, desasosegante y nerviosa y no dejará indiferente al espectador.

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